Lácar, capuchas y pistolas (2007)

Diario de Noticias

24/06/2007

José Ángel Pérez-Nievas Abascal

El pasado 12 de junio, en su Mugatik , Aingeru Epaltza arremetía contra unos actos celebrados en Lácar, en relación con la batalla del mismo nombre en la tercera guerra carlista, por ser conmemoración guerrera.

No logro entenderlo. Los alardes son conmemoraciones guerreras, y lo son las tamborradas donostiarras y lo son muchas de nuestras danzas ancestrales, o de las pastorales de Iparralde. No sé si es que en los otros territorios puede hacerse y en Navarra no, o que hay que borrar de la historia todo lo que se refiera a las guerras carlistas y el movimiento popular que las sustentó.

Termina Epaltza con una equiparación de los de las pistolas y capuchas y el carlismo. Creo que existe diferencia.

El Partido Carlista fue brutalmente agredido en Montejurra en 1976, con muy altas complicidades, con armas y municiones del Ejército, para hacerlo desaparecer. Ni se encapuchó ni tiró de pistola.

El Partido Carlista apoyó a las familias de los muertos y heridos y los encaminó a la vía judicial, de la que más vale no hablar. Terminó con la amnistía de los asesinos. Y el Partido Carlista ni se puso la capucha ni sacó las pistolas.

Cuando el Partido Carlista pretendió celebrar un mitin en Estella se le denegó la autorización porque era un acto político dado el carácter de las personas que iban a intervenir. Al mismo tiempo se daba autorización al PSOE para que intervinieran Felipe González, Rubial, Guerra, Múgica y demás en el frontón Astelena de Eibar, y a Gonzalo Fernández de la Mora en el cine Olite de Pamplona. Y ni se emplearon las capuchas ni se utilizaron pistolas

Tampoco las empleó cuando no se le legalizó en 1977, arbitrariamente, afirmando que era público y notorio que pretendía cambiar el régimen, y el silencio cómplice de las demás fuerzas llamadas democráticas, cerrándole el paso a las elecciones, con las consecuencias que todavía se continúan sufriendo.

Desgraciada equiparación señor Epaltza. Esperemos que todos pongan el mismo esfuerzo y aceptación de las reglas del juego que el Partido Carlista para lograr una sociedad más justa, y que libremente pueda decidir y escoger, sin capuchas ni pistolas, pero también sin talegos o zacutos llenos de oro. Con los primeros no se puede llegar a esa sociedad, pero mucho menos con los talegazos de los otros.

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