El Tigre del Maestrazgo, el brutal general carlista que aplastó a los liberales españoles de Isabel II (2019)

ABC

09/01/2019

R. Alonso

Ramón Cabrera fue uno de los oficiales más importantes dentro del ejército de Carlos María Isidro. Se mantuvo en su puesto incluso después de que el infante partiese al exilio

En 1833 España se rompió en dos. No era la primera vez que ocurría, ni tampoco sería, como ustedes saben, la última. La muerte de Fernando VII vino acompañada de una guerra que sacudió hasta los cimientos el país. Las pretensiones al trono de su hermano el infante Carlos María Isidro provocaron el estallido de la conocida como Primera Guerra Carlista (1833-1840). La contienda estuvo protagonizada por algunos de los oficiales más importantes de la historia reciente española, como Espartero,O’Donnell o Zumalacárregui.

Entre estos nombres, que son pura Historia de España, se encuentra también el del general Ramón Cabrera. Conocido por sus enemigos como el Tigre del Maestrazgo, consiguió derrotar a las tropas partidarias de la regente María Cristina de Borbón en numerosas ocasiones. Mientras que las tropas realistas languidecían en el norte durante 1838, él logró dominar buena parte del este peninsular convirtiéndose en la mayor amenaza para el trono de la futura Isabel II. Incluso permaneció en su puesto después de que el infante abandonase el país rumbo a Francia.

Así fue como un joven que no estaba destinado a tomar las armas, la guerra le pilló estudiando para clérigo, terminó convirtiéndose en uno de los soldados más capaces que ha conocido España.

Infancia

El Tigre del Maestrazgo nació en Tortosa (Tarragona) el 27 de diciembre de 1803 en el seno de una familia creyente de clase media. Su padre, José Cabrera, era patrón de barco; mientras que su madre, Ana María Gribó, «era conocida en el barrio por su bondad y sus piadosas costumbres», como señala Javier Urcelay en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia. Con la ocupación francesa de la localidad catalana, la familia decidió hacer las maletas y probar suerte en la valenciana Vinaroz. La ciudad en la que el padre del futuro carlista falleció.

Con la desaparición de Carnicer de la ecuación, Cabrera se convirtió en el jefe carlista en la zona del Maestrazgo y se descubrió como un líder sumamente competente. Así se habla de su labor en el libro «Vida y hechos de Don Ramón Cabrera», publicado en 1856: «Organizó una terrible policía militar, buscó recursos y provisiones, organizó mil hombres para obtener con ellos los medios de armar y mantener a un número siempre mayor, y este fue el plan de sus escursiones, y esta necesidad lo que se llamaron sus rapiñas».

«Cabrera quiso que sus tropas fueran reconocidas como un verdadero ejército, que luchaba por la causa de un rey legítimo. Se sintió, por tanto, investido de todo el derecho para aplicar la autoridad que emanaba de su rey y para hacerla cumplir en lo que dependiera de él», comenta, por su parte, Urcelay sobre la dureza con la que el militar trataba al enemigo, que le comenzó a llamar Tigre del Maestrazgo. La virulencia del general carlista no hizo sino ir en aumento con el paso de los meses. La culpa la tuvo el asesinato de su madre a manos de los soldados liberales. Y lo cierto es que la respuesta de Cabrera no se hizo esperar.

Durante 1836, los realistas del Maestrazgo alcanzaron un buen puñado de victorias importantes. La guerra, ya cruenta de por sí, alcanzó cotas mayores. No había posibilidad de cuartel para el enemigo. Todo iba sobre ruedas para los intereses carlistas, pero entonces llegó la Expedición Real.

Un importante ejército, encabezado por el mismo Carlos María Isidro, se decidió a terminar con la guerra de un plumazo en 1837. El contingente llegó hasta las mismas puertas de Madrid. Sin embargo, tras pasar dos días acampados, el infante decidió no penetrar en la capital. Nadie sabe muy bien la razón que le llevó a tomar esta decisión. Nunca volvería a tener una oportunidad semejante de ocupar el trono. Pocos días después, los carlistas fueron derrotados en la batalla de Aranzueque a manos de las tropas del general Espartero.

Morella

Cabrera volvió al Maestrazgo masticando su ira. Era incapaz de comprender como era posible que se hubiese dejado perder la oportunidad de tomar la capital. En el levante comenzó a llevar a cabo una serie de conquistas que le convirtieron en amo y señor de buena parte de la Península. Mientras la causa de Carlos V se descomponía con gran rapidez, el Tigre ocupó la ciudad de Morella a finales de enero de 1838 pillando durante la noche y por sorpresa a los liberales que la guarecían. El general optó por convertirla en su capital. «Dueño absoluto de El Maestrazgo, fundó allí un verdadero gobierno y creó un ejército, estableció varias fábricas de fundición de artillería en Cantavieja, y en Mirambell otras de pólvora y fusiles», recoge «Vida y hechos de Don Ramón Cabrera» sobre la labor de este en el levante español. Se había convertido en la mayor amenaza para los liberales.

A pesar de que las tropas cristinas trataron de tomar Morella en varias ocasiones, el Tigre del Maestrazgo logró mantener la plaza en sus manos durante dos largos años. Para ello tuvo que hacer frente a ejércitos que le superaban enormemente en tamaño, como el comandado por el general Oráa, el cual estaba conformado por 20.000 soldados y más de 20 piezas de artillería. También hizo lo propio en Maella contra el general Pardiñas, quien, además, perdió la vida durante la lucha.

En estas andaba Cabrera cuando el 31 de agosto de 1839, el general carlista Maroto y el liberal Espartero firmaron la paz con el Convenio de Vergara. El acuerdo se hizo a espaldas de Carlos V, quien partió al exilio acompañado por buena parte de su ejército. El Tigre, por su parte, optó por mantenerse en su puesto combatiendo a los liberales. Todo, a pesar del fin de la guerra en el norte de España que, como señala Urcelay, «dejó libre al formidable ejército del duque de la Victoria, que se aprestó a caer sobre el Maestrazgo, combinando sus operaciones con el ejército del Centro».

El final

Ramón Cabrera y sus hombres aguantaron hasta febrero de 1840, cuando perdió Morella ante Espartero encontrándose convaleciente de unas fiebres que estuvieron cerca de llevarle a la tumba. Poco tiempo después de esta derrota, el general carlista se vio obligado a cruzar los Pirineos y exiliarse en Francia. Cinco años después volvió a la Península para participar en la Segunda Guerra Carlista. Sin embargo, este episodio estuvo lejos de adquirir las proporciones de la anterior contienda. Tras su finalización, el Tigre dirigió sus pasos hacia Londres, donde contrajo matrimonio y se convirtió en toda una celebridad.

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