Archivo de la categoría: Historiadores del Carlismo

La dirección política de la Comunión Tradicionalista desde 1876 (1934)

Tradición (Santander)

01/07/1934

Melchor Ferrer

Al nuevo Secretario General en España, Don Manuel Fal Conde, digno continuador de los Jefes que la Real Confianza ha dado a nuestra Comunión.

Puede decirse que el Tradicionalismo Carlista no tomó carta de naturaleza como partido político hasta la Revolución de 1868. Fueron los hechos que empujaron al Carlismo a que interviniera en la vida política de la legalidad. No porque ésta fuera completamente abandonada con anterioridad a la Septembrina, por el Carlismo, pero éste gustaba más de los procedimientos bélicos, creyendo que para fracasar en las gestiones para reformar el Régimen imperante, bastaban las tentativas de Donoso Cortés, de Aparisi y Guijarro y de Cándido Nocedal, y los tanteos de Gabino Tejado y Francisco Navarro Villoslada; pero sin hacerse ilusiones sobre el resultado de estos generosos pero estériles ensayos.

No regateó, sin embargo, el Carlismo su ayuda a estas tentativas, antes bien, acudió con sus elementos y sus hombres. Los diputados carlistas, que lo eran de ideas pero que actuaban sólo como católicos, no faltaron en las Cortes de los últimos años de Isabel II, y los nombres de Muzquiz, Vinader, Fernández de Velasco, etc., dejan bien establecido que no dudaron un momento servir a España, bajo el caudillaje de los Nocedal y los Aparisi. Sigue leyendo

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Los carlistas (1985)

Nº 280 de la colección Cuadernos. Historia 16. Incluye artículos de Julio Aróstegui (“Génesis del Carlismo” y “Años de oro y sangre”), Martin Blinkhorn (“Cisma en el Tradicionalismo (1876-1931)”), Juan Manuel de la Torre Acosta (“El Carlismo en la II República”) y Manuel Fernández Cuadrado (“Guerra y Unificación”). También incorpora una selección de textos históricos realizada por Josep Carles Clemente.

1985 Los carlistas. Cuadernos Historia 16

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De banderas e imposiciones (2010)

Diario de Noticias (Navarra)

19/08/2010

Evarist Olcina y Patxi Ventura

Cada vez que contemplo la obra de Sorolla Tipos del Concejo del Roncal me produce una sensación de doble asombro, una por la obra en sí, y otra por la presencia de auténticos magistrados del pueblo, los seis o siete navarros que aparecen, que con sus trajes negros y sus cuellos blancos, me hacen permanecer absorto en su admiración. Pero aún hay algo más: la soberana majestad del alcalde mayor y el abanderado que enarbola el pendón del concejo, un estandarte con la cruz de San Andrés a los cuatro ángulos sobre formas geométricas de diversos colores al modo de tantas otras de Euskal Herria.

Es la bandera, la verdadera y única bandera -una más de la de entre tantos concejos y valles vascos- de un pueblo que se manifiesta como entidad soberana, un símbolo único creado por él y venerado de generación en generación. Una enseña, entre otras muchas, con las que los euskaldunes todos se alzaron en 1833 en defensa de sus libertades en una guerra que ya casi nadie discute que fue una auténtica sublevación para preservar la soberanía vasca amenazada mediante la imposición del unitarismo constitucional español. Sigue leyendo

También fuimos los primeros (2005)

Artículo publicado en el nº 24 de la revista El Federal del Partido Carlista.

2005 El Federal n24 Julio También fuimos los primeros

Cuando en 1975 murió Franco la gente de este país estaba como aterida, sus músculos relejaban la contención de la falta de libertad, sus labios aún no se atrevían a conectarse con el cerebro para decir la verdad, gritar y reír despreocupadamente; la inmensa mayoría seguía moviéndose meses después como en el día que se anunció el fin del dictador, con la mecánica del asustado siervo.

Sólo unos pocos continuábamos nuestra lucha, en la clandestinidad oficial,  y así estuvimos hasta al menos un año o-nosotros los carlistas- hasta 1977 cuando algunos a los que ahora santifican y enaltecen los lacayos del “siempre bien situados”, cometieron la villanía, con la tradicional bajeza de los miserables, de no legalizarnos, mientras atentaban a los asesinos del Montejurra 76, o se ametrallaba a los obreros de Vitoria. Sigue leyendo

El secesionismo, en la geografía carlista (2019)

El Mundo

12/06/2019

Conxa Rodríguez

La autora expone una relación histórica entre el independentismo y el carlismo. Sostiene que hoy el secesionismo anida en las zonas geográficas que en el siglo XIX se levantaron contra el poder

Somos lo que somos y venimos de dónde venimos, es decir, del pasado individual y colectivo, en otras palabras, de nuestra propia historia; la de España y la de Cataluña, a veces juntas, a veces revueltas. Entraron en el siglo XXI juntas, sin embargo, ahora andan revueltas. Desde las elecciones autonómicas del 21 de diciembre de 2017 se han sucedido no uno, sino varios plebiscitos para determinar la fuerza de cada una de ellas en el sistema democrático. En el Parlament de Cataluña los tres partidos independentistas (ERC, JxCat o neo convergentes y CUP) consiguieron el 47,5% de los votos. Esa es su fuerza, que no es poca.

En las recientes elecciones municipales el independentismo ha dominado el mapa catalán, especialmente el interior, donde no aparece casi ningún ayuntamiento del PSC, Ciutadans, PP o En Comú Po-dem como en la Cataluña urbana y costera, el esperpento Tabarnia. El independentismo anida en las zonas geográficas que en el siglo XIX fueron carlistas y se levantaron, al menos, en tres ocasiones contra el poder establecido de los liberales. Ya apunté en estas páginas (Del carlismo al separatismo catalán,16-9-2017) que la coincidencia no era un capricho del azar, sino el resultado del devenir histórico. La tendencia a enlazar independentismo del XXI y carlismo del XIX se ha agudizado. Sigue leyendo

«El carlismo y las autonomías regionales» de Evaristo Olcina (1974)

ABC

24/10/1974

José María Ruiz Gallardón

Un interesante estudio sobre el carlismo y las autonomías regionales. Y, quede dicho ya desde el principio, un estudio con el que discrepo en muchas de sus premisas y, por tanto, de sus conclusiones. La tesis de Oncina es ésta: el carlismo tiene su fundamento doctrinal y práctico en los fueros. No en otra cosa. Ni siquiera la institución monárquica, ni siquiera el comporte religioso, son fundamentales para el carlismo. Lo esencial, lo único explicatorio del movimiento carlista, es la defensa de sus fueros o de sus autonomías regionales. Digámoslo con las propias palabras del autor. Son terminantes: «El carlismo sería el revulsivo primero, máximo y continuado para despertar un paralelo sentimiento regionalista que alcanzaría las cotas del pleno autonomismo federalista y –ya en extremismos decepcionados ante las sucesivas estafas sufridas del Poder central– del separatismo periférico.» Más todavía: «al llegar al Poder, para el carlismo nunca se ha estimado imprescindible el mantenimiento del régimen monárquico, sometiéndose a la voluntad popular en cuanto a la forma de régimen». Y para terminar esta panorámica y hablando de la llamada «guerra dels martiners», una de las escasas etapas de autenticidad del carlismo para el autor, escribe: «lo religioso no aparece por parte alguna como elemento determinante». Sigue leyendo