Paz sí, pero ¿qué paz? (2007)

Diario de Noticias

17/02/2007

José Ángel Pérez-Nievas Abascal

Viene hablándose de paz, circunscribiéndola al mayor o menor exito de las conversaciones que se mantenían o mantienen, al parecer, entre representantes del Gobierno central y ETA. Conversaciones que no quiero calificar, pero que todos conocemos, y que algunos han querido hacernos ver como la varita mágica que iba a serenar las aguas revueltas de la política de este país de países, para unos, España, para otros, Estado español y para otros la innombrable, acudiendo a cien mil circunloquios para no poner nombre a esa entidad, surgida al parecer, de la nada.

Es necesario el cese de la violencia, qué duda cabe, pero también está claro que sólo eso no nos traerá la paz. Hace falta que desaparezcan los odios entre las personas y las comunidades en sus distintos grados; que las ideas diferentes no se utilicen como armas arrojadizas entre unos y otros, en lugar de cómo distintas opiniones, todas legítimas siempre que no consistan en excluir a nadie y que todos puedan desenvolverse en todas las facetas de la vida, sin más limitaciones que el respeto a los demás, sin que eso convierta a nadie en posible objeto de represalias, del tipo que fueren…

Para tratar de aunar ese conjunto de voluntades, que no otra cosa es una sociedad viva, en nuestros tiempos, se ha llegado a la conclusión de que sean quienes la integran, quienes autogestionándose adopten sus propias decisiones. Y para ello desde los tiempos de Montesquieu se habla de tres pilares básicos para un desarrollo normal de cualquier grupo humano, cuyos integrantes sean iguales en derechos y obligaciones. Es preciso que haya quien formule leyes, quien gobierne y quien se ocupe de que las leyes se cumplan. La independencia de cada uno de esos pilares garantiza la pacífica convivencia. Ese sistema se conoce como democracia y su buen funcionamiento es garantía de paz…

Si hacemos introspección, ¿qué vemos en la sociedad en que vivimos? Podemos apreciar que las personas que los partidos políticos han designado, muchas veces a dedo, para que nos representen a todos, y a quienes todos retribuimos muy generosamente, por cierto, no cumplen sus obligaciones, como la de acudir a las sesiones, en lugar de las bancadas desiertas a que nos tienen acostumbrados; la falta de respeto de unos a otros; los pateos a quien expone lo que no les gusta o el abandono del salón en señal manifiesta de desprecio, como muy recientemente hemos tenido ocasión de presenciar…

Vemos también que determinados partidos políticos, abusando de su función, lanzan una ley de financiación, para ellos mismos, que aparte de sustanciosas subvenciones, al margen de las señaladas a los miembros de sus listas, permiten encubrir enormes donaciones encubiertas, muchas de ellas de entidades bancarias y cajas de ahorros, pues no otra cosa son grandes prestamos pasados a partidas fallidas, al no haberse satisfecho al cabo de los años. Y hablamos de miles de millones. Y la duda surge espontánea ¿a cambio de nada?

A la justicia la han pintado con los ojos vendados y una balanza en la mano. Siendo esto así no se alcanza a entender cómo jueces o magistrados salen a los medios de comunicación social a dar su opinión pública; a jueces que pasan de actuar en política, a desempeñar a continuación funciones judiciales, o incluso juez en activo que pasa a actuar públicamente como entrevistador del presidente del Gobierno… Todo ello lleva al enorme desprestigio de la justicia, y que las resoluciones de la misma, si no gustan, se atribuyan a influencias ajenas y eso se lleva de las cuestiones transcendentes, a las de cada ciudadano y al convencimiento de que la justicia no es para todos y, por supuesto, tampoco igual para todos.

Y ¿qué podemos decir del Gobierno o Poder Ejecutivo? En nuestro sistema de mayorías absolutas o casi absolutas, de listas cerradas en las elecciones, al Gobierno, prácticamente, no lo controla nadie. Sujeta férreamente al legislativo, por medio del partido, del que dimana e incluso al judicial… basta recordar el caso GAL.

Mientras esto siga así, podrá cesar la violencia terrorista, por supuesto, muy importante, pero deberá desaparecer todo el sustrato que lo ha nutrido y que no puede desaparecer de la noche a la mañana, y después de ello o a un mismo tiempo poner mano a todos esos factores expuestos, para corregirlos, que nos permitan a todos convivir, compartir y contribuir a que se formulen las decisiones que nos afectan. Entonces posiblemente nos hayamos acercado a una paz verdadera.

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