Archivo de la categoría: 1833 Guerras Carlistas

Zumalakarregi y la independencia vasca (2019)

Gara

11/01/2019

Jose Mari Esparza Zabalegi

El documento hallado por Mikel Sorauren, según el cual Zumalakarregi tenía intención de convocar a los Estados de Navarra para proclamar la República Federal en las cuatro provincias, es de tal importancia histórica que no es de extrañar que algunos se hayan incomodado. Siempre es molesto que a uno le zarandeen su andamiaje ideológico. Pero los datos son contundentes, van encajando uno a uno en el puzzle decimonónico vasco y, como ocurrió con la nueva bibliografía sobre la conquista de Navarra del siglo XVI, cada nueva pieza colocada va reflejando una imagen que poco tiene que ver con lo que nos habían contado.

¿Que Zumalakarregi fue un militar sin contemplaciones? Claro, nadie lo niega. Era una guerra sin cuartel, al menos hasta el Convenio Eliot. Lo que ocurre es que siempre se recuerdan los sucesos de Villafranca, o de Endarlatsa en la segunda guerra, y apenas se mentan las bestialidades del Ejército de la Nación «o de Ocupación» (como también se llamaba) arrasando pueblos, expulsando a sus habitantes, violando, fusilando y llevándose paisanos, como en barcos negreros, a los presidios ultramarinos. En las escuelas de Cuba, nación libre, se enseña el horror de la llamada «Reconcentración de Weiler», la brutal estrategia militar de vaciar de habitantes comarcas enteras, para quitar «el agua de la pecera» a los rebeldes. En las escuelas de Euskal Herria, nación oprimida, se oculta que el mismo Weiler, Martínez Campos y otros generales españoles estrenaron aquí esa misma práctica, que luego exportaron al Caribe. Es la diferencia entre un país libre y uno oprimido: cuando eres soberano puedes contar tu historia en las aulas. Sigue leyendo

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El Tigre del Maestrazgo, el brutal general carlista que aplastó a los liberales españoles de Isabel II (2019)

ABC

09/01/2019

R. Alonso

Ramón Cabrera fue uno de los oficiales más importantes dentro del ejército de Carlos María Isidro. Se mantuvo en su puesto incluso después de que el infante partiese al exilio

En 1833 España se rompió en dos. No era la primera vez que ocurría, ni tampoco sería, como ustedes saben, la última. La muerte de Fernando VII vino acompañada de una guerra que sacudió hasta los cimientos el país. Las pretensiones al trono de su hermano el infante Carlos María Isidro provocaron el estallido de la conocida como Primera Guerra Carlista (1833-1840). La contienda estuvo protagonizada por algunos de los oficiales más importantes de la historia reciente española, como Espartero,O’Donnell o Zumalacárregui.

Entre estos nombres, que son pura Historia de España, se encuentra también el del general Ramón Cabrera. Conocido por sus enemigos como el Tigre del Maestrazgo, consiguió derrotar a las tropas partidarias de la regente María Cristina de Borbón en numerosas ocasiones. Mientras que las tropas realistas languidecían en el norte durante 1838, él logró dominar buena parte del este peninsular convirtiéndose en la mayor amenaza para el trono de la futura Isabel II. Incluso permaneció en su puesto después de que el infante abandonase el país rumbo a Francia. Sigue leyendo

Constitución de la Junta Gubernativa de Navarra (1833)

En la villa de Aguilar y casa de alojamiento del Sr. coronel D. Franciso Iturralde, actual comandante general de las tropas de Navarra, a cinco días del mes de noviembre del año mil ochocientos treinta y tres; convocado los Señores jefes y capitanes de este ejército (…) con el justo fin de atender a las imperiosas exigencias que reclame este ejército, han resuelto lo siguiente:

Considerando que el reino de Navarra, por su decisión y levantamiento general en favor de los legítimos derechos del Rey nuestro Sr. D. Carlos VIII de Navarra y V de Castilla, exige medidas que concilien el fomento y subsistencia del ejército con el menor gravamen y régimen de los pueblos, y teniendo presente que éstas no pueden adoptarse oportunamente por el solo jefe militar, sino que es precisa la concurrencia de una autoridad, que al paso de ser independiente del ejército, tenga un carácter de superioridad por el que los cuerpos la estén sujetas, juzgan indispensable la creación de una junta que proceda en la forma que lo hizo la que existió hasta fin de octubre de 1823, en que terminada la campaña se repuso a la Ilustrísima Diputación de este Reino.

Considerando por último que esta junta debe componerse de personas que a su conocida decisión por la causa de la legitimidad reúnan la circunstancia de arraigo en el país, conocimiento y celo por el bien general; nombran (…)

Proclama de Alzaá a los Guipuzcoanos (1833)

Proclama de José Francisco de Alzaá en Oñate (08/10/1833). Segundo texto conocido después del inicio de la I Guerra Carlista (02/10/1833) en el que se reivindican los Fueros.

Guipuzcoanos: A las armas. Viva el Rey D. Carlos V.

El turbulento liberalismo ha sentado ya su trono sobre la cima de nuestro oprobio. Pérfidas maquinaciones atentan contra el Trono que se finge defender: el patriotismo es ya un disfraz, la virtud una mentira. Aquella gavilla de traidores, que el año 23 derrotó vuestro esfuerzo denodado, y que intentaba regar de sangre vuestros campos, y cubrir de luto vuestras familias, anhela vengar hoy el ultraje de su infame vencimiento. Aquella horda criminal de bandidos peseteros que precedía sus falanges, se alista en sus antiguos pendones, y sirve de guía a vuestros asesinos. Guipuzcoanos, despertad, vuestra inacción será criminal. Dios, nuestros fueros, la Patria, el Rey nos llaman: sigamos. No está lejos el momento de nuestra ventura (…) Oñate, 8 de octubre de 1833. José Francisco de Alzaá

Proclama de Verástegui a los Alaveses (1833)

Proclama de Valentín Verástegui en Vitoria (07/10/1833). Primer texto conocido después del inicio de la I Guerra Carlista (02/10/1833) en el que se reivindican los Fueros.

Alaveses: Ha llegado por fin aquel día tan deseado por los buenos como terrible para los malos; aquel día, que con tan justos motivos presagiaron vuestros corazones al ver que el impío sistema abolido por vuestras armas, comenzaba a renacer de entre sus mismas cenizas; día en que la perfidia liberal ha de ser exterminada para siempre del suelo español.

Sí, magnánimos y esforzados alaveses; sobrado fundamento teníais, cuando al tiempo de la restauración del orden y de la justicia decíais arrebatados de un celo patrio: no ha terminado aún en nuestra patria la tiranía de los pérfidos españoles, indignos a la verdad de este nombre; no han desaparecido de nuestro suelo aquéllos segundos vándalos, que por más de tres años han hollado sacrílegamente nuestra santa Religión, han tenido cautivo a nuestro monarca, y han abolido nuestros fueros y libertades patrias; nuevamente maquinan para perdernos.  Sigue leyendo

Una reflexión de Josep Fontana sobre el campesinado y el carlismo (1975)

Josep Fontana, Transformaciones agrarias y crecimiento económico en la España contemporánea, Ariel, Barcelona, 1975.

«En España la liquidación del Antiguo Régimen se efectuó mediante una alianza entre la burguesía liberal y la aristocracia latifundista, con la propia monarquía como árbitro, sin que hubiese un proceso paralelo de revolución campesina. Lejos de ello, los intereses del campesinado fueron sacrificados, y amplias capas de labriegos españoles (que anteriormente vivían en una relativa prosperidad y vieron ahora afectada su situación por el doble juego de la liquidación del régimen señorial en beneficio de los señores y del aumento de impuestos) se levantaron en armas contra una revolución burguesa y una reforma agraria que se hacían a sus expensas, y se encontraron, lógicamente, del lado de los enemigos de estos cambios: del lado del carlismo. Así se puede explicar lo (…) inexplicable: que la aristocracia latifundista se situase en España del lado de la revolución, y que un amplio sector del campesinado apoyase a la reacción. No podría entenderse correctamente la importancia que el carlismo tuvo en el siglo XIX español, si se ignorase esta raíz de revuelta campesina -no de revolución, puesto que carecía de soluciones para el futuro-, y se quisiese reducirlo al discutible y trivial problema jurídico de la sucesión, o al entusiasmo que pudieran suscitar personalmente tío y sobrina, que allá se andaban uno y otra en cualidades de gobernante. Eran dos concepciones distintas de cómo debía estar organizada la sociedad las que se enfrentaron en unas guerras civiles sangrientas, que fueron más que una simple pelea entre frailes montaraces y conspiradores de logia, como algunas caricaturas, de uno y otro lado, pretenden. Y en esas concepciones contrapuestas de cómo debía organizarse la sociedad, el problema de la tierra ocupaba un lugar central».

Una calle y su por qué: Plaza 4 de agosto (2018)

El Adelantado (Segovia)

29/11/2018

Jose María Martín Sánchez

Con la excepción de la invasión permanente de los Estorninos que se van por las ramas, la de los Carlistas en Segovia se recuerda vagamente.

Setenta y un años después de los sucesos de la Independencia, llegó la expedición carlista -mira tú-, que había partido de Estella. Cuenta la historia que D. Carlos, pretendiente al trono de España frente a Isabel II, su sobrina, reunió a 12.000 soldados en el norte de la Península, de los que 3.000, al mando de dos generales, Elio y Zaratiegui, guerrearon por Castilla, hasta que el 3 de agosto llegaron a Segovia y tardaron “na y menos” en hacerse con la ciudad, luego del Alcázar, la Casa de la Moneda y amenazaron al poder central que estaba ¿acongojado? en Madrid con la reina regente Mª Cristina. La misma que le pidió al general Espartero, tarde, que se llegara “pa” Segovia al mando de la tropa. Sigue leyendo