Archivo de la categoría: Actos de Montejurra (desde 1939 hasta hoy)

“Montejurra” (1957)

Poemario de Germán Raguan, publicado el 11 de agosto de 1957, dos meses después de la presentación de Don Carlos Hugo como Príncipe de Asturias ante el pueblo carlista congregado en Montejurra, que está acompañado de una sinopsis fotográfica de aquel día memorable en la Historia del Carlismo. Fue editado en San Sebastián por Industria Gráfica Valverde.

1957 Libro Montejurra

 

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Algunos datos sobre la familia Arraiza y la revista Montejurra

Los Arraiza, una de las familias carlistas más destacadas de la Navarra del siglo XX, estuvieron muy unidos tanto a la celebración de los anuales Montejurra como a la renovación del Partido Carlista durante el tardofranquismo.

De hecho la promotora del primer acto de Montejurra en 1939 sería Asunción Arraiza Jaurrieta, mientras que un primo hermano suyo, el arquitecto Eugenio Arraiza Vilella (casado con Angeles Rodríguez-Monte Moreno) fue el impulsor en 1964 de la revista Montejurra.

Después del fallecimiento de Eugenio Arraiza, del que informaba el nº 38 de la publicación, correspondiente al mes de junio de 1968, sus hijos, los abogados José Fermín y Juan Pedro, se harían cargo de la revista. En la época de los tristemente famosos actos de Montejurra de 1976 y 1977, José Fermín sería uno de los abogados del Partido Carlista en el primer proceso judicial abierto por los asesinatos, cerrado por la Ley de Amnistía, mientras que Juan Pedro era el presidente de la Hermandad del Vía Crucis de Montejurra, creada en 1956.

Aquel día (2016)

Diario de Noticias (Navarra)

10/05/2016

Aingeru Epaltza

Aquel domingo de mayo se levantó gris y desapacible. Eso no impidió que cogiésemos el tren, nos apeáramos en Izurdiaga y encamináramos nuestros pasos al nublado Erga. No llegamos a la cima, ni tan siquiera a la ermita de la Trinidad. Bajamos a Irurtzun mojados y embarrados. Ahí, en el segundo o tercer piso de un edificio en construcción, hicimos botellón, aunque todavía nadie lo llamaba así. Cometimos todas las necedades imaginables en chavales de 16 años cuando pretenden impresionar a ejemplares de su misma especie pero de diferente sexo. Fumamos varios paquetes de Ducados. Bebimos una botella de litro de Taberna Hermanos, tal vez más. A veces me sorprendo de que continuemos vivos. Para cuando regresamos a Pamplona alguien nos había dicho ya que algo había ocurrido en Montejurra. Al día siguiente, el patio del colegio era un hervidero, donde corrían las más increíbles historias. Algunas, como la participación en los hechos de gente que conocíamos, resultaron verídicas. Otras eran pura fantasía alimentada por la desconfianza hacía una prensa todavía mediatizada por la censura. Algunos fuimos carlistas por unos días. Otros, en cambio, disculpaban y comprendían a los pistoleros, cuando no los apoyaban abiertamente. Recuerdo una bronca monumental en clase, todavía, de Formación del Espíritu Nacional. Con alguna gente dejamos de hablarnos, casi para siempre. De vez en cuando me cruzo con ellos por la calle. Demócratas de toda la vida. Todo eso fue hace 40 años, y ya me estoy recordando a mi padre, contando dónde estaba y qué hacía el 18 de julio de otras cuatro décadas antes, también él con 16 años. A veces pienso que todo eso ha quedado felizmente atrás. Otras, cuando oigo o leo opiniones de determinadas personas, recuerdo el ambiente desapacible y gris de aquel día. De aquellos días.