Declaraciones de Vázquez de Mella: El Partido Carlista (1909)

Heraldo de Madrid, 29 de Junio de 1909.

1909

Pleito dinástico

– [Entrevistador] Sin embargo, la cuestión dinástica es tan importante para ustedes, que si desapareciesen sus símbolos no tendrían más remedio que aceptar los que ahora consideran opuestos.

– [Vázquez de Mella] De ninguna manera. La ley de mil setecientos trece, mal llamada Sálica, porque no excluye en absoluto a las hembras, ha sido negada de tal modo por la rama gobernante de don Francisco de Paula, que en todas las Constituciones que ha sancionado excluye para siempre de la sucesión a la Corona a la que funda su derecho en la ley de mil setecientos trece. Además, no podría invocar ésta sin declararse, lo que es absurdo, tres veces usurpadora. Los demás sucesores de don Francisco de Paula y de la Casa de Nápoles, o mantienen derechos a otros Tronos, o han reconocido a la dinastía imperante, negando la ley de Felipe quinto, y estando, por lo tanto, excluidos de los beneficios de ella.

– [Entrevistador] ¿Cuál sería entonces la rama heredera?

– [Vázquez de Mella] La de Parma, Infantes natos de España, que se ha mantenido fiel a la dinastía proscripta, reconociendo su jefatura y proclamando su derecho, y aunque ésta no existiese, como se ha extinguido en Víctor Manuel I la Casa de Saboya, que, en último término y extinguidas sus líneas varoniles, llamaba Felipe quinto, o se iría a parar a la hembra mayor del primogénito (archiduquesa doña Blanca), o se llamaría, como la misma ley dispone, a una nueva dinastía que la nación sacaría de su seno, si no quería tomarse de otra parte. De modo que no hay motivo legal alguno para reconocer la dinastía Alfonsina, ni aun suponiendo una serie rápida de desgracias se quedaría el carlismo sin símbolos adecuados para sus ideas.

Centro católico

– [Vázquez de Mella] (…) Por eso soy partidario decidido de la separación económica y administrativa de la Iglesia y del Estado. Una Iglesia con independencia económica y sin patronato puede juntar muchas fuerzas dispersas y hacerlas progresar; pero atada al Estado disminuye su influencia. Esta es una de las causas principales de que el catolicismo, que prospera en los países protestantes, disminuye en los latinos que se llaman católicos. Los partidos políticos medios desaparecen, y los radicales en sentidos opuestos avanzan. Pero esos partidos extremos tienen un carácter más social que político, al revés de lo que ha sucedido hasta ahora bajo el imperio del parlamentarismo.

Yo tengo más amor a la propaganda social que a la meramente política.

Esperanzas carlistas

El carlismo ha sido, ante todo y sobre todo, una fuerza social (…) Creer que sus elementos dispersos se agregarían a los partidos dinásticos y que opondrían una protesta sangrienta a los avances de la revolución es sencillamente una locura (…) Las muchedumbres carlistas pueden irse a su casa o a engrosar el socialismo; pero jamás de escolta a los partidos medios, porque se lo veda su condición resuelta y guerrera.

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