Archivo de la categoría: 1931 II República y Guerra Civil

Nuestra Bandera: El Manifiesto Jaimista (1930)

«Nuestra Bandera: El Manifiesto Jaimista». El Cruzado Español. 30 de mayo de 1930.

Con motivo de la publicación del Manifiesto, el autor de este artículo aprovecha para llamar la atención sobre algunas corrientes radicales que percibe dentro de la juventud jaimista.

“Convenía esa satisfacción, porqué quizá habría algún germen de impaciencia rayano en la indisciplina entre nuestras juventudes, que, en su amor a la lucha, no reparan a veces en los perjuicios que pueden producir a nuestra santa Causa las desviaciones de conducta siempre lamentables. Sigue leyendo

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Peralta y Dicastillo: del carlismo a la UGT (1931)

Emilio López “Beltza”, Del carlismo al nacionalismo burgués, Editorial Txertoa, San Sebastián, 1978, pp. 52-53.

No deja de ser ilustrativa, en esta óptica, la descripción que Manuel de Irujo nos hace de la evolución de los carlistas en Navarra (Instituciones jurídicas vascas, Buenos Aires, 1945, p. 125 y siguientes). Según este autor, los pueblos agrícolas afectados por la desamortización se dividieron en dos bandos irreconciliables, los “propietarios”, enriquecidos  durante el XIX y los “comuneros”, partidarios de la explotación comunal de las tierras: éstos eran carlistas y aquéllos liberales, al menos al principio. Al llegar la República en 1931, los carlistas de Peralta y Dicastillo exigieron la municipalización de la tierra; los dirigentes tradicionalistas locales, propietarios igualmente, (Se trata probablemente de descendientes de “neocarlistas” de 1868 o de caciques navarros que son liberales hasta que el reparto de tierras se consolida conforme a sus intereses y se hacen tradicionalistas, por contrarrevolucionarios, después) se opusieron a los “comuneros” y éstos, ni cortos ni perezosos reaccionaron haciéndose socialistas en masa. Quitar el rótulo “Círculo Carlista” y poner en su lugar el de la UGT se hizo rápidamente. El carácter de justicia de la actitud popular carlista del XIX se transforma así en reivindicación revolucionaria en el siglo XX. De modo más general cabría preguntarse por las relaciones entre este cambio de situación y la actual evolución autogestionaria del Partido Carlista, pero ese tema sale fuera de los límites de este libro.

Carlismo y Memoria Histórica

Manuel Martorell

*Artículo publicado en el Nº 100 del boletín Montejurra de EKA.

Coincidiendo con el Año de la Memoria Histórica y su 70 aniversario, se celebraron el pasado mes de noviembre en Madrid dos congresos sobre la Guerra Civil: uno “de derechas”, organizado por una universidad privada -el C.E.U.- y el otro “de izquierdas”, patrocinado por el Ministerio de Cultura, razón por la cual este último, lógicamente, tuvo una mayor repercusión mediática.

Quien haya seguido el curso de los dos congresos, sacarán fácilmente la conclusión de que ni siquiera para realizar estudios y debates históricos los españoles pueden sentarse juntos a compartir experiencias en el terreno de la investigación. No solo desde el punto de vista intelectual, sino simplemente por sentido común, tal situación, por muy abiertas que estén todavía algunas heridas, resulta absurda.

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El Estatuto de Estella-Lizarra de 1931

El anteproyecto fue preparado, en sus líneas generales, por la Sociedad de Estudios Vascos, y retocado después en una reunión que la comisión promotora celebró en la Diputación de Navarra. Ya redactado, el proyecto se sometió a la aprobación de los municipios vascos en una magna Asamblea, que se celebró en junio en la mítica -para el carlismo- ciudad Navarra de Estella. De 529 municipios vascos y navarros, 427 aceptaron y respaldaron con entusiasmo lo que definitivamente se llamaría Estatuto General del Estado Vasco. Sigue leyendo

El país del olvido (2011)

Gara

10/12/2011

Iñaki Egana

(…) La guerra civil y el franquismo están repletos de muestras de olvido que aún hoy no hemos podido superar. Me voy a detener en el caso del miquelete Pedro Telletxea, cuya memoria su viuda, Benita Etxeberria, quiso recuperar para su familia. Telletxea era un carlista que fue fusilado por los franquistas «por equivocación». En Lazkao. Al parecer, le confundieron con su hermano que era abertzale.

Su viuda removió cuarteles y juzgados para que el nombre de su marido, ya que no le podía devolver la vida, fuera al menos reconocido. La respuesta de los tribunales, reconociendo «digno de todo encomio el natural deseo de la mencionada señora de rehabilitar la memoria de su indicado marido», fue la negación. Pedro Telletxea fue arrojado al baúl del olvido, con miles de republicanos, comunistas, anarquistas, socialistas y abertzales. Su «pecado»: haber sido ejecutado por los mercenarios de la época. (…)