Archivo de la categoría: Territorio

Nuestra Bandera: El Manifiesto Jaimista (1930)

«Nuestra Bandera: El Manifiesto Jaimista». El Cruzado Español. 30 de mayo de 1930.

Con motivo de la publicación del Manifiesto, el autor de este artículo aprovecha para llamar la atención sobre algunas corrientes radicales que percibe dentro de la juventud jaimista.

“Convenía esa satisfacción, porqué quizá habría algún germen de impaciencia rayano en la indisciplina entre nuestras juventudes, que, en su amor a la lucha, no reparan a veces en los perjuicios que pueden producir a nuestra santa Causa las desviaciones de conducta siempre lamentables. Sigue leyendo

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Nota oficiosa de la Junta Suprema Legitimista sobre la política de alianzas (1918)

Esta Nota de la cúpula directiva del Partido Jaimista, prohibiendo todo tipo de acuerdos con el nacionalismo vasco y catalán en 1918, proporciona una de las claves que explican el cisma mellista del año siguiente. Los mellistas, partidarios de esta Nota, terminarían escindidos y convertidos en un satélite de la derecha alfonsina y centralista. Los jaimistas en cambio reforzarían su política de alianzas con los nacionalismos periféricos.

Varios de nuestros correligionarios, entre ellos algún Jefe regional, se han dirigido a esta Junta Suprema pidiendo que, en vista de la situación creada por la retirada del Congreso de la mayoría de los representantes de Cataluña, se den instrucciones precisas que puedan servir de segura norma a los jaimistas en general y muy especialmente a los que se hallen investidos de alguna autorización. Sigue leyendo

Consulta a los electores de Estella de su Diputado a Cortes D. Joaquín María Muzquiz (1871)

“Hay que pensar sobre todo en que a la raza latina, eminentemente socialista, se le ha arrancado la idea de Dios; y hay que pensar, en fin, en el inmenso peligro que amenaza a la sociedad española el día en que las masas carlistas, que son socialistas, lleguen a perder toda esperanza de restauración”. Fuente (p. 65)

La CIA también se fijó en los carlistas

Monarquía Confidencial

13/02/2017

Entre los 12 millones de documentos que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos ha publicado en su web hay varios con referencias al carlismo durante el franquismo.

La evolución del régimen franquista y de los grupos opositores suscitaron la atención de los espías de la CIA en España, que enviaron a Estados Unidos memorandos y cables sobre distintos aspectos de la política nacional. Además de a los monárquicos seguidores de don Juan de Borbón, también perstaron atención a los carlistas. La CIA los incluyó como uno de los grupos monárquicos que coexistían en España: por ejemplo, explica que estos tradicionalistas tenían sobre todo influencia en Navarra. Menciona al Conde de Rodezno, dirigente carlista en esos años, y en un cable se explica que tras las reuniones de Franco con don Juan de Borbón en 1948, el dictador cortó la ayuda económica a Carlos Pío de Habsburgo-Lorena y Borbón, Carlos VIII para un sector disidente del carlismo (los “carloctavistas”). Al quedarse sin fondos económicos, algunos simpatizantes de este pretendiente carlista escribieron a don Juan de Borbón para ofrecerle sus servicios por la causa monárquica. Y añaden: este “Carlos VIII” nunca tuvo reales intenciones de reclamar la Corona de España, sino que fue utilizado por Franco contra el conde de Barcelona, que estaba en el exilio. Sigue leyendo

Peralta y Dicastillo: del carlismo a la UGT (1931)

Emilio López “Beltza”, Del carlismo al nacionalismo burgués, Editorial Txertoa, San Sebastián, 1978, pp. 52-53.

No deja de ser ilustrativa, en esta óptica, la descripción que Manuel de Irujo nos hace de la evolución de los carlistas en Navarra (Instituciones jurídicas vascas, Buenos Aires, 1945, p. 125 y siguientes). Según este autor, los pueblos agrícolas afectados por la desamortización se dividieron en dos bandos irreconciliables, los “propietarios”, enriquecidos  durante el XIX y los “comuneros”, partidarios de la explotación comunal de las tierras: éstos eran carlistas y aquéllos liberales, al menos al principio. Al llegar la República en 1931, los carlistas de Peralta y Dicastillo exigieron la municipalización de la tierra; los dirigentes tradicionalistas locales, propietarios igualmente, (Se trata probablemente de descendientes de “neocarlistas” de 1868 o de caciques navarros que son liberales hasta que el reparto de tierras se consolida conforme a sus intereses y se hacen tradicionalistas, por contrarrevolucionarios, después) se opusieron a los “comuneros” y éstos, ni cortos ni perezosos reaccionaron haciéndose socialistas en masa. Quitar el rótulo “Círculo Carlista” y poner en su lugar el de la UGT se hizo rápidamente. El carácter de justicia de la actitud popular carlista del XIX se transforma así en reivindicación revolucionaria en el siglo XX. De modo más general cabría preguntarse por las relaciones entre este cambio de situación y la actual evolución autogestionaria del Partido Carlista, pero ese tema sale fuera de los límites de este libro.