Archivo de la categoría: Cataluña

Ha mort Josep Badia: Comunicat del Partit Carlí de Catalunya (2013)

18/06/2013

Des del Partit Carlí de Catalunya en Josep Badia i Torres fou un dels artífexs del socialisme autogestionari en l’etapa de la Transició Democràtica. Els que el varen coneixer i tractar a fons, en sabien de la seva vàlua. No tan sols com l’home polític que era, sinó des de la vessant cristiana d’home compromés. Destacà en la lluita antifranquista, fou membre actiu de l’Assemblea de Catalunya i de la Coordinadora de Forces Polítiques de Catalunya per defensar les llibertats dels pobles, entre aquests el de Catalunya. Fouempresonat per la policia franquista. Visqué en primera linea els atacs terroristes de l’extrema dreta al Montejurra 76. Tan els seus escrits com els seus discursos ens recorden la lluita per la justícia social i pels drets legítims dels pobles. Va rebre la Creu de la Legitimitat Proscripta l’any 2006 a Barcelona. Va ser Secretari Genaral del Partit Carlí de Catalunta entre els anys 1973 i 1980. Descansi en pau.
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“El laberinto español. Antecedentes sociales y políticos de la guerra civil” (1943) (1962)

Obra de Gerald Brenan, publicada originalmente en 1943 y posteriormente en castellano en 1962, todo un “clásico” de la Historia social, cuyo protagonista es el anarquismo rural, al cual comparaba frecuentemente con el carlismo foralista, pues considera que ambos movimientos expresan desde ópticas diferentes el verdadero ser histórico del pueblo español, en oposición a los partidos estatalistas triunfantes en la Guerra Civil española, tanto el PCE como Falange.

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¿Cuál ha sido su contribución a las ideas sociales y políticas? Hay que confesar aquí que, si buscamos la respuesta en los libros, no encontraremos nada muy concreto.Y sin embargo, yo creo que, bajo la insensatez y el frenesí de la política española, hay una actitud firme. Fijémonos, por ejemplo, en dos productos típicos del país: el anarquismo y el carlismo. Como sistemas políticos, no es posible considerar seriamente a ninguno de ellos: uno trata de realizar un sueño del futuro remoto, otro de resucitar un pasado idealizado. Pero, como críticas de la sociedad, ambos canalizan un sentimiento profundamente arraigado entre los españoles. Pudiera describirse este sentimiento como un odio a las farsas políticas, un ansia de una vida social más rica y más profunda, una aceptación de un bajo nivel de vida material y una creencia de que el ideal de la dignidad y de la fraternidad humanas nunca podrá alcanzarse por medios políticos solamente, sino que hay que buscarlo en una reforma moral (obligatoria, claro está) de la sociedad. Esto es lo que pudiera llamarse la actitud española característica. Contrariamente a la doctrina liberal, que separa la Iglesia del Estado y la sociedad del gobierno, apunta a una integración de la vida política con la vida social. Mas esto no es totalitarismo. Lejos de afirmar la supremacía moral del Estado, sustenta el punto de vista cristiano de que todo ser humano, cualquiera que sea su capacidad e inteligencia, es un fin en sí mismo, y de que el Estado existe únicamente para servir esos fines. Y todavía hay más. La larga y amarga experiencia que los españoles tienen del funcionamiento de la burocracia les ha llevado a subrayar la superioridad de la sociedad sobre el gobierno, de la costumbre sobre la ley, del juicio de los vecinos sobre las formas legales de la justicia, y a insistir en la necesidad de una fe o ideología interiores, único medio de que los hombres actúen como deben, en armonía mutua, sin necesidad de forzarles a ello. (p. 22)

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Nota oficiosa de la Junta Suprema Legitimista sobre la política de alianzas (1918)

Esta Nota de la cúpula directiva del Partido Jaimista, prohibiendo todo tipo de acuerdos con el nacionalismo vasco y catalán en 1918, proporciona una de las claves que explican el cisma mellista del año siguiente. Los mellistas, partidarios de esta Nota, terminarían escindidos y convertidos en un satélite de la derecha alfonsina y centralista. Los jaimistas en cambio reforzarían su política de alianzas con los nacionalismos periféricos.

Varios de nuestros correligionarios, entre ellos algún Jefe regional, se han dirigido a esta Junta Suprema pidiendo que, en vista de la situación creada por la retirada del Congreso de la mayoría de los representantes de Cataluña, se den instrucciones precisas que puedan servir de segura norma a los jaimistas en general y muy especialmente a los que se hallen investidos de alguna autorización. Sigue leyendo

Guimerá: cuando la Legión Extranjera Francesa aplastó a los carlistas en Cataluña

ABC

14/07/2017

Manuel P. Villatoro

En septiembre de 1835 esta unidad participó en su primera gran batalla en tierras españolas: el asedio de un castillo en Lérida

Proscritos y delincuentes, pero también valerosos héroes. Los soldados de la Legión Extranjera Francesa han pasado a la historia por sus actuaciones en México o Vietnam. Pero antes de ganarse a sangre y fuego sus galones fuera de Europa, los integrantes de este cuerpo combatieron también en España contra los boinas rojas de Carlos María Isidro. Hijos huérfanos de «la France» (la unidad fue instaurada después de que se prohibiera a aquellos que no fueran galos permanecer en el ejército nacional) en la Península demostraron su valía durante la Primera Guerra Carlista bajo la denominación oficial de Legión Auxiliar Francesa. Su bautismo de fuego más reconocido se sucedió en el castillo de Guimerá (en 1835) donde, además de su resolución, demostraron su crueldad fusilando (según varios historiadores) a una treintena de enemigos. Sigue leyendo

Las elecciones de 1920 y los nuevos partidos alfonsinos

Melchor Ferrer, Historia del Tradicionalismo Español. Tomo XXIX, Editorial Católica Española, Sevilla, 1960, pp. 139-140.

Hemos de señalar la presencia de dos partidos nuevos: la Unión Monárquica Nacional, muy especialmente en Cataluña, y la Liga Monárquica, en Vascongadas. Ambas organizaciones dinásticas, pretendían ser antídoto contra los nacionalismos radicales de vascongados y catalanes, y se presentaban como partidos españolistas. Dejando aparte la honorabilidad de las personas que los componían, hemos de decir que políticamente eran unos indeseables. Se cobijaban en aquellos partidos los restos de los caciquismos alfonsinos, y eran tan poco dotados de visión política que no sabían distinguir lo que era el nacionalismo tendente a la separación del regionalismo que no era más que descentralización.