La dignificacion de la política (2005)

Diario de Noticias 27/10/2005

Gara 29/10/2005

F. Javier Ventura San Juan- militante del Partido Carlista E.K.A.

Los Parlamentarios Europeos, los muy cucos, se aprobaron el año pasado por inmensa mayoría, un mísero sueldo de 8670 Euros mensuales, fijando a la vez su jubilación en los 63 años, dado el tremendo esfuerzo que se ven obligados a realizar en su agotadora jornada semanal de lunes a jueves, tan injusta y escasamente recompensada, con diversos emolumentos y dietas que en algunos casos pueden no llegar ni tan siquiera a los 20.000 € mensuales (pero por poco), aunque en otros puedan acercarse a los 90.000€. De forma parecida, aunque con cifras menos gigantescas pero igual de desproporcionadas, también se han homologado los sueldos en el Parlamento de Madrid y en los autonómicos, suponemos que por aquello de que la igualdad hay que buscarla por arriba, y que la caridad bien entendida empieza por casa.

Resulta evidente que en una comunidad “democrática y pobre” como la europea, y no digamos en la española o la vasca , los sueldos de los parlamentarios que nos representan, deberían estar acordes con el de los representados, y muy especialmente con aquel que por Ley estos parlamentarios nos fijan como mínimos interprofesionales y que son la base de los ingresos de la mayoría ciudadana que con sus votos los ha hecho parlamentarios, y también para el calculo de muchas pensiones. Salarios mínimos mensuales, que aunque parezca mentira van, aproximadamente, desde los 116€ de Letonia, los 416€ de Portugal, los 513€ de España(599 con los 2 pagas), los 1.183€ de Irlanda, los 1.154€ de Francia o los 1467 de Luxemburgo, sin que ante tamaña afrenta, ningún sindicato haya llamado a la huelga general, y ningún rey, obispo, fiscal o defensor del pueblo, intervenga de oficio en defensa de la ética, la solidaridad, la democracia social y/o el bien común exigible en un régimen que se autotitula democrático; y lo que es peor aun, sin que la inmensa mayoría de esos votantes expresen su queja o voluntad de cambiar el sentido de su futuro voto.

¿En estas condiciones quien puede extrañarse del descredito de la política y de los actuales políticos?

Decía Carlos VII ya en el siglo XIX, “que si el País es pobre, vivan pobremente el Rey y sus ministros”, pero ya sabemos todos que no hay peor sordo que el que no quiere oír.

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