El Partido Carlista y el señor Felones (2006)

Diario de Noticias

08/06/2006

Inma Sanz Guruciaga

Me cuentan que el presidente del PSN, el señor Felones, al parecer, sin venir a cuento, ha escrito en algún medio de comunicación que se publica en Navarra, y que no simpatiza precisamente con el carlismo, salvo cuando le fue necesario para sacarle las castañas del fuego, hacía algunos comentarios peyorativos sobre el Partido Carlista, su pasado y futuro, trayendo a cuento Montejurra, el último ciclo de conferencias sobre carlismo y el futuro museo.

Quiero decirle al señor Felones que es muy fácil desde una postura de poder y fuerza menospreciar a los que no se encuentran en la misma situación, pero que también hay que analizar el cómo y el porqué de esas dos situaciones.

Acababa de morir Franco -noviembre de 1975- y todos los partidos políticos, todavía en la semiclandestinidad, integrados en la junta democrática, primero y después en la llamada Platajunta, se preparaban para afrontar la nueva situación. En el mes de abril de 1976, se celebró un importante acto político en el frontón Astelehena de Eibar con intervención de Felipe González, Alfonso Guerra, Enrique Múgica, Rubial, Txiki Benegas, entre otros, acto debidamente autorizado al que se dio gran protección policial, y destacada relevancia en todos los medios de comunicación, gran parte de los cuales eran de pertenencia estatal por haber sido prensa del Movimiento. Pocos días después, Gonzalo Fernández de la Mora, caracterizado representante de la ultraderecha, en un importante y céntrico cine de Pamplona pronunció una conferencia de marcado carácter político, acto también debidamente autorizado y protegido. Al Partido Carlista que tenía permiso del Ayuntamiento de Estella/Lizarra para un acto en la Plaza de Toros de esa localidad la tarde del día 9 de mayo, le fue denegada la autorización, pues se decía que por los que iban a intervenir, sin duda, alguna iba a tener carácter político. Quien lo denegó fue el señor Ruiz de Gordoa, gobernador civil de Navarra, cuya secretaria, desde el Gobierno civil reservó en el Hostal Iratxe, habitaciones para el hombre de la gabardina, los ultraderechistas argentinos, italianos y demás conmilitones, y siguió instrucciones para no entorpecer la Operación Reconquista , tan preparada y por altas instancias, que permitió a Valero Bermejo, de infausta memoria para Navarra en su época de gobernador civil, proclamar públicamente en un acto que se celebraba en Alcubierre en la mañana del mismo día 9 de mayo. En estos momentos se está reconquistando para España Montejurra.

Poco tiempo después, comienzos de 1977, preparando las elecciones, se publica la Ley de Asociaciones Políticas, siendo preciso solicitar la legalización. Todos se apresuran a hacerlo en el mes de febrero. De los clásicos se legalizan todos, con algunos reparos hacia el Partido Comunista, que se solventan rápidamente y es legalizado. Al Partido Carlista se le cierra el paso, afirmando que aun cuando la documentación presentada estaba en regla, era público y notorio que en realidad pretendía instaurar una monarquía distinta de la existente, y eso suponía un régimen político distinto y por tanto una actividad delictiva y que por tanto no podía legalizarse. Por lo visto, todos los demás aceptaban el régimen salido del franquismo y se pirraban por su monarquía. Se corrigió y se legalizó al Partido Carlista, pero justo un mes después de las primeras elecciones, que dieron lugar a unas Cortes que se autoproclamaron constituyentes, y que configuraron un mapa de situación para las sucesivas, en espacios, preferencias, subvenciones, etcétera, de las que se había apartado ya al Partido Carlista, y aún hoy continúa sufriendo las consecuencias. Por eso es muy fácil hablar despectivamente de otros cuando a uno se le ha apoyado, por las razones que fueren, al mismo tiempo que a otros se les ha negado el pan y la sal.

Creo que cuando, pese a todo, un grupo humano con especiales sacrificios de todo tipo continúa luchando por hacer llegar al pueblo que una sociedad más libre y justa es posible, merece cualquier cosa menos desprecio, y si se hace como lo ha hecho el señor Felones es una deslealtad, una traición y una fea acción hacia la sociedad a la que nos debemos todos.

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