Archivo de la categoría: 1845 Carlos VI

Documentos de la abdicación de Carlos V en su hijo Carlos VI (1945)

Carta de S. M. El Señor Don Carlos V
al Serenísimo Señor Príncipe de Asturias

Mi muy querido hijo: Hallándome resuelto a separarme de los negocios políticos, he determinado renunciar en tí y trasmitirte mis derechos a la corona. En consecuencia, te incluyo el acto de renuncia, que podrás hacer valer cuando juzgues oportuno.

Ruego al Todopoderoso te conceda la dicha de poder restablecer la paz y la unión en nuestra desgraciada patria, haciendo así la felicidad de todos los españoles. Sigue leyendo

Documentos de Bourges (1845)

Artículo de Jaime Balmes, publicado en El Pensamiento de la Nación (Madrid), nº 71, el 11 de junio de 1845.

París 1.° de junio de 1845.

D. Carlos ha desaparecido de la escena, y en su lugar se ha colocado su hijo; este es un acontecimiento importante. El manifiesto que ha seguido a la renuncia indica un notable cambio en la política; esto es todavía más importante. Pocos hombres habrá que reúnan una opinión mas general y más bien sentada, de honor, de religiosidad, de sinceridad, de convicciones, de deseo del bien público, que D. Carlos; pero si como hombre obtiene el aprecio y respeto universal, tampoco puede negarse que como príncipe era objeto de prevenciones tan fuertes, que nada hubiera sido bastante a disipar. Fueran justas o injustas, fundadas o infundadas, lo cierto es que existían; tratamos únicamente del hecho, no de la razón en que pueda estribar. Y en circunstancias como las de don Carlos, un hecho semejante no puede ser desatendido: quien no cuenta con fuerza material, ¿a qué queda reducido si le falta la moral? Y esta fuerza moral en un príncipe es muy diferente de su buena reputación como hombre particular; errados consejos o circunstancias infaustas pueden hacer inútil para ciertos objetos al mejor hombre del mundo. En 1832 la fuerza moral de D. Carlos, como príncipe, era muy grande; los errores, los desagravios, y el mismo curso de los años la han consumido. Aún entre muchos de sus mismos partidarios, el primitivo entusiasmo se había reducido a simple adhesión y respeto. D. Carlos habrá conocido su verdadera posición, y a su desinterés y rectitud de intenciones no le habrá sido difícil el sacrificio del amor propio, si amor propio [370] haber pudiera en conservar una posición que debía serle tan aflictiva. Sigue leyendo

Manifiesto de don Carlos VI a los españoles (1845)

Supuestamente redactado por Balmes.

Españoles:

La nueva situación en que me coloca la renuncia de los derechos a la corona de España, que en mi favor se ha dignado hacer mi augusto padre, me impone el deber de dirigiros la palabra; mas no creáis, españoles, que me propongo arrojar entre vosotros una tea de discordia. Basta de sangre y de lágrimas. Mi corazón se oprime al solo recuerdo de las pasadas catástrofes, y se estremece con la idea de que se pudieran reproducir. Sigue leyendo

Manifiesto de Maguncia de Carlos VI (16 de marzo de 1860)

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A los españoles:

Veinticinco años de un Gobierno parlamentario han debido convencer a la nación de los pocos resultados beneficiosos que podía dar este sistema de gobierno, tan encontrado con nuestras antiguas leyes y costumbres.

No es decir por esto que yo ponga el pie en España con intención de reinar como Monarca absoluto, queriendo cercenar para nada al país su legitima representación en la gestión de los negocios públicos; creo que ha llegado el momento de buscar en la historia de nuestras antiguas libertades, de esas libertades cuyo origen se pierde en la oscuridad de los tiempos, en Navarra y las Provincias Vascongadas, y que en la Coronilla de Aragón y Castilla regían muchos siglos antes que naciera en Inglaterra, una formula en armonía con nuestras costumbres, tan levantadas en otros tiempos, en que los procuradores a Cortes ponían un veto a los reyes hasta en sus gestos personales, y que los pueblos hacían justicia en los procuradores que no cumplían con su mandato. ¡Que diferencia entre unos y otros tiempos, tanto en los caracteres como en las libertades! El sistema que en los últimos años ha regido a España, apoyado en una serie de ficciones que repugnan a la razón, y teniendo por base la corrupción más completa en el sistema electoral, no ha aprovechado para nada al pueblo y no es más que un nuevo feudalismo de la clase media, representada por abogados y retóricos. Las clases similares de la Monarquía han desaparecido. Sería una gran locura, por mi parte, querer reconstituirlas ab irato; pero encontrándome solamente con masas populares, pues la nobleza desaparece lentamente en virtud de la desvinculación y pérdida la influencia del Clero por las inicuas leyes desamortizadoras, la empresa más honrosa para un Príncipe es librar a las clases productoras y a los desheredados de esa tiranía con que las oprimen quienes invocando la libertad gobiernan la nación. Sigue leyendo