Archivo de la categoría: 1931 II República y Guerra Civil

La AET de Pamplona convoca a la revolución social (1934)

El siguiente es un buen ejemplo de cómo incluso en la época de mayor “conservadurismo” integrista dentro del Carlismo una parte importante del pueblo carlista siempre conservó el radicalismo social que caracteriza al Carlismo desde 1833.

La Agrupación Escolar Tradicionalista (AET) de Pamplona, organización universitaria carlista, dispuso en 1934 de una publicación llamada a.e.t. desde la que se convocaba a los obreros, los campesinos y los estudiantes a defender los principios tradicionalistas al mismo tiempo que a realizar la “revolución” social carlista: Sigue leyendo

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Orden de Joaquín Baleztena contra los actos de venganza extrajudicial (1936)

El 24 de julio de 1936 fue publicada en El Pensamiento Navarro, esta orden de la Jefatura Regional del carlismo navarro emitida el día anterior

Los carlistas, soldados, hijos, nietos y biznietos de soldados, no ven enemigos más que en el campo de batalla. Por consiguiente, ningún movilizado, voluntario ni afiliado a nuestra inmortal Comunión debe ejercer actos de violencia, así como [debe] evitar [que] se cometan en su presencia.

Para nosotros no existen más actos de represalia lícita que los que la Autoridad militar, siempre justa y ponderada, se crea en el deber de ordenar.

El Jefe Regional, Joaquín Baleztena.

El requeté Rubén de Cardeñosa Serrano

“Los carlistas no tenemos nada que ver con los fascistas y mucho menos aun con los nacionalsocialistas, ni en su parafernalia, ni con su sistema dictatorial y cruel, ni con sus principios, contrarios a los que consideramos humanos y cristianos. Aunque ahora se empeñen en encuadrarnos como franquistas, nosotros sólo le dimos a Franco el apoyo como jefe del ejército, no como Jefe de Estado. Después el carlismo pidió al ejército que se retirase a sus cuarteles y dejara al sano pueblo español elegir el sistema de Gobierno que creyese más conveniente”. Lo dice Don Rubén de Cardeñosa Serrano, nacido en 1917, en Almadén, Ciudad Real, requeté del Tercio de Cristo Rey (1937/1939).

Larranz Andía P. et Sierra Sesúmaga V. Requetés. Madrid. La esfera de los libros. 2010. 943 páginas. Página 202.

Proyecto de Estatuto de Cataluña elaborado por el Partido Tradicionalista en 1930

Texto original en catalán: Espanya Federal, nº 64, San Feliú de Llobregat, 28 de mayo de 1934, pp. 3-4.

I DE LA PERSONALIDAD DE CATALUÑA Y DE SU TERRITORIO

Reconocemos la personalidad nacional de Cataluña, con todas las características individualizadoras.

Los pueblos que constituyen la actual España se federan libremente. Es necesario reconstituir nuevamente aquella Confederación, con igualdad de trato y de personalidad para cada uno de ellos.

Dentro de la Confederación, todos los pueblos conservarán plena y absoluta autonomía.

El territorio de Cataluña se entenderá constituido por el que forman ahora las llamadas “provincias” catalanas, sin renunciar a la revisión de las fronteras que limitaban la antigua Cataluña estricta. Sigue leyendo

Nuestra Bandera: El Manifiesto Jaimista (1930)

«Nuestra Bandera: El Manifiesto Jaimista». El Cruzado Español. 30 de mayo de 1930.

Con motivo de la publicación del Manifiesto, el autor de este artículo aprovecha para llamar la atención sobre algunas corrientes radicales que percibe dentro de la juventud jaimista.

“Convenía esa satisfacción, porqué quizá habría algún germen de impaciencia rayano en la indisciplina entre nuestras juventudes, que, en su amor a la lucha, no reparan a veces en los perjuicios que pueden producir a nuestra santa Causa las desviaciones de conducta siempre lamentables. Sigue leyendo

Peralta y Dicastillo: del carlismo a la UGT (1931)

Emilio López “Beltza”, Del carlismo al nacionalismo burgués, Editorial Txertoa, San Sebastián, 1978, pp. 52-53.

No deja de ser ilustrativa, en esta óptica, la descripción que Manuel de Irujo nos hace de la evolución de los carlistas en Navarra (Instituciones jurídicas vascas, Buenos Aires, 1945, p. 125 y siguientes). Según este autor, los pueblos agrícolas afectados por la desamortización se dividieron en dos bandos irreconciliables, los “propietarios”, enriquecidos  durante el XIX y los “comuneros”, partidarios de la explotación comunal de las tierras: éstos eran carlistas y aquéllos liberales, al menos al principio. Al llegar la República en 1931, los carlistas de Peralta y Dicastillo exigieron la municipalización de la tierra; los dirigentes tradicionalistas locales, propietarios igualmente, (Se trata probablemente de descendientes de “neocarlistas” de 1868 o de caciques navarros que son liberales hasta que el reparto de tierras se consolida conforme a sus intereses y se hacen tradicionalistas, por contrarrevolucionarios, después) se opusieron a los “comuneros” y éstos, ni cortos ni perezosos reaccionaron haciéndose socialistas en masa. Quitar el rótulo “Círculo Carlista” y poner en su lugar el de la UGT se hizo rápidamente. El carácter de justicia de la actitud popular carlista del XIX se transforma así en reivindicación revolucionaria en el siglo XX. De modo más general cabría preguntarse por las relaciones entre este cambio de situación y la actual evolución autogestionaria del Partido Carlista, pero ese tema sale fuera de los límites de este libro.

Carlismo y Memoria Histórica

Manuel Martorell

*Artículo publicado en el Nº 100 del boletín Montejurra de EKA.

Coincidiendo con el Año de la Memoria Histórica y su 70 aniversario, se celebraron el pasado mes de noviembre en Madrid dos congresos sobre la Guerra Civil: uno “de derechas”, organizado por una universidad privada -el C.E.U.- y el otro “de izquierdas”, patrocinado por el Ministerio de Cultura, razón por la cual este último, lógicamente, tuvo una mayor repercusión mediática.

Quien haya seguido el curso de los dos congresos, sacarán fácilmente la conclusión de que ni siquiera para realizar estudios y debates históricos los españoles pueden sentarse juntos a compartir experiencias en el terreno de la investigación. No solo desde el punto de vista intelectual, sino simplemente por sentido común, tal situación, por muy abiertas que estén todavía algunas heridas, resulta absurda.

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