“Noticias de Cabrera” (1848)

Artículo publicado en el diario de París “L’Union” nº 323, p. 2, de 5 de noviembre de 1848.

La prensa independiente española, bajo la tiránica dictadura de Narváez, no puede publicar mis protestas. Sin más fuente de información que las procedentes de las notificaciones oficiales de nuestros enemigos o de ciertas cartas de corresponsales que se limitan a informar de lo que se dice, esta prensa no se ve capaz de aclarar lo que pasa en la guerra en Cataluña. La prensa extranjera no podrá negarme su espacio: 1º, para desmentir las informaciones falsas y pueriles de la mayor parte de los caudillos que mandan las tropas isabelinas; 2º, para protestar contra las calumnias que los periódicos asalariados del gobierno de Madrid repiten incesantemente sobre mis voluntarios; y 3º, para exponer delante de mi país y de Europa la verdad sobre las actividades de ambos ejércitos.

Nuestro enemigos nos califican aún de bergantes, digamos incluso la palabra, de trabucaires. Si quisiésemos establecer, a partir de sus boletines oficiales, el número de muertos, heridos y prisioneros de nuestro bando, la cifra seria estremecedora. En cambio esconden siempre con mucho cuidado nuestros progresos siempre crecientes: la toma del castillo de la Bisbal, la del castillo de Cabra, la última derrota del general Paredes que, huyendo, abandonó 150 hombres y su propio caballo, etc., etc. La pluma de soldado que soy se niega a escribir los nombres de los jefes isabelinos que se han ganado los galones a partir de partes tan falseados como despreciables. Pero estos mismos caudillos no podrán negar que mis voluntarios han cogido las armas á sus soldados. Como tampoco podrán negar que el gobierno de Madrid se ha visto precisado á enviar á Cataluña 50.000 hombres, escogidos entre los mejores, y la flor y nata de los generales para combatir cuadrillas insignificantes de trabucaires. Esto es humillante para nuestros enemigos y definitivo para Europa. ¿Porqué el mismo gobierno acaba de implorar la colaboración de Portugal pidiéndole 8.000 hombres?.

Por lo que se refiere al odioso epíteto de trabucaires con el que nuestros enemigos pretenden rebajarnos, una simple reflexión es suficiente para hacer justicia. Mis 6.000 voluntarios no pueden combatir y á menudo vencer á 50.000 soldados sin la ayuda espontánea y poderosa de Cataluña. Una lucha tan desigual no habría durado tanto si no dispusiéramos de la simpatía de la noble población catalana. Ahora bien, si disponemos de ella es porque nos la merecemos.

Cataluña está cansada de las acciones arbitrarias del gobierno de Madrid, de su odioso sistema de corrupción. De este yugo vergonzoso, quiere deshacerse. Por lo que respecta á mis voluntarios, en gran parte se trata de hijos de Cataluña, la cual está orgullosa de su comportamiento, especialmente de su fidelidad y de su coraje. Incluso ciertos dirigentes enemigos no se atreven á negar estas cualidades á mis voluntarios, y son pocos los que lo hacen. Y es que la mayoría de estos dirigentes solo se propone una cosa: escalar en su carrera halagando al gobierno de Madrid. El coronel Rios, que manda la columna de Olot, se distingue entre ellos; si hubiese estado á mis órdenes, ya lo habría llevado más de una vez ante un consejo de guerra por su impericia y por la exageración de sus notificaciones. Sin duda, debe querer imitar al jefe de la columna de Ripoll que, después de haber sido vencido y asediado con sus soldados en Lilles, obtuvo gracias á un informe de los hechos absolutamente falso, el grado de coronel. Yo, á esto le llamo prostitución militar. Pero la pesadilla del gobierno de Madrid es la alianza carlo-progresista. La desgracia acerca siempre á los compatriotas que se ven perseguidos, deportados o fusilados por tiranos a los que solo la habilidad, la corrupción y la tiranía mantienen en el poder. Añadamos el hecho que el conde de Montemolín, en su manifiesto del 14 de septiembre de 1846, nos ha recomendado el olvido del pasado, la reconciliación. Fuera partidos, ha dicho, todos somos españoles. Desde entonces solo miramos como á enemigos á aquellos que nos combaten con las armas en la mano, y acogemos en nuestras filas con satisfacción á todos los progresistas que, privados como nosotros del derecho á la discusión, acuden al derecho á la insurrección para defenestrar á nuestro enemigo común. Debe decirse que su coraje y su valentía son dignos.

Por lo que respecta á los prisioneros, mientras el enemigo fusila ó deporta á los nuestros á Filipinas, yo hasta ahora los he dejado libres, excepción hecha de los oficiales, que han sido tratados tan bien como mi posición y las precauciones de la guerra lo permiten. Acabo de proponer al general Córdoba el intercambio de prisioneros. Esperemos que lo acepte. En cualquier caso, yo no seré responsable ante Europa de las consecuencias de su negativa. Por lo que se refiere á los últimos asesinatos de general Vilallonga, la nación se muestra aún humillada. Si no fuera que mi deber me retiene en esta fiel provincia, ya habría ido á recordar personalmente a este monstruo cuales son las leyes de la humanidad. Esperemos! Mis importantes ocupaciones no me dejaran, probablemente, rebatir las calumnias del enemigo que todos despreciamos. Al fin y al cabo, no haría otra cosa que repetirme, ya que mi sistema no cambiará. Mi conciencia se ha fortalecido por el honor de mis soldados y por la colaboración de esta leal y generosa provincia. Continuaré defendiendo á mi rey legítimo y la independencia de mi querida patria. Contribuir á su triunfo es mi ambición.

Cubells 5 de noviembre de 1848

Ramón Cabrera Griñó
Conde de Morella

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