Archivo de la categoría: Evaristo Olcina Jiménez

De banderas e imposiciones (2010)

Diario de Noticias (Navarra)

19/08/2010

Evarist Olcina y Patxi Ventura

Cada vez que contemplo la obra de Sorolla Tipos del Concejo del Roncal me produce una sensación de doble asombro, una por la obra en sí, y otra por la presencia de auténticos magistrados del pueblo, los seis o siete navarros que aparecen, que con sus trajes negros y sus cuellos blancos, me hacen permanecer absorto en su admiración. Pero aún hay algo más: la soberana majestad del alcalde mayor y el abanderado que enarbola el pendón del concejo, un estandarte con la cruz de San Andrés a los cuatro ángulos sobre formas geométricas de diversos colores al modo de tantas otras de Euskal Herria.

Es la bandera, la verdadera y única bandera -una más de la de entre tantos concejos y valles vascos- de un pueblo que se manifiesta como entidad soberana, un símbolo único creado por él y venerado de generación en generación. Una enseña, entre otras muchas, con las que los euskaldunes todos se alzaron en 1833 en defensa de sus libertades en una guerra que ya casi nadie discute que fue una auténtica sublevación para preservar la soberanía vasca amenazada mediante la imposición del unitarismo constitucional español. Sigue leyendo

También fuimos los primeros (2005)

Artículo publicado en el nº 24 de la revista El Federal del Partido Carlista.

2005 El Federal n24 Julio También fuimos los primeros

Cuando en 1975 murió Franco la gente de este país estaba como aterida, sus músculos relejaban la contención de la falta de libertad, sus labios aún no se atrevían a conectarse con el cerebro para decir la verdad, gritar y reír despreocupadamente; la inmensa mayoría seguía moviéndose meses después como en el día que se anunció el fin del dictador, con la mecánica del asustado siervo.

Sólo unos pocos continuábamos nuestra lucha, en la clandestinidad oficial,  y así estuvimos hasta al menos un año o-nosotros los carlistas- hasta 1977 cuando algunos a los que ahora santifican y enaltecen los lacayos del “siempre bien situados”, cometieron la villanía, con la tradicional bajeza de los miserables, de no legalizarnos, mientras atentaban a los asesinos del Montejurra 76, o se ametrallaba a los obreros de Vitoria. Sigue leyendo

«El carlismo y las autonomías regionales» de Evaristo Olcina (1974)

ABC

24/10/1974

José María Ruiz Gallardón

Un interesante estudio sobre el carlismo y las autonomías regionales. Y, quede dicho ya desde el principio, un estudio con el que discrepo en muchas de sus premisas y, por tanto, de sus conclusiones. La tesis de Oncina es ésta: el carlismo tiene su fundamento doctrinal y práctico en los fueros. No en otra cosa. Ni siquiera la institución monárquica, ni siquiera el comporte religioso, son fundamentales para el carlismo. Lo esencial, lo único explicatorio del movimiento carlista, es la defensa de sus fueros o de sus autonomías regionales. Digámoslo con las propias palabras del autor. Son terminantes: «El carlismo sería el revulsivo primero, máximo y continuado para despertar un paralelo sentimiento regionalista que alcanzaría las cotas del pleno autonomismo federalista y –ya en extremismos decepcionados ante las sucesivas estafas sufridas del Poder central– del separatismo periférico.» Más todavía: «al llegar al Poder, para el carlismo nunca se ha estimado imprescindible el mantenimiento del régimen monárquico, sometiéndose a la voluntad popular en cuanto a la forma de régimen». Y para terminar esta panorámica y hablando de la llamada «guerra dels martiners», una de las escasas etapas de autenticidad del carlismo para el autor, escribe: «lo religioso no aparece por parte alguna como elemento determinante». Sigue leyendo

«El Carlismo y las autonomías regionales» (1974)

Fragmentos del libro «El Carlismo y las autonomías regionales» (1974), de Evaristo Olcina Jiménez.

«REY Y FUEROS» (pp. 16-19)

Algunos sostienen -no está demostrado- que el primer grito carlista fue el de «rey y fueros». Frase que no se sabe si será cierta, pero, al menos, e ben trovata. Nos explicaremos. Ya hemos dicho al principio que el pueblo vivía marginado de cualquier inquietud o información política al iniciarse la crisis abierta por la invasión napoleónica; los antiguos mitos pervivían en una continuidad multisecular, que podemos remontar sin exageración a la Edad Media, en la que el rey era el supremo árbitro al que en apelación acudía el pueblo para defender sus intereses atropellados por el poder feudal. El monarca era el padre protector, figura que quedó definitivamente mitificada en los siglos XVI y XVII por la literatura de fondo puramente político y hasta por la teología, que sería cuidadosamente mantenida por el absolutismo borbónico y que incluso podremos ver reflejada en documentos muy posteriores -hasta Carlos VII- de los titulares carlistas. Sigue leyendo

Prólogo de Josep Benet a «El Carlismo y las autonomías regionales» (1974)

Prólogo al libro «El Carlismo y las autonomías regionales» (1974), de Evaristo Olcina Jiménez.

El escritor y político republicano catalán, Pere Coromines, que en su juventud fue uno de los acusados en el Proceso de Montjuich, en una conferencia dada en el Ateneo de Barcelona en 1927, se lamentaba de que los estudios sobre la historia del carlismo fueran tan poco cultivados. Y hacia observar que los que hasta aquel momento se habían publicado eran, por lo general, de signo parcial, ya que pretendían defender, unos, la idea y actuación liberal, y otros, la carlista. Eran, por así decirlo, escritos de combate. Ante esta situación, Pere Coromines pedía que se renovaran los estudios sobre las guerras carlistas –«cal renovar els estudis carlins», escribía- y que se entrara en una etapa de objetividad.  Sigue leyendo

Carlismo/Catalanismo (2018)

Diario de Noticias (Navarra)

22/01/2018

Evarist Olcina

En ocasión del procés y especialmente en los últimos meses ha sido argumento recurrente para explicar como se ha llegado a la situación reivindicativa actual el acudir a los “antecedentes carlistas” del nacionalismo especialmente entre los catalanes y, extensivamente, entre los vascos.

No es nueva la argumentación, como tampoco la controversia respecto a si el catalanismo vertebrado en el siglo XIX realmente tuvo en sus inicios convicción liberal. De esta segunda teoría dejemos que la expongan quienes –pocos- posiblemente aún la pretenden mantener. Aquí vamos a examinar la más extendida (en muchas ocasiones para predisponer a la condena del nacionalismo) respecto a la genética carlista del catalanismo. Sigue leyendo