Obituario, Juan Besa: Dios, patria y rey (2019)

Acueducto2

23/01/2019

Luis Besa

Con motivo del fallecimiento en Lérida, a los 83 años de edad, de Juan Besa Esteve, padre del coeditor de Acueducto2.com, Luis Besa, su hijo remite el presente obituario. Los colaboradores de acueducto2.com acompañamos en el sentimiento a nuestro compañero y su familia. El entierro será el 24 de enero en la parroquia de San Lorenzo de Lérida, a las 11 horas. En atención a familiares y amigos del finado en Segovia, el domingo 3 de febrero se realizará una misa de privilegio en la parroquia de Tabanera del Monte, 12 horas. Descanse en paz Juan Besa Esteve

Mi padre falleció el 22 de enero de 2019 a los 83 años de edad, víctima de una insuficiencia pulmonar. Se llamaba Juan Besa Esteve, abogado y político catalán. Hijo de Teresa Esteve i Esteve y de Lluís Besa i Cantarell, hijo a su vez de una acomodada familia leridana, concejal por la Comunión Tradicionalista entre 1931 y 1934, y fusilado por el Frente Popular en 1936.

Juan Besa creció, pues, como “hijo de caído”. Título que, a diferencia de lo ocurrido con tantos otros huérfanos del bando perdedor,  aparejaba“prestigio” social y la protección del régimen. Becado por el Banco Hispano Americano cursó estudios de derecho en Madrid, donde se implicó con las Juventudes Carlistas, entonces formación ilegal, siendo detenido en varias ocasiones.

Conviene aclarar que no por ilegal, el carlismo dejaba de proceder del bando vencedor. El trato a los activistas del “rey Javier” era muy diferente al deparado a los de las formaciones de izquierdas. Lo habitual era saldarlo con multas, regañinas del comisario y salir en la “Picota de los gamberros” del diario ABC. Incomprensión social y disgustos familiares. Como curiosidad, contar que en 1962 le mandaron a Atenas, a repartir propaganda antifranquista en la boda del príncipe Juan Carlos con Sofía de Grecia.

Pero la disidencia nunca es gratis. De regreso a Lérida, sus actividades proselitistas en Acción Católica y en el carlismo local, motivaron una espiral de despidos  de las que no salió hasta aprobar oposiciones de letrado de la organización sindical.  Casó con Maria Antònia Recasens Solé, con la que tuvo cuatro hijos, Maria Antonia, Luis, Clara y Joan.

Hacia 1965, el franquismo basculó  hacia un “juancarlismo” inasumible para los carlistas, que reaccionaron con un giro ideológico empapado del obrerismo del Concilio Vaticano II. Del Dios, Patria y Rey pasaron a defender una transición democrática con elementos foralistas y obreristas.

Eso estrechó el contacto de mi padre con la oposición catalana–que no era mucha- al régimen. Comisiones Obreras , sectores catalanistas, comunistas, liberales… Un totum revolutum que impulsó su candidatura  las elecciones por el tercio familiar a las Cortes, en 1969 en solitario, y en 1972 con el también abogado Joaquím Arana. Sin posibilidades  de batir a los candidatos oficiales, pese a lo cual obtuvieron buenos resultados. Hubo también otras consecuencias. En un mitin Besa y Arana reclamaron una democracia real y el estado federal entre  críticas a Franco que por su carácter público derivaron en denuncia por “propaganda ilegal” ante el Tribunal de Orden Público, penado con un mínimo de dos años de cárcel.

Recuerdo que a finales de ese año (yo tenía 7 años) mi padre me despertó muy pronto. Me dio un beso, me explicó que se iba a Madrid donde lo habían de juzgar, que dándose mal no me vería en dos años.  Ese es uno de los recuerdos más emotivos que tengo.

Les absolvieron. El TOP consideraba que pedir la democracia y la reforma “desde dentro del régimen” no era delito, aunque el pleito y el rechazo social le supusieron una importante sangría económica y profesional, pues Juan Besa siguió en el ajo, encuadrado en la oposición “no revolucionaria” al franquismo, que abarcaba desde socialistas a nacionalistas catalanes. Ya en democracia, con el carlismo muerto, en 1977,  aceptó encabezar junto con el abogado monárquico-catalanista Simeó Miquel una candidatura por la Democracia Cristiana-UDC por Lérida. Sin éxito.

En 1981 la UCD, precisaba lavar su imagen de partido del régimen con caras de la oposición y le fichó para el primer Parlament de Cataluña y resultó elegido. Sin embargo, él  no encajaba con ningún partido. En algunas cuestiones tiraba a socialista pero en casi todas las demás era enormemente conservador, españolista y ultracatólico. Se hizo del PP donde ocupó -muy a su pesar- una posición residual. Detestaba el autonomismo catalán, que consideraba un catalizador de la secesión. Fue el único parlamentario que se abstuvo en cosas como la ley de normalización linguística, lo que le costó la animadversión de los jefes del centrismo, entonces coaligados con Jordi Pujol. “La próxima vez, pide permiso y vete al servicio mientras votamos”, le aconsejó su jefe, Antón Canyellas. Así lo hizo mi padre en varias ocasiones más. Catalán de pura cepa, no podía con el nacionalismo catalán. Lo que le costó un buen dinero: fue el único político catalán al que se aplicó a rajatabla y retroactivamente el decreto de incompatibilidades y tuvo que devolver peseta a peseta dos años de haberes como funcionario. Eso sí, no sin antes los de Convergència ofrecerle la “condonación” del dinero a cargo de retirar un par de mociones molestas. Mi padre, que para nada era un hombre rico, alargó la hipoteca y pagó. Era honesto, libre y valiente en un sector, la política, donde pocos lo son.

Le encantaba la historia, las matemáticas, la música y la poesía. Hombre de buen humor, con prontos (un carácter difícil), y un gran amante de las cosas de Lérida, su ciudad, de la que era una enciclopedia andante. En 2012 publicó Portal de Cataluña, una “contra-historia” de la historiografía nacionalista catalana. También firmó muchos artículos en la prensa local. Le gustaba mucho Segovia, donde venía siempre que podía. “En qué ciudad más bonita vives”, me decía de continuo. Lo que más le gustaba era el Acueducto, claro, pero muy especialmente la plaza de San Martín de la que decía que era la más bonita del mundo. Disfrutaba de grandes momentos con su consuegro, también fallecido y padre de periodista, Justo Bravo. Ambos amaban la poesía y eran dignas de oirse sus educadas tertulias sobre si la “poesía moderna”, como decía mi padre, era mejor que la “clásica”, o al revés, como decía mi suegro, don Justo. También compartían muchos recuerdos de su mutua vinculación con Acción Católica y la mucha influencia, en ambos, del concilio Vaticano II.

Desgraciadamente, hace ya unos cinco años  empezaron a manifestarse en mi padre los síntomas que derivaron en demencia Fronto Temporal y Alzheimer. Ver a un hombre tan lúcido pasar por eso hace que para quienes le quisimos su muerte se nos antoje una liberación.

En  Navidad la familia estuvo junta por última vez. Le regalamos una boina roja.   De las pocas cosas que recordaba eran viejos himnos requetés. Siempre tuvo una ideología nítida: Dios, Patria y Rey. El último carlista.

Descansi en pau, pare.

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