La reintegración foral/confederal como racional solución a los problemas de convivencia

Feliciano Vélez, Andoni Rabanal, Jesús Aragón, I.J. Salsamendi,
Iosu Uli y P.Ventura.

Militantes del Partido Carlista-E.K.A.

De sobras saben algunos, y por ello quieren borrarlo de nuestra memoria, que el euskera es nuestra más antigua y propia lengua, que nos acredita como navarros, y por tanto como herederos de los vascones, y que como idioma oficial junto al castellano, y patrimonio cultural de interés universal, todos estamos obligados a defender y a cuidar, aunque desgraciadamente a muchos no se nos haya dado la oportunidad de conocerlo no de hablarlo como quisiéramos.

Lo cierto es, que hoy y aquí, todo lo que suena a vasco está sometido a una implacable persecución liderada por el gobierno de UPN desde las instituciones que legal y éticamente debieran preservarla, mientras otras comunidades hermanas la miman y reconocen como propia, con todo cariño.

La retirada de la subvención a Euskaltzaindia, el cambio de rotulación de los indicadores de carreteras, la artificiosa zonificación que nos priva a muchos navarros de poder acceder a su conocimiento en igualdad de condiciones, las nuevas disposiciones legales del gobierno de UPN para la contratación y calificación del funcionariado, por las que resulta progresivo el número de ellos, incluso sanitarios, que la desconocen, teniendo como tienen que dar servicio a una cada vez mayor ciudadanía euskaldun, es una evidencia flagrante de todo ello.

Y esto sucede mientras en otras comunidades como Catalunya, Baleares y el País Valenciá, dedican todo tipo de recursos a la enseñanza generalizada y divulgación del catalán por todos los medios, incluso a la inmersión lingüística en este idioma desde la infancia, llegando hasta más allá de sus propios territorios, como es el caso de la llamada -5ª provincia catalana- en la que numerosos municipios aragoneses de la franja fronteriza que tradicionalmente han hablado catalán, cuentan con todo tipo de ayudas para su enseñanza, con el beneplácito del gobierno Aragonés.

En este sentido resulta paradógico y debiera ser aleccionador para sus cofrades de UPN, que hasta aquél que afirmó para oficializar la ikurriña tendrán que pasar por encima de su cadáver, y a pesar de haberlo hecho él sobre los de Vitoria y Montejurra, hoy desde la presencia del gobierno de Galiza, está promocionando la enseñanza generalizada del galego.

Desde luego, no es nada nuevo, recordemos que a exigencia de UPN, en 1995, fue requerida la obligada comparecencia ante el Parlamento, del presidente de nuestra Diputación Sr. Otano, para que diera cuenta de por qué el Sr. Cabasés, entonces Consejero de Industria, mantenía una pequeña ikurriña sobre la mesa de su despacho, a pesar de haberse acreditado que los símbolos constitucionales siempre habían ocupado su lugar oficial en el mismo, y que por tanto no existía ninguna contravención, pues en nuestro ordenamiento jurídico no existe legislación sobre otras banderas que no sean las oficiales.

Pero nuestro ínclito Presidente Sr. Sanz, sigue en su cruzada contra todo lo vasco y la ikurriña, que más allá de la identificación que en su origen tuvo con las ideas de su creador el Sr. Arana, en este momento, es el símbolo legal y democrático de Euskadi, una de las autonomías que, aunque a muchos pareciera que les disguste, representa a una de las partes del Pueblo Vasco que integra la comunidad de pueblos que hoy damos forma a las Españas. Autonomía esa de Euskadi, en la que la totalidad de los navarros, -incluidos los de Corella, y aunque se apelliden Sanz-, tenemos reconocido y reservado el pleno derecho a participar en igualdad, si algún día así lo decidiéramos voluntaria y democráticamente.

Esta claro que no somos pocos los navarros, que además de ser, vascos entre los vascos, por pleno derecho, nos reconocemos como tales, y mantenemos sentimientos de hermandad con toda Euskal Herria, sin que por ello hagamos ningún tipo de dejación ni renuncia a nuestra nacionalidad navarra, ni tengamos previsto hacer uso de esa deferencia que, agradeciéndola, tuviera en Euskadi con nosotros, como no podía ser de otra forma, si se pretendía usar el nombre de País Vasco, y que no nos obliga absolutamente a nada, excepto a la ética e histórica reciprocidad, ya que a través de la reintegración foral/confederal de todos los vascos en el histórico y soberano Estado Vasco de Navarra/Euskal Herria, sería como, rectificando los errores del pasado, encontraríamos como antaño, la más racional solución a los problemas de convivencia que hoy se nos plantean.

La vigente ley, fija la obligatoria presencia de las banderas oficiales y el protocolo de las mismas, y ahí se acaba la exigencia legal. De tal manera, que una vez cumplida, y si lo que se busca es dar cumplimiento a la legalidad, no tiene sentido el prohibir la adicional exhibición de un símbolo que es democráticamente legal en todo el territorio del Estado, y al que todos los navarros podemos optar, a él y a lo que representa, con pleno derecho, en función de un estatuto que como el de Euskadi, aún basándose en razones históricas, nace de la Constitución. Resultando además de como un menoscabo a los potenciales derechos de todos los ciudadanos navarros, como una afrenta, muy especialmente a los de aquellos que como los de Villava-Atarrabia, la mantienen desde hace 25 años, tras haberlo decidido en referéndum, y también, para quienes desde la vecina Euskadi, a pesar de la histórica defección de alguno de estos territorios hacia Castilla, hoy nos siguen considerando como hermanos.

Por esta presumible legalidad, y por las lógicas fricciones a que dará lugar, entendemos que sólo logrará, envenenar más la convivencia, y por tanto contribuir a la crispación y a la violencia que desde UPN, dicen, querer erradicar. De la misma forma que lo pudieran hacer quienes contrariando la voluntad expresa de algún ayuntamiento, a pesar de ello, la impulsarán por la fuerza, o los que apoyándose en su mayoría, y sin formar parte de su programa electoral, proceden a excluir su tradicional presencia aceptada mayoritariamente. Sobre todo tomando en cuenta que según nuestros Fueros, quienes ostentamos la condición civil de navarros, no deberíamos tener, oficialmente, ninguna otra bandera más, que la del reino Soberano de Navarra, y eso todos sabemos que no es así.

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