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‘Jergón’ y ‘El Cojo de Cirauqui’

Diario de Noticias

11/06/2005

EN este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira”, dice un refrán popular, y nada hay más cierto. Como muestra, el caso de dos guerrilleros, dos líderes de partidas (grupos armados que no dependían del ejército y que aplicaban la táctica de guerra de guerrillas) que en la Tercera Guerra Carlista (1872-1876) abanderaron diferentes posicionamientos. Por un lado se encontraba el tudelano carlista Ezequiel Llorente, Jergón ; por otro, el liberal (defensor de Amadeo I de Saboya primero, de la República después y, por último, de Alfonso XII) Tirso Lacalle, El Cojo de Cirauqui , ya que había nacido en esta población. Aunque realizaron sus incursiones fuera de la Ribera (y más cerca de Tierra Estella), los dos estuvieron muy relacionados con esta zona ya que si uno nació en Tudela, otro pasó sus últimos días en Valtierra, donde permanece enterrado y donde engendró dos hijos. Sigue leyendo

El Abrazo de Maroto

Últimamente están apareciendo algunos escritos justificando la actuación de Maroto, queriendo hacerle  “bueno”; todos intentamos justificar nuestros actos; él también lo intentó, pero no le valió, y para la posteridad quedó el dicho: “más traidor que Maroto”.

Hubiese sido necesario algo más que un abrazo con su, al fin y al cabo, “compañero de armas” Espartero, al servicio de la causa liberal (lo primero, el dinero; la ley de la selva), para que tal denominación no le cuadrase bien. Sigue leyendo

“No se cumple, con menoscabo de nuestros Fueros, ninguna orden ni decreto de ninguna autoridad, ni del Rey ni del Papa”

Román Oyarzun, Historia del Carlismo, 1939, p. 595.

Como muestra del celo y energía con que defendían las prerrogativas y derechos forales, copiamos a continuación parte de una comunicación que la Diputación carlista de Álava dirigió al Comandante militar de D. Carlos en dicha provincia, D. Rafael Álvarez. Decía así: «Que en esta tierra, señor, no se cumple, con menoscabo de nuestros Fueros, ninguna orden ni decreto de ninguna autoridad, ni del Rey ni del Papa, más que en materia de dogmas».