El carlisme català durant la Segona República Espanyola (1931-1936). Anàlisi d’una política estructural (2008)

 

El llibre se centra en l’estudi del tradicionalisme català durant la Segona República Espanyola i és emmarcat dins les lluites electorals i les turbulències socials, econòmiques, polítiques i militars dels anys trenta. És una de les poques obres que abasta tot el període republicà i cobreix aquesta gran llacuna dins la historiografia catalana en el seu redreçament nacional.

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El carlisme catalanista a la fi del segle XIX: Joan Bardina i Lo Mestre Titas (1897-1900) (1996)

Recerques: història, economia, cultura > 1996: Núm.: 34

Jordi Canal

El carlisme catalanista a la fi del segle XIX Joan Bardina i Lo Mestre Titas (1897-1900)

El Estatut carlista de 1930: ¿hoy es ayer? (2011)

La Vanguardia

02/01/2011

Xavier Casals

Reivindicaciones clave del catalanismo actual ya fueron formuladas por los carlistas antes de la II República

El origen del ahora reivindicado concierto económico remite a las llamadas Bases de Manresa de 1892

Instaurar un concierto económico, hacer del catalán el único idioma oficial o establecer una confederación de los llamados Países Catalanes son reivindicaciones –o sueños– de sectores amplios del catalanismo. Pero apenas es sabido que quienes las pusieron con más rotundidad sobre papel en 1930 no fueron nacionalistas radicales, sino integrantes de un movimiento exaltador de la unidad de España: los carlistas. Sigue leyendo

Proclama “Españoles, Catalanes, Viva Carlos V”, de Benet de Plandolit i de Targarona (1834)

Ya llegó al fin el deseado día de verme con nueva dicha entre vosotros y pisar nuestro suelo nativo jurando bañarle con mi sangre antes que emigrar a los países extrangeros. El Rey nuestro señor Carlos V, a quien he visto en mi peregrinación, que ignoráis, acaba de nombrarme segundo comandante general de este Principado, con encargo de restablecer en él la monarquía, y con el mismo objeto me previene que, en su real nombre, publique, como lo verifico, el brillante concepto que le merece la Cataluña, predilecta de su corazón por las pruebas de fidelidad en 1808 y 1822; que invite al clero, a la nobleza, y al pueblo en general, avisándoles que el Rey está en campaña; (…) y que correspondiendo a los esfuerzos que dichas clases hagan en defensa de su soberanía e indudables derechos, que tampoco pueden ya ignorarse, promete guardar los antiguos privilegios a este Principado, respetar y mantener en estado floreciente la santa religión de nuestros progenitores, proteger el comercio, fomentar la industria, reparar los daños de los ramos del Estado, y finalmente no escasearemos sus benéficas miras a los que se hiciesen dignos de alcanzarlas. Sigue leyendo

Adiós al líder carlista (2017)

Tiempo de Hoy

06/07/2017

Luis Reyes

Cegama, Guipúzcoa, 24 de junio de 1835. Muere Zumalacárregui, el general que creó el Ejército carlista y puso en jaque al Gobierno liberal.

El pretendiente don Carlos, Carlos V para los carlistas, tenía que sustituir a su general en jefe, muerto en combate, y no tuvo mejor ocurrencia que nombrar generalísima de sus ejércitos a la Virgen de los Dolores. Parece una estupidez, pero lo cierto es que no había ningún militar carlista que pudiese cubrir el hueco que dejaba Tomás de Zumalacárregui, verdadera alma de la insurgencia armada. Muerto aquel caudillo, solo la intervención divina podía salvar la causa de don Carlos. Sigue leyendo

Proclama a los catalanes del Barón de Eroles (1822)

Este texto originado por los insurrectos realistas durante el Trienio Liberal (1820-1823), puede ser considerado un precursor del carlismo, en la medida en que frente al constitucionalismo liberal de importación francesa busca una alternativa en la renovación de la tradición foral. Constituida el 14 de agosto de 1822 la Regencia de Urgel, fueron difundidos dos manifiestos al día siguiente.

Catalanes: Tiempo había que lloraba en secreto vues­tras desgracias sin atreverme a tomar parte en ellas por temor a agravarlas; mas, viéndoos con las armas en la mano, resueltos a conservar intacta la religión, las cos­tumbres de vuestros mayores y la inviolabilidad del monarca, ¿cómo es posible que yo permanezca frío espec­tador en esta contienda? No, catalanes; vuestro bien­estar ha sido siempre el primer anhelo de mi corazón, y en vuestros votos, mi felicidad y mi gloria. Contando con vuestra fidelidad y decisión, jamás vaciló mi ánimo en los mayores peligros, y fiados vosotros en mi celo y lealtad, jamás desesperasteis de la salvación de la Pa­tria. No se trata ahora de riesgos como aquellos ni de lidiar contra un poder colosal. Provincias enteras sos­tienen vuestra causa; otras se preparan para el alzamiento, y aun en aquellas en que los constitucionales más confían hay, sin comparación, más número de votos a nuestro favor que en el suyo. El ejército, cuyo exterminio, por más que le debiesen, entraba en el número de sus decretos, que temiendo la reacción de su aluci­namiento había procurado aniquilarlo de mil maneras, re­duciéndolo a un estado puramente nominal, relajando la disciplina y la subordinación para mejor asegurar su caída. ¿Cómo, reflexionando en su abatimiento, pueden ser del partido de los que han obrado su ruina? ¿Ni cómo constituirse el defensor de quien lo desdora y lo destruye? No; el Ejército español, oyendo la voz de la razón y de la Patria, que no desconoció jamás, entrará en sus verdaderos intereses, abandonando a los que, guiados de una loca ambición, los han disuadido de sus primeros deberes. La guardia real de Infantería, los carabineros reales, regimientos enteros de milicias provinciales, han comenzado a dar el ejemplo, y todos los que se precian de españoles lo seguirán, quedando sólo en las filas enemigas la chusma de los comuneros y de los detestables anarquistas. Quédense enhorabuena con los compañeros de sus tenebrosos conciliábulos entonando canciones ínfamantes y licenciosas, que éste es el medio de purgar de una vez nuestro suelo de monstruos tan inmundos. Sigue leyendo