Archivo de la categoría: * Historia general del carlismo

Josep Carles Clemente

Tirant

Josep Carles Clemente (Barcelona, 1935), es historiador, periodista y profesor. Está considerado como uno de los primeros especialistas en historia del carlismo y del movimiento humanitario mundial. Fruto de sus actividades profesionales como corresponsal de prensa por todo el mundo (Nueva York, Bruselas, París, etc.) ha conocido a distintos jefes de Estado, artistas, políticos y escritores de nuestro planeta, que participa de distintos géneros literarios o narrativos, como el reportaje, las memorias, la entrevista, el relato breve y el artículo de opinión. Un amplio mosaico de sensaciones que ponen de relieve la sensibilidad del autor en los problemas culturales y sociales más acuciantes de nuestra sociedad. Ha sido director de varias publicaciones: el semanario “Destino” de Barcelona y el diario “Poble Andorrá”; y colaborador de “El País”, “Diario 16”, “La Vanguardia”, “ABC” Y “Diario de Barcelona”. Actualmente colabora en Radio Exterior de España y en la revista “Historia y Vida”. Ha sido finalista en distintos premios literarios, como el “Espejo de España”, el “Comillas” u el “Anthropos”, y ha publicado más de una cincuentena de libros sobre historia, sociología, periodismo y derecho humanitario.

Historia del Carlismo (1944)

Obra de Román Oyarzun Oyarzun, la primera historia general del Carlismo, cuya primera edición fue publicada en 1939. El libro digitalizado es la segunda edición, que incorpora una «Autocrítica y crítica a los críticos», donde el autor, antiguo militante del Partido Jaimista, manifiesta que «A los integristas y afines, mi obra no les agrada. Es un motivo de orgullo para mí. Quien dice la verdad es lógico que se sienta orgulloso».

1944 Román Oyarzun – Historia del Carlismo (2 edición)

Citas de Melchor Ferrer sobre Víctor Pradera

El historiador carlista Melchor Ferrer Dalmau, en su Historia del Tradicionalismo Español, cit. en López Antón, José Javier (1999), Escritores carlistas en la cultura vasca, 125, 305.

Pradera estaba en rebeldía contra un principio fundamental del carlismo (…) Digamos que fue su amor a España lo que le empujó fuera de la ortodoxia carlista. Será un atenuante. Pero su amor a España no era mayor que el que tenía en su tiempo Carlos VII, y sin embargo éste, que tenía más talento que Pradera, no hubiera sostenido tales cosas. Así no es de extrañar que a la primera ocasión, la cuestión de Mella, Pradera rompiera con un partido cuya doctrina combatía, pretextando defenderla.

(…) una deformación ideológica que después hemos vista señalada en El Estado Nuevo, un tradicionalismo que no va más allá de los Reyes Católicos, lo que no es tradicionalismo, como lo ha entendido la Comunión (…) Así se explicarán los tumbos que dará fuera del carlismo desde 1919 y sus opiniones desde su reingreso en la Comunión hasta su muerte.

La dirección política de la Comunión Tradicionalista desde 1876 (1934)

Tradición (Santander)

01/07/1934

Melchor Ferrer

Al nuevo Secretario General en España, Don Manuel Fal Conde, digno continuador de los Jefes que la Real Confianza ha dado a nuestra Comunión.

Puede decirse que el Tradicionalismo Carlista no tomó carta de naturaleza como partido político hasta la Revolución de 1868. Fueron los hechos que empujaron al Carlismo a que interviniera en la vida política de la legalidad. No porque ésta fuera completamente abandonada con anterioridad a la Septembrina, por el Carlismo, pero éste gustaba más de los procedimientos bélicos, creyendo que para fracasar en las gestiones para reformar el Régimen imperante, bastaban las tentativas de Donoso Cortés, de Aparisi y Guijarro y de Cándido Nocedal, y los tanteos de Gabino Tejado y Francisco Navarro Villoslada; pero sin hacerse ilusiones sobre el resultado de estos generosos pero estériles ensayos.

No regateó, sin embargo, el Carlismo su ayuda a estas tentativas, antes bien, acudió con sus elementos y sus hombres. Los diputados carlistas, que lo eran de ideas pero que actuaban sólo como católicos, no faltaron en las Cortes de los últimos años de Isabel II, y los nombres de Muzquiz, Vinader, Fernández de Velasco, etc., dejan bien establecido que no dudaron un momento servir a España, bajo el caudillaje de los Nocedal y los Aparisi. Sigue leyendo

De banderas e imposiciones (2010)

Diario de Noticias (Navarra)

19/08/2010

Evarist Olcina y Patxi Ventura

Cada vez que contemplo la obra de Sorolla Tipos del Concejo del Roncal me produce una sensación de doble asombro, una por la obra en sí, y otra por la presencia de auténticos magistrados del pueblo, los seis o siete navarros que aparecen, que con sus trajes negros y sus cuellos blancos, me hacen permanecer absorto en su admiración. Pero aún hay algo más: la soberana majestad del alcalde mayor y el abanderado que enarbola el pendón del concejo, un estandarte con la cruz de San Andrés a los cuatro ángulos sobre formas geométricas de diversos colores al modo de tantas otras de Euskal Herria.

Es la bandera, la verdadera y única bandera -una más de la de entre tantos concejos y valles vascos- de un pueblo que se manifiesta como entidad soberana, un símbolo único creado por él y venerado de generación en generación. Una enseña, entre otras muchas, con las que los euskaldunes todos se alzaron en 1833 en defensa de sus libertades en una guerra que ya casi nadie discute que fue una auténtica sublevación para preservar la soberanía vasca amenazada mediante la imposición del unitarismo constitucional español. Sigue leyendo

También fuimos los primeros (2005)

Artículo publicado en el nº 24 de la revista El Federal del Partido Carlista.

2005 El Federal n24 Julio También fuimos los primeros

Cuando en 1975 murió Franco la gente de este país estaba como aterida, sus músculos relejaban la contención de la falta de libertad, sus labios aún no se atrevían a conectarse con el cerebro para decir la verdad, gritar y reír despreocupadamente; la inmensa mayoría seguía moviéndose meses después como en el día que se anunció el fin del dictador, con la mecánica del asustado siervo.

Sólo unos pocos continuábamos nuestra lucha, en la clandestinidad oficial,  y así estuvimos hasta al menos un año o-nosotros los carlistas- hasta 1977 cuando algunos a los que ahora santifican y enaltecen los lacayos del “siempre bien situados”, cometieron la villanía, con la tradicional bajeza de los miserables, de no legalizarnos, mientras atentaban a los asesinos del Montejurra 76, o se ametrallaba a los obreros de Vitoria. Sigue leyendo