Archivo de la categoría: Cantabria

Manifiesto del Partido Carlista de Cantabria

El carlismo no se redujo a sus tradicionales feudos en Euskal-Herria, el Pirineo catalán y el Maestrazgo; en otras áreas de la Península contó con nutridas filas de seguidores que también mantuvieron el carlismo en pie durante el franquismo. Una de estas zonas fue Cantabria, patria chica de Aniano Jiménez Santos uno de los muertos en Montejurra’76 por la barbarie fascista, con un núcleo especialmente activo en Santoña pero también con afiliados en otros pueblos y ciudades, como Santander, donde durante la Transición se abrió una sede en el número 3 de la calle Isabel la Católica. Durante esos años, el Partido Carlista de Cantabria publicó y difundió el siguiente manifiesto que resume con bastante justeza la línea ideológica del carlismo de finales del siglo XX.

La lucha popular se desarrolla por parte del pueblo en todos los sectores de la sociedad. Y los partidos populares son los que juegan un papel más importante en esta lucha por la libertad. Entre estos partidos, que constituyen el frente de lucha democrático, se encuentra el Partido Carlista. Sigue leyendo

Anuncios

La Tercera Guerra Carlista en Cantabria (2018)

Palacio Ramos, Rafael, Librucos, Santander, 2018.

Prólogo de Alfonso Bullón de Mendoza.

Lejos de tener un papel secundario, la provincia de Santander se constituyó durante la Tercera Guerra Carlista en un punto básico en el teatro de operaciones del Norte. Las razones fueron su inmediatez a los principales escenarios de la contienda, la existencia en su territorio de los capaces y seguros puertos de Santander y Santoña, y la línea de ferrocarril que vía Alar del Rey unía a su capital con Vitoria, Burgos y Madrid. Fue por lo tanto sede de la escuadra y lugar de concentración o formación de los diferentes ejércitos liberales a lo largo de todo el conflicto. Sigue leyendo

La Batalla de Ramales. Crónica postrera de la 1ª Guerra Carlista en la comarca del Asón y el Oriente de Cantabria

Villegas López, Ramón, Librucos, Torrelavega, 2010.

Entre el 17 de abril y el 13 de mayo de 1839 tuvo lugar en torno a la localidad cántabra de Ramales de la Victoria uno de los últimos y más sangrientos enfrentamientos entre los ejércitos de don Carlos y su cuñada Mª Cristina, mandados respectivamente por Rafael Maroto y Baldomero Espartero. La Primera Guerra Carlista (1833-1840), llamada también de los Siete Años, tocaba su fin, pues desde la derrota legitimista de Ramales hasta el Convenio de Vergara solo habría que esperar que pasara la primavera y llegara el último día de agosto. En este libro se hace un recorrido cronológico por la historia de aquellos hechos, desde la ocupación efectiva carlista del oriente cántabro a partir de la primavera de 1838, hasta la conclusión de la propia guerra en el Norte y la consiguiente pacificación del territorio escenario de tan cruentas luchas, pasando por los momentos más álgidos y decisivos de la etapa: las acciones del puente de Udalla, la llegada de Espartero al teatro de operaciones, la toma de las peñas del Moro y del Mazo y la inexpugnable cueva de la Lobera, el asalto a Ramales y el asedio y posterior entrega del fuerte de Guardamino.

La I Guerra Carlista en la comarca del Pas-Pisueña (1833-1839)

Villegas López, Ramón, Librucos, Torrelavega, 2012.

Desde octubre de 1833 hasta junio de 1840 España viviría un trágico y sangriento enfrentamiento entre los liberales, que apoyaban a la futura reina Isabel II, y los absolutistas de Carlos María Isidro de Borbón, hermano del difunto Fernando VII, que pasaría a la historia nacional con el nombre de la 1º Guerra Carlista. El presente trabajo trata sobre los acontecimientos más destacados ocurridos durante esta conflagración en la comarca cántabra del Pas-Pisieña y otras demarcaciones vecinas. Algunos de los mismos serían determinantes para el devenir de la guerra, caso la famosa acción de Vargas, tenida lugar nada más empezar ésta, el 3 de noviembre. Las frecuentes incursiones legitimistas procedentes de Vizcaya que diezmaban el territorio, el acoso de las partidas facciosas locales, encabezadas por astutos pasiegos las más, y las vicisitudes por las que pasarían algunas célebres expediciones carlista a su transito por estas montañas son, además, parte de los temas más recurrentes que aquí se tratan. La vida y obra de un personaje singular, el partisano liberal de San Roque de Riomiera, Juan Ruiz Gutiérrez (a) Cobanes, es contada asimismo con merecida profusión.

Demandas autonomistas en Castilla, La Rioja, Cantabria y León

En los inicios de la Transición el Partido Carlista fue una de las primeras fuerzas políticas en reclamar la autonomía tanto para Castilla como para La Rioja o Cantabria. La cuestión “leonesa” hasta después de las elecciones de 1977 no empezó a plantearse, pero casi inmediatamente fue asumida por los carlistas leoneses.

Fuerzas políticas en el proceso autonómico de Castilla y León 1975-1983, Mariano González Clavero, Tesis de Doctorado de la Universidad de Valladolid.

La constitución de Coordinación Democrática de Castilla y León fue más tardía: el 2 de agosto de 1976. En su presentación de ésta demandaron la supresión de las instituciones y leyes franquistas, además de la amnistía, las libertades plenas de los partidos, la libertad sindical, de reunión, de asociación, manifestación, expresión, y «el pleno derecho del ejercicio de las libertades políticas de las distintas nacionalidades y regiones del Estado español»89. Como sus homólogos en el resto del Estado, Coordinación Democrática de Castilla y León organizó paros y manifestaciones. Sigue leyendo

El sentimiento regionalista de Pereda (2006)

El Diario Montañés (Cantabria)

01/03/2006

Este montañés sentía un profundo amor a su tierra natal, a sus leyes, usos y costumbres, a su paisaje y folclore, regionalismo que consideraba «saludable, elevado y patriótico».

Benito Madariaga / Presidente de la Sociedad Menéndez Pelayo

No fue José María de Pereda un defensor del regionalismo de Cantabria con el sentimiento que llevó a otros autores hacia la política. Pese a ser diputado tradicionalista y defensor de la unidad nacional, se declaró enemigo del centralismo, a la par que defensor de los intereses materiales y culturales de su provincia. Una de las veces que intervino en las sesiones del Congreso de los Diputados lo hizo para interesarse por los problemas de Santander. En 1871, en la proposición de ley que presentó para que el Estado continuara por su cuenta la conservación del puerto de Santander, comenzaba su escrito con estas palabras: «Los diputados que suscriben no desconocen la obligación que tiene el Estado de atender a conservar y mejorar las condiciones de los puertos de mar, y especialmente las de aquellos que, como el de Santander, tenían recursos propios, de los que se incautó el Estado al establecer el actual sistema administrativo». Sigue leyendo