Archivo de la categoría: Momento temporal

La Junta Regional de Navarra sobre el Regionalismo (1933)

Folleto Comunión Católica Monárquica. Exposición de las Bases Fundamentales de su Programa, Pamplona, 1933.

El centralismo liberal, germen del caciquismo, al ahogar las libertades municipales y regionales produjo las oligarquías gobernantes, que en nuestro régimen no tendrían cabida.

A nuestro juicio, el Estado no puede conceder como una merced o dispensa una descentralización a las regiones. Sólo puede reconocer un derecho que dimana de la condición jurídica que la personalidad regional tiene a regirse por sí misma. Sigue leyendo

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“Pedro Morrinhas” sobre el caciquismo (1912)

Artículo publicado en la revista Vade Mecum del Jaimista.

Quienes se llamen demócratas no pueden racionalmente hacer de la tutela centralista, del predominio de los supremos órganos de la autoridad, una condición indispensable para el mantenimiento de la unidad de la patria. Eso implica la renuncia a todas las exaltaciones de los méritos y eficacias de la libertad. El centralismo, que supone la uniformidad, evoca inevitablemente la idea una voluntad cesárea y despótica que impone a los pueblos moldes legales nocivos e inconvenientes, porque una vestidura uniforme no puede acomodarse bien a lo que esencialmente esta regido por el principio de la diversidad. ¿Qué importa que esa voluntad sea la de un tirano o la de una oligarquia que, a nombre del Estado, imponga hasta el último confín de la patria su autocrático señorío?… Sigue leyendo

Esbozo del Programa Tradicionalista (1908)

Folleto de Juan María Roma.

Las leyes pueden ser de tres clases: leyes de derecho natural, que ningún pueblo puede conculcar, como “no matarás”, “amarás a tu padre y a tu madre”, “el hombre es libre”; leyes tradicionales, que son las que un pueblo se ha dado a si mismo durante siglos y siglos, del mismo modo que otro pueblo se ha dado otras diferentes; y leyes accidentales, que son las dadas a tenor del derecho natural y de las tradiciones a cada instante y según los tiempos. Sigue leyendo

Catalunya y els Carlins (1900)

Folleto de Joan Bardina.

La Revolución francesa, cuna del parlamentarismo neo latín, lo es también del centralismo y del individualismo. Así lo reconoce Prat de la Riba, en su discurso de la Asamblea de Manresa y así lo creen todos los pensadores. Porque si reforzar las personas jurídicas y sociales equivale a dar menos importancia al individuo, es evidente que el liberalismo, que deifica al individuo, será antitético con el regionalismo, cuando el objetivo son las personas sociales. De aquí que los partidos liberales españoles hallan sido siempre centralistas; de aquí que lo sean los actuales partidos dinásticos; han de serlo por fuerza, mientras sean liberales y parlamentarios; siendo puras mentiras de engaña tontos todas aquellas promesas de silvelo-liberales. Las ideas nos decían que no podían ser otra cosa; la práctica ha venido a corroborar las ideas. Sigue leyendo

Catalunya Autónoma (1899)

Folleto de Joan Bardina.

Don Carlos, desde hace 30 años, cuando no existía ningún catalanista, cuando todo el mundo era rabiosamente centralista, prometía ya reconocer a Cataluña “Cortes Catalanas, Diputación o Ministerio, uso oficial del catalán, autonomía universitaria y judicial”. Cuando ¡veinticuatro años después! se escribían las Bases de Manresa, los catalanistas copiaban ad pedem litterae el programa carlista. Sigue leyendo

Juan Vázquez de Mella sobre los Derechos de las Regiones (1900)

En la conferencia pronunciada en la Asociación de la Prensa de Madrid, en 1900:

“1.º A conservar y perfeccionar su propia legislación.

2.º A resolver por los Tribunales regionales, dentro de su propio territorio y en última instancia, los litigios que se refieren a su derecho privativo.

3.º Al uso de la propia lengua en las relaciones oficiales interiores en lo que consideren necesario. Sigue leyendo

Juan Vázquez de Mella sobre la Monarquía Federal (1890) y (1916)

Discurso pronunciado en el Congreso el 30 y 31 de mayo de 1890:

«¿Quién puede negarlo sobre todo en España, donde estas regiones forman una verdadera personalidad histórica? ¿Quién puede negarlo aquí, donde la unidad nacional es posterior a las entidades regionales y que, en cierto modo, se ha establecido por pacto implícito, formando eso que yo llamaba con asombro de algunos, «monarquía federal»? Porque aquí, la nación, mejor diré, el Estado central, ha sido la resultante de la unión de varias regiones que antes eran independientes, pero que al unirse no han podido perder aquellas prerrogativas y facultades esenciales a toda entidad jurídica, sobre todo si es de un orden tan superior como lo son las regiones.» Sigue leyendo