Archivo de la categoría: Román Oyarzun Oyarzun

Ramón Cabrera y Griñó (2000)

Gran Enciclopedia Aragonesa

(Tortosa, Tarragona, 1806 – Wentworth, Inglaterra, 24-V-1877). Prestigioso general carlista Buscar voz.... Hijo de un marino mercante, sus padres quisieron que fuera sacerdote, para que disfrutase de un beneficio eclesiástico adscrito a la familia; con este fin ingresó en el Seminario de Tortosa, donde seguiría estudios, más por inercia que por vocación, no llegando a ordenarse.

Al estallar la guerra civil Buscar voz... en 1833 se sumó a las partidas carlistas del Maestrazgo a las órdenes de Carnicer Buscar voz..., participando en diversas acciones de guerra no solamente en estas tierras, sino también en las del Bajo Aragón, ocupando Caspe, de donde sacó un cuantioso botín. Tras el fusilamiento de Carnicer pasó a ser comandante interino del Bajo Aragón, a fines de 1835. Al empezar el año 1836 diseminó sus fuerzas e impuso la guerra de guerrillas; por entonces tuvieron lugar los fusilamientos de los alcaldes de Valdealgorfa y Torrecilla, y, como represalia, el fusilamiento por parte de los liberales (Nogueras Buscar voz... y Espoz y Mina Buscar voz...) de la madre de Cabrera (16-II-1836). Tal muerte levantó polvareda en el extranjero y provocaría una cadena de represalias por parte de Cabrera, como la muerte de cuatro mujeres inocentes en Valderrobres. Sigue leyendo

Historia del Carlismo (1944)

Obra de Román Oyarzun Oyarzun, la primera historia general del Carlismo, cuya primera edición fue publicada en 1939. El libro digitalizado es la segunda edición, que incorpora una «Autocrítica y crítica a los críticos», donde el autor, antiguo militante del Partido Jaimista, manifiesta que «A los integristas y afines, mi obra no les agrada. Es un motivo de orgullo para mí. Quien dice la verdad es lógico que se sienta orgulloso».

1944 Román Oyarzun – Historia del Carlismo (2 edición)

Román Oyarzun sobre José Segarra (1939)

Román Oyarzun, Historia del Carlismo, 1939.

Ante la proximidad de Cabrera, Segarra perdió los estribos, y no sólo esto, sino su autoridad sobre su propia escolta, la cual, al percatarse de la traición que se preparaba, se volvió contra él, y tuvo que huir a uña de caballo y guarecerse en las filas liberales para librarse de la muerte. Desde Vich dirigió a los voluntarios carlistas y al Principado catalán una alocución concebida en los mismos términos de fementida honradez y falsa lealtad a los principios con que se expresan siempre los traidores, los que jamás tuvieron principios y los que jamás tuvieron lealtad.