Archivo de la categoría: ***Las Españas

Conclusiones y exigencias del congreso de las Fuerzas Activas Revolucionarias Carlistas (1972)

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¡Sagunto nunca, Caspe quizás! (1961)

Los carlistas manifestaban, ya en fecha tan anticipada como 1961 y en claro enfrentamiento con Franco, que nadie podía imponer un Rey a los españoles, siquiera el suyo y era preferible que los verdaderos representantes del pueblo eligieran una nueva dinastía como se había hecho en Aragón, en Caspe, en el siglo XV.  Era esa salida mejor, lógicamente, que un pronunciamiento como el que estaba en marcha para imponer a Juan Carlos de Borbón, que aunque en este caso no era estrictamente militar, si tenía su origen en un golpe de estado muy similar al de Martínez Campos para derribar la primera república e imponer a Alfonso XII, aunque en este caso derivó en una guerra civil.  Sigue leyendo

Elecciones de todos para todos (1979)

El País

20/02/1979

José María de Zavala Castella

El acto de votar, frío e indiferente, que muchos ciudadanos efectúan, tenemos que transformarlo en un acto de compromiso y solidario. Punto de partida para una participación responsable en el desarrollo democrático posterior.

Los resultados de las elecciones legislativas serán consecuencia lógica del recuento de votos que obtengan los partidos para poder constituir las Cámaras. Pero este resultado también estará directamente relacionado con la participación consciente que la sociedad haya desarrollado en la campaña electoral, para que así el voto sea responsable. Sigue leyendo

Elecciones generales en la España posfranquista (1977)

El Pais

25/05/1977

José María de Zavala Castella

Es el Partido Carlista uno de los grupos que, por causas aún desconocidas, no ha sido inscrito en el registro de asociaciones políticas. Esto no quiere decir que sea un partido ilegal, sino un partido que ha esperado una decisión arbitraria para poder, como tal, participar en las elecciones convocadas por el Gobierno. La democracia es una cuestión muy distinta a este juego de legalización oficial. Por todo ello vamos a hablar con la serenidad y el derecho que corresponden a un partido demócrata, marginado y discriminado, sin que hasta el momento se haya dado la menor explicación a esta situación, no al partido, sino al conjunto de la sociedad que va a concurrir a las elecciones generales. Sigue leyendo

Una reflexión de José Sanroma (2015)

Fuente

Un reputado periodista, Fernando Jauregui, sobre aquel tiempo, escribió en sus “Crónicas del antifranquismo” lo siguiente: El régimen vió con alarma la evolución de los carlistas, que constituían “en ese momento una fuerza de considerable importancia en el país. Los dos PC, el Comunista y el Carlista eran en la práctica las dos fuerzas numéricamente más importantes“. Y añade que “las relaciones entre carlistas y comunistas llegaron a ser inmejorables“. No soy quien para juzgar esta afirmación; pero sí recuerdo que, en el acto de homenaje a Carlos Hugo al que me referí al principio, en alguna de esas butacas estaba sentado Santiago Carrillo.

“El laberinto español. Antecedentes sociales y políticos de la guerra civil” (1943) (1962)

Obra de Gerald Brenan, publicada originalmente en 1943 y posteriormente en castellano en 1962, todo un “clásico” de la Historia social, cuyo protagonista es el anarquismo rural, al cual comparaba frecuentemente con el carlismo foralista, pues considera que ambos movimientos expresan desde ópticas diferentes el verdadero ser histórico del pueblo español, en oposición a los partidos estatalistas triunfantes en la Guerra Civil española, tanto el PCE como Falange.

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¿Cuál ha sido su contribución a las ideas sociales y políticas? Hay que confesar aquí que, si buscamos la respuesta en los libros, no encontraremos nada muy concreto.Y sin embargo, yo creo que, bajo la insensatez y el frenesí de la política española, hay una actitud firme. Fijémonos, por ejemplo, en dos productos típicos del país: el anarquismo y el carlismo. Como sistemas políticos, no es posible considerar seriamente a ninguno de ellos: uno trata de realizar un sueño del futuro remoto, otro de resucitar un pasado idealizado. Pero, como críticas de la sociedad, ambos canalizan un sentimiento profundamente arraigado entre los españoles. Pudiera describirse este sentimiento como un odio a las farsas políticas, un ansia de una vida social más rica y más profunda, una aceptación de un bajo nivel de vida material y una creencia de que el ideal de la dignidad y de la fraternidad humanas nunca podrá alcanzarse por medios políticos solamente, sino que hay que buscarlo en una reforma moral (obligatoria, claro está) de la sociedad. Esto es lo que pudiera llamarse la actitud española característica. Contrariamente a la doctrina liberal, que separa la Iglesia del Estado y la sociedad del gobierno, apunta a una integración de la vida política con la vida social. Mas esto no es totalitarismo. Lejos de afirmar la supremacía moral del Estado, sustenta el punto de vista cristiano de que todo ser humano, cualquiera que sea su capacidad e inteligencia, es un fin en sí mismo, y de que el Estado existe únicamente para servir esos fines. Y todavía hay más. La larga y amarga experiencia que los españoles tienen del funcionamiento de la burocracia les ha llevado a subrayar la superioridad de la sociedad sobre el gobierno, de la costumbre sobre la ley, del juicio de los vecinos sobre las formas legales de la justicia, y a insistir en la necesidad de una fe o ideología interiores, único medio de que los hombres actúen como deben, en armonía mutua, sin necesidad de forzarles a ello. (p. 22)

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Nuestra Bandera: El Manifiesto Jaimista (1930)

«Nuestra Bandera: El Manifiesto Jaimista». El Cruzado Español. 30 de mayo de 1930.

Con motivo de la publicación del Manifiesto, el autor de este artículo aprovecha para llamar la atención sobre algunas corrientes radicales que percibe dentro de la juventud jaimista.

“Convenía esa satisfacción, porqué quizá habría algún germen de impaciencia rayano en la indisciplina entre nuestras juventudes, que, en su amor a la lucha, no reparan a veces en los perjuicios que pueden producir a nuestra santa Causa las desviaciones de conducta siempre lamentables. Sigue leyendo