Reflexiones de Pi i Margall sobre el carlismo

La falta de visión de los liberales respecto a la política agraria y la realización de la desamortización, vincularía numerosos sectores campesinos a la causa de Don Carlos, entendida como movimiento campesino frente a la “ciudad”, que les oprimía con sus contribuciones en metálico (más difíciles de soportar que los antiguos diezmos en especie).

Los pueblos, adviértase bien, aman por instinto el régimen federativo. No se unen voluntariamente a otro pueblo, que no empiecen por estipular, bajo una u otra forma, la conservación de su autonomía. Testigo nuestra misma España. Las provincias que se fueron agregando sucesivamente a la Corona de Castilla no perdieron de pronto sus fueros; y al verlos atacados después por los reyes, se alzaron y vertieron por ellos torrentes de sangre. Hoy, después de siglos de haberlos perdido, ¡con qué sentimiento no recuerdan aún que los tuvieron! Un pequeño grupo de provincias, las Vascongadas, han logrado salvar los suyos: temerosas de perderlos bajo el gobierno de Isabel II, las hemos visto en nuestros mismos tiempos levantando bandera por don Carlos y sosteniendo una lucha de siete años.

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