Archivo de la categoría: Euskal Herria

Blancos y Negros (Guerra en la Paz) (1898)

En Urgain, un pueblecito de la Barranca, en Navarra, a finales del siglo diecinueve, carlistas y liberales, hasta hace poco en guerra, se baten ahora en contiendas electorales. A su vez, el plebeyo enriquecido don Juan Manuel de Osambela, convertido en cacique del lugar, planta cara a la familia hidalga de los Ugarte, que desde siempre ha amparado a la población local. Son estos enfrentamientos los que justifican el subtítulo de la novela: «Guerra en la paz», una guerra en la que vale todo: la maledicencia, la calumnia, las más abyectas triquiñuelas jurídicas e incluso la violencia física. Sigue leyendo

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“El laberinto español. Antecedentes sociales y políticos de la guerra civil” (1943) (1962)

Obra de Gerald Brenan, publicada originalmente en 1943 y posteriormente en castellano en 1962, todo un “clásico” de la Historia social, cuyo protagonista es el anarquismo rural, al cual comparaba frecuentemente con el carlismo foralista, pues considera que ambos movimientos expresan desde ópticas diferentes el verdadero ser histórico del pueblo español, en oposición a los partidos estatalistas triunfantes en la Guerra Civil española, tanto el PCE como Falange.

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¿Cuál ha sido su contribución a las ideas sociales y políticas? Hay que confesar aquí que, si buscamos la respuesta en los libros, no encontraremos nada muy concreto.Y sin embargo, yo creo que, bajo la insensatez y el frenesí de la política española, hay una actitud firme. Fijémonos, por ejemplo, en dos productos típicos del país: el anarquismo y el carlismo. Como sistemas políticos, no es posible considerar seriamente a ninguno de ellos: uno trata de realizar un sueño del futuro remoto, otro de resucitar un pasado idealizado. Pero, como críticas de la sociedad, ambos canalizan un sentimiento profundamente arraigado entre los españoles. Pudiera describirse este sentimiento como un odio a las farsas políticas, un ansia de una vida social más rica y más profunda, una aceptación de un bajo nivel de vida material y una creencia de que el ideal de la dignidad y de la fraternidad humanas nunca podrá alcanzarse por medios políticos solamente, sino que hay que buscarlo en una reforma moral (obligatoria, claro está) de la sociedad. Esto es lo que pudiera llamarse la actitud española característica. Contrariamente a la doctrina liberal, que separa la Iglesia del Estado y la sociedad del gobierno, apunta a una integración de la vida política con la vida social. Mas esto no es totalitarismo. Lejos de afirmar la supremacía moral del Estado, sustenta el punto de vista cristiano de que todo ser humano, cualquiera que sea su capacidad e inteligencia, es un fin en sí mismo, y de que el Estado existe únicamente para servir esos fines. Y todavía hay más. La larga y amarga experiencia que los españoles tienen del funcionamiento de la burocracia les ha llevado a subrayar la superioridad de la sociedad sobre el gobierno, de la costumbre sobre la ley, del juicio de los vecinos sobre las formas legales de la justicia, y a insistir en la necesidad de una fe o ideología interiores, único medio de que los hombres actúen como deben, en armonía mutua, sin necesidad de forzarles a ello. (p. 22)

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Nota oficiosa de la Junta Suprema Legitimista sobre la política de alianzas (1918)

Esta Nota de la cúpula directiva del Partido Jaimista, prohibiendo todo tipo de acuerdos con el nacionalismo vasco y catalán en 1918, proporciona una de las claves que explican el cisma mellista del año siguiente. Los mellistas, partidarios de esta Nota, terminarían escindidos y convertidos en un satélite de la derecha alfonsina y centralista. Los jaimistas en cambio reforzarían su política de alianzas con los nacionalismos periféricos.

Varios de nuestros correligionarios, entre ellos algún Jefe regional, se han dirigido a esta Junta Suprema pidiendo que, en vista de la situación creada por la retirada del Congreso de la mayoría de los representantes de Cataluña, se den instrucciones precisas que puedan servir de segura norma a los jaimistas en general y muy especialmente a los que se hallen investidos de alguna autorización. Sigue leyendo

Consulta a los electores de Estella de su Diputado a Cortes D. Joaquín María Muzquiz (1871)

“Hay que pensar sobre todo en que a la raza latina, eminentemente socialista, se le ha arrancado la idea de Dios; y hay que pensar, en fin, en el inmenso peligro que amenaza a la sociedad española el día en que las masas carlistas, que son socialistas, lleguen a perder toda esperanza de restauración”. Fuente (p. 65)

Peralta y Dicastillo: del carlismo a la UGT (1931)

Emilio López “Beltza”, Del carlismo al nacionalismo burgués, Editorial Txertoa, San Sebastián, 1978, pp. 52-53.

No deja de ser ilustrativa, en esta óptica, la descripción que Manuel de Irujo nos hace de la evolución de los carlistas en Navarra (Instituciones jurídicas vascas, Buenos Aires, 1945, p. 125 y siguientes). Según este autor, los pueblos agrícolas afectados por la desamortización se dividieron en dos bandos irreconciliables, los “propietarios”, enriquecidos  durante el XIX y los “comuneros”, partidarios de la explotación comunal de las tierras: éstos eran carlistas y aquéllos liberales, al menos al principio. Al llegar la República en 1931, los carlistas de Peralta y Dicastillo exigieron la municipalización de la tierra; los dirigentes tradicionalistas locales, propietarios igualmente, (Se trata probablemente de descendientes de “neocarlistas” de 1868 o de caciques navarros que son liberales hasta que el reparto de tierras se consolida conforme a sus intereses y se hacen tradicionalistas, por contrarrevolucionarios, después) se opusieron a los “comuneros” y éstos, ni cortos ni perezosos reaccionaron haciéndose socialistas en masa. Quitar el rótulo “Círculo Carlista” y poner en su lugar el de la UGT se hizo rápidamente. El carácter de justicia de la actitud popular carlista del XIX se transforma así en reivindicación revolucionaria en el siglo XX. De modo más general cabría preguntarse por las relaciones entre este cambio de situación y la actual evolución autogestionaria del Partido Carlista, pero ese tema sale fuera de los límites de este libro.

Acto carlista en Tolosa

(3 Oct 1976) The Carlist rally was attended by a crowd of more than 3,000. it was the first such meeting since the spanish civil war in 1936. tolosa, in the basque country, is an industrial town which has been the scene of much unrest in recent weeks. After the Rally right-wingers clashed with the carlists and police intervened with tear-gas grenades and rubber bullets.