‘Utrimque roditur’ (2007)

Diario de Noticias

17/08/2007

José Ángel Pérez-Nievas Abascal

LLEVÁBAMOS mucho tiempo sin que nadie se ocupara de Navarra. Y eso que se ha debatido mucho, con motivo de los Estatutos, la misma estructura del Estado y su configuración. Nos han cansado hablando de nacionalidades históricas, algunas reales, otras inventadas, y nunca se mencionaba como tal a Navarra, tal vez entre las primeras, si no la primera de todas ellas, y madre de algunas.

Repentinamente parece que Navarra se ha convertido en el eje de la política. Tanto desde dentro como desde fuera. Por lo que hace referencia al interior, no hace mucho que los partidos políticos criticaban a quien diera la sensación, eso decían, de patrimonializar Navarra y de eso se ha pasado a que no se caiga de la propaganda política ese nombre, bien adoptándolo para coaliciones electorales unos, otros afirmando que lo daban todo por Navarra, dando la sensación de que Navarra estaba en almoneda al mejor postor, como si fuera una antigüedad…

Todo eso me ha llevado a recordar el lema de nuestro Príncipe de Viana por excelencia, don Carlos de Aragón, hijo de Juan II de Aragón y Blanca de Navarra. Decía “utrimque roditur”, debajo de dos lebreles disputándose un hueso, es decir, los dos lo roen… Se dice aplicado a la Navarra de entonces, y creo que puede aplicarse a la de hoy, aun cuando sean más de dos los que roen. Entonces, además de los que roían de fuera, al igual que hoy, también los había que de una u otra manera lo hacían desde dentro.

Navarra se encontraba dividida en facciones empeñadas en una lucha feroz, difícil de entender hoy, agramonteses y beamonteses, cada uno con su correspondiente cabecilla que le daba nombre. La facción agramontesa apoyó al intruso D. Juan II de Aragón, en su lucha por la corona, frente a su hijo Carlos, primer Príncipe de Viana y Rey de Navarra a la muerte de su madre. Los beamonteses apoyaron a éste. Caso significativo entre los primeros, el de Juan de Jaso, señor de Javier, por matrimonio, reconocido agramontés, tanto él como su familia, que defendió al intruso frente al titular legítimo. Al cabo de pocos años, como todos los agramonteses, se volcó en la defensa de los reyes de Navarra Dª Catalina y su marido D. Juan de Labrit, frente a los intentos de arrebatarles el reino de Fernando, hijo del segundo matrimonio de Juan II de Aragón con Juana Enríquez. Por el contrario, los beamonteses se volcaron en apoyo del Príncipe de Viana entonces, para después apoyar a Fernando de Aragón, casado con Isabel de Castilla. Fue tan importante tal apoyo, que ha llegado a decirse que no hubiera sido posible el paseo militar del Duque de Alba por la Sakana en 1512, sin los beamonteses. Por cierto, que el ejército del Duque de Alba contaba también con el apoyo de señores y tropas de Guipúzcoa, Vizcaya y Álava. Esos apoyos, internos y externos, fueron también importantes para lo ocurrido después en Amaiur y en el desastre de Noáin. Como tudelano no puedo menos que recordar que fue Tudela, agramontesa, la última ciudad del Reino en rendirse a Fernando, tras desesperadas llamadas en petición de ayuda a sus reyes, que no pudieron prestársela y autorizaron su rendición. No estaría de más que, en estos tiempos de premios y reconocimientos de todo tipo, la Diputación Foral de Navarra reconociera esa actitud de Tudela, para que en su escudo, además de la puente con sus tres castilletes y las cadenas de Navarra, figurara algún recuerdo a esa lealtad.

Estos recuerdos históricos, traídos a cuenta porque los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla, y otros hechos, más recientes, que igualmente han puesto de relieve a dónde pueden llevarnos nuestras propias divisiones, y más si intervienen terceros, me lleva a pensar qué es lo que ha podido motivar el que Navarra, la gran olvidada, como he dicho antes, de pronto se haya convertido en el eje de las discusiones, comentarios y noticia de portada en los medios de comunicación escritos, y a mi parecer, tiene mucho que ver con nuestro pasado.

Tras los acontecimientos del siglo XVI a que he hecho referencia, la época de falta de disensiones internas que se produjo a continuación, por una serie de circunstancias, hizo que se aceptara la situación, aun cuando es cierto que con algo de recelo y a la defensiva, para evitar que el soberano, común con otras nacionalidades, invadiera esferas que no le eran propias. Así se llega a 1808. El secuestro de la familia real por Napoleón, la abdicación de Carlos IV de Castllla y VII de Navarra y la designación de su hermano José como José I, y la Diputación de Navarra que huye de Pamplona por no querer jurar como Rey a José I. Desde Tudela, donde se refugia, el 8 de noviembre de 1808, sin soberano, hace uso de una facultad de la soberanía y declara la guerra a Francia y hace un llamamiento a todos los navarros para que defiendan la patria hasta verter la última gota de su sangre.

La Constitución de 1812 surge como consecuencia de la desarticulación total de las instituciones propias de la monarquía, como consecuencia de la invasión francesa, y van surgiendo, bien Juntas, en aquellas nacionalidades que habían perdido sus instituciones propias, o las que la tenían, como Navarra, ante falta de titular de la soberanía, asumen sus facultades propias, como ejemplo, la declaración de guerra de la Diputación a Francia. Para coordinar esas distintas Juntas, crean una Junta Central, autoconstituída, que se atribuye facultades de coordinación para la guerra y, ante su fracaso, acaba acorralada en Cádiz, y disuelta, no sin haber convocado Cortes por vez primera, sin autoridad ninguna para ello, para todas las Españas y en plena guerra. Las constituyeron quienes acudieron sin más representación que la que se atribuían ellos mismos. Iniciadas sus reuniones lanzando por delante dos principios, el de la soberanía nacional y la existencia de la nación española. Su resultado: tuvo avances notables en cuanto a derechos individuales, pero no tantos como se cree, pues admite la esclavitud y establece restricciones políticas para los servidores domésticos, pero rompió toda una estructura que había venido permitiendo una convivencia de las Españas, no sin tensiones, para darnos dos siglos, en que éstas han sido constantes y la norma, no la excepción, y no vamos a enumerarlas, pero sí señalar que eso se traduce hoy en la situación convulsa en que vivimos en Navarra, no tanto en cuanto al día a día, es decir, en la convivencia de los navarros entre nosotros mismos, cuanto en la convivencia con los que nos rodean. Creo que debemos apostar por conseguir que no haya entre nosotros agramonteses y beamonteses y que la historia nos sirva de enseñanza de lo que pasó, y para que, teniéndola en cuenta, no nos aherroje, para que podamos adoptar las decisiones, más convenientes para nosotros, ahora y para el futuro. Si nos empeñamos, lo conseguiremos y podremos olvidarnos del lema del Príncipe de Viana. ¿De verdad lo queremos?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s