Archivo de la etiqueta: José Francisco de Alzaá

Proclama de Alzaá a los Guipuzcoanos (1833)

Proclama de José Francisco de Alzaá en Oñate (08/10/1833). Segundo texto conocido después del inicio de la I Guerra Carlista (02/10/1833) en el que se reivindican los Fueros.

Guipuzcoanos: A las armas. Viva el Rey D. Carlos V.

El turbulento liberalismo ha sentado ya su trono sobre la cima de nuestro oprobio. Pérfidas maquinaciones atentan contra el Trono que se finge defender: el patriotismo es ya un disfraz, la virtud una mentira. Aquella gavilla de traidores, que el año 23 derrotó vuestro esfuerzo denodado, y que intentaba regar de sangre vuestros campos, y cubrir de luto vuestras familias, anhela vengar hoy el ultraje de su infame vencimiento. Aquella horda criminal de bandidos peseteros que precedía sus falanges, se alista en sus antiguos pendones, y sirve de guía a vuestros asesinos. Guipuzcoanos, despertad, vuestra inacción será criminal. Dios, nuestros fueros, la Patria, el Rey nos llaman: sigamos. No está lejos el momento de nuestra ventura (…) Oñate, 8 de octubre de 1833. José Francisco de Alzaá

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«El Carlismo y las autonomías regionales» (1974)

Fragmentos del libro «El Carlismo y las autonomías regionales» (1974), de Evaristo Olcina Jiménez.

«REY Y FUEROS» (pp. 16-19)

Algunos sostienen -no está demostrado- que el primer grito carlista fue el de «rey y fueros». Frase que no se sabe si será cierta, pero, al menos, e ben trovata. Nos explicaremos. Ya hemos dicho al principio que el pueblo vivía marginado de cualquier inquietud o información política al iniciarse la crisis abierta por la invasión napoleónica; los antiguos mitos pervivían en una continuidad multisecular, que podemos remontar sin exageración a la Edad Media, en la que el rey era el supremo árbitro al que en apelación acudía el pueblo para defender sus intereses atropellados por el poder feudal. El monarca era el padre protector, figura que quedó definitivamente mitificada en los siglos XVI y XVII por la literatura de fondo puramente político y hasta por la teología, que sería cuidadosamente mantenida por el absolutismo borbónico y que incluso podremos ver reflejada en documentos muy posteriores -hasta Carlos VII- de los titulares carlistas. Sigue leyendo