Proclama de Verástegui a los Alaveses (1833)

Proclama de Valentín Verástegui en Vitoria (07/10/1833). Primer texto conocido después del inicio de la I Guerra Carlista (02/10/1833) en el que se reivindican los Fueros.

Alaveses: Ha llegado por fin aquel día tan deseado por los buenos como terrible para los malos; aquel día, que con tan justos motivos presagiaron vuestros corazones al ver que el impío sistema abolido por vuestras armas, comenzaba a renacer de entre sus mismas cenizas; día en que la perfidia liberal ha de ser exterminada para siempre del suelo español.

Sí, magnánimos y esforzados alaveses; sobrado fundamento teníais, cuando al tiempo de la restauración del orden y de la justicia decíais arrebatados de un celo patrio: no ha terminado aún en nuestra patria la tiranía de los pérfidos españoles, indignos a la verdad de este nombre; no han desaparecido de nuestro suelo aquéllos segundos vándalos, que por más de tres años han hollado sacrílegamente nuestra santa Religión, han tenido cautivo a nuestro monarca, y han abolido nuestros fueros y libertades patrias; nuevamente maquinan para perdernos. 

(…) Su execración contra el Dios Santo; la proscripción del sacerdocio divino; la abolición de las ceremonias santas; la libertad de pensar; la inmoralidad; el desenfreno de todas las pasiones; la venganza; los robos; los asesinatos (…) la abolición de nuestros fueros y privilegios, y la cautividad de nuestras libertades patrias; en una palabra, la destrucción de los altares y la ruina de los tronos que el Sumo Hacedor tiene establecidos para bien de la humanidad; tales son los verdaderos designios de la facción revolucionaria, y tales es el estado fatal y el abismo de males en que esta vil canalla pretende precipitar a nuestra amada patria. (…)

Compañeros de armas, alaveses todos: vuestro legítimo soberano es quien en este día os habla y llama para defender la religión y salvar la patria (…).

Elegid, alaveses; españoles, elegid: De vuestra decisión depende la existencia del trono español; en vuestras manos tenéis la felicidad y la ruina de vuestra patria. Católicos sois, la causa de Dios os llama protectores del altar; sois leales y fieles vasallos, y el mejor y más deseado de los reyes espera vuestro auxilio para exterminar la canalla liberal y consolidar su trono; nada os detenga; cooperad todos de un modo posible a la defensa de la causa más justa que los hombres han defendido. Dad gloria al Dios de los ejércitos que nos ha conservado ileso tan excelso príncipe y saludad con toda la efusión de vuestro corazón a vuestro nuevo rey y monarca esclarecido, repitiendo con los buenos:

¡Viva Carlos V, viva nuestro Augusto Soberano!

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