Elecciones de todos para todos (1979)

El País

20/02/1979

José María de Zavala Castella

El acto de votar, frío e indiferente, que muchos ciudadanos efectúan, tenemos que transformarlo en un acto de compromiso y solidario. Punto de partida para una participación responsable en el desarrollo democrático posterior.

Los resultados de las elecciones legislativas serán consecuencia lógica del recuento de votos que obtengan los partidos para poder constituir las Cámaras. Pero este resultado también estará directamente relacionado con la participación consciente que la sociedad haya desarrollado en la campaña electoral, para que así el voto sea responsable.

La vida democrática no comienza en la emisión del voto, ni acaba en el Parlamento, pero sí está condicionada por estos dos hechos. La vida democrática debe distinguirse por la permanente y constante participación de los ciudadanos en la cosa pública, a todos los niveles de la actividad social, política y económica; desde su pueblo, municipio, región o nación; desde su fábrica y sindicatos; desde su familia y desde el mundo de la cultura hasta la vida de los partidos políticos. Por ello la participación del pueblo en la campaña electoral tiene que transformarse en un acto y ejercicio democrático básico para asumir la opción política que responda a sus propios planteamientos y que responda a una posterior participación, como dice la Constitución en su artículo 23: «Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.»

El pueblo, como dice la Constitución, va a elegir sus representantes, en este caso para el Congreso y el Senado, dentro de muy poco para los ayuntamientos. Pero todo no acaba ahí, porque la política, la gestión política, ni comienza en unas simples elecciones ni acaba en la actividad parlamentaria.

Los problemas, los grandes problemas que el país tiene planteados y sus difíciles y complicadas soluciones, en parte han sido eludidos por las grandes formaciones políticas que, hasta ahora, han dominado el poder y la oposición. A partir de ahora, el pueblo debe exigir una política más responsable y menos brillante, con una participación constante de la sociedad a través de los niveles que le corresponden y a través de una clara información y debate público. El pueblo es consciente cuando hace la llamada a la responsabilidad de los partidos para afrontar y asumir la realidad de la crisis que atraviesa el país.

Aunque el artículo 67-2 de la Constitución diga taxativamente que «los miembros de las Cortes no estarán ligados por mandato imperativo», aunque a la convocatoria de elecciones al Congreso sólo se pueda concurrir a través de candidaturas cerradas y bloqueadas de partidos o coaliciones, aunque el ciudadano tenga el derecho a elegir libremente a sus representantes, los diputados y senadores elegidos el próximo día 1 de marzo solamente deberán responder a la demanda del pueblo que los ha elegido, pero ese pueblo será todo el pueblo español y el pueblo, los pueblos de la circunscripción por donde han sido elegidos. A ellos se deben y a ellos tendrán que rendir cuentas. No se sirve a los partidos, se sirve al pueblo a través de una opción política que presenta su partido.

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