Algunos datos sobre la familia Arraiza y la revista Montejurra

Los Arraiza, una de las familias carlistas más destacadas de la Navarra del siglo XX, estuvieron muy unidos tanto a la celebración de los anuales Montejurra como a la renovación del Partido Carlista durante el tardofranquismo.

De hecho la promotora del primer acto de Montejurra en 1939 sería Asunción Arraiza Jaurrieta, mientras que un primo suyo, el arquitecto Eugenio Arraiza Vilella (casado con Angeles Rodríguez-Monte Moreno) fue el impulsor en 1964 de la revista Montejurra.

Después del fallecimiento de Eugenio Arraiza, del que informaba el nº 38 de la publicación, correspondiente al mes de junio de 1968, sus hijos, los abogados José Fermín y Juan Pedro, se harían cargo de la revista. En la época de los tristemente famosos actos de Montejurra de 1976 y 1977, José Fermín sería uno de los abogados del Partido Carlista en el primer proceso judicial abierto por los asesinatos, cerrado por la Ley de Amnistía, mientras que Juan Pedro era el presidente de la Hermandad del Vía Crucis de Montejurra, creada en 1956.

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Nuestra Bandera: El Manifiesto Jaimista (1930)

«Nuestra Bandera: El Manifiesto Jaimista». El Cruzado Español. 30 de mayo de 1930.

Con motivo de la publicación del Manifiesto, el autor de este artículo aprovecha para llamar la atención sobre algunas corrientes radicales que percibe dentro de la juventud jaimista.

“Convenía esa satisfacción, porqué quizá habría algún germen de impaciencia rayano en la indisciplina entre nuestras juventudes, que, en su amor a la lucha, no reparan a veces en los perjuicios que pueden producir a nuestra santa Causa las desviaciones de conducta siempre lamentables. Sigue leyendo

Aquel día (2016)

Diario de Noticias (Navarra)

10/05/2016

Aingeru Epaltza

Aquel domingo de mayo se levantó gris y desapacible. Eso no impidió que cogiésemos el tren, nos apeáramos en Izurdiaga y encamináramos nuestros pasos al nublado Erga. No llegamos a la cima, ni tan siquiera a la ermita de la Trinidad. Bajamos a Irurtzun mojados y embarrados. Ahí, en el segundo o tercer piso de un edificio en construcción, hicimos botellón, aunque todavía nadie lo llamaba así. Cometimos todas las necedades imaginables en chavales de 16 años cuando pretenden impresionar a ejemplares de su misma especie pero de diferente sexo. Fumamos varios paquetes de Ducados. Bebimos una botella de litro de Taberna Hermanos, tal vez más. A veces me sorprendo de que continuemos vivos. Para cuando regresamos a Pamplona alguien nos había dicho ya que algo había ocurrido en Montejurra. Al día siguiente, el patio del colegio era un hervidero, donde corrían las más increíbles historias. Algunas, como la participación en los hechos de gente que conocíamos, resultaron verídicas. Otras eran pura fantasía alimentada por la desconfianza hacía una prensa todavía mediatizada por la censura. Algunos fuimos carlistas por unos días. Otros, en cambio, disculpaban y comprendían a los pistoleros, cuando no los apoyaban abiertamente. Recuerdo una bronca monumental en clase, todavía, de Formación del Espíritu Nacional. Con alguna gente dejamos de hablarnos, casi para siempre. De vez en cuando me cruzo con ellos por la calle. Demócratas de toda la vida. Todo eso fue hace 40 años, y ya me estoy recordando a mi padre, contando dónde estaba y qué hacía el 18 de julio de otras cuatro décadas antes, también él con 16 años. A veces pienso que todo eso ha quedado felizmente atrás. Otras, cuando oigo o leo opiniones de determinadas personas, recuerdo el ambiente desapacible y gris de aquel día. De aquellos días.

Nota oficiosa de la Junta Suprema Legitimista sobre la política de alianzas (1918)

Esta Nota de la cúpula directiva del Partido Jaimista, prohibiendo todo tipo de acuerdos con el nacionalismo vasco y catalán en 1918, proporciona una de las claves que explican el cisma mellista del año siguiente. Los mellistas, partidarios de esta Nota, terminarían escindidos y convertidos en un satélite de la derecha alfonsina y centralista. Los jaimistas en cambio reforzarían su política de alianzas con los nacionalismos periféricos.

Varios de nuestros correligionarios, entre ellos algún Jefe regional, se han dirigido a esta Junta Suprema pidiendo que, en vista de la situación creada por la retirada del Congreso de la mayoría de los representantes de Cataluña, se den instrucciones precisas que puedan servir de segura norma a los jaimistas en general y muy especialmente a los que se hallen investidos de alguna autorización. Sigue leyendo

Consulta a los electores de Estella de su Diputado a Cortes D. Joaquín María Muzquiz (1871)

“Hay que pensar sobre todo en que a la raza latina, eminentemente socialista, se le ha arrancado la idea de Dios; y hay que pensar, en fin, en el inmenso peligro que amenaza a la sociedad española el día en que las masas carlistas, que son socialistas, lleguen a perder toda esperanza de restauración”. Fuente (p. 65)

La CIA también se fijó en los carlistas

Monarquía Confidencial

13/02/2017

Entre los 12 millones de documentos que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos ha publicado en su web hay varios con referencias al carlismo durante el franquismo.

La evolución del régimen franquista y de los grupos opositores suscitaron la atención de los espías de la CIA en España, que enviaron a Estados Unidos memorandos y cables sobre distintos aspectos de la política nacional. Además de a los monárquicos seguidores de don Juan de Borbón, también perstaron atención a los carlistas. La CIA los incluyó como uno de los grupos monárquicos que coexistían en España: por ejemplo, explica que estos tradicionalistas tenían sobre todo influencia en Navarra. Menciona al Conde de Rodezno, dirigente carlista en esos años, y en un cable se explica que tras las reuniones de Franco con don Juan de Borbón en 1948, el dictador cortó la ayuda económica a Carlos Pío de Habsburgo-Lorena y Borbón, Carlos VIII para un sector disidente del carlismo (los “carloctavistas”). Al quedarse sin fondos económicos, algunos simpatizantes de este pretendiente carlista escribieron a don Juan de Borbón para ofrecerle sus servicios por la causa monárquica. Y añaden: este “Carlos VIII” nunca tuvo reales intenciones de reclamar la Corona de España, sino que fue utilizado por Franco contra el conde de Barcelona, que estaba en el exilio. Sigue leyendo