La dinastía de los Borbones de Parma y su papel político (2009)

Fuente: http://www.borbon-parma.net

La Familia Real de los Borbones reinantes en Parma es heredera de las dinastías Capetas francesa y española y parte de ésta última, ya que los duques de Parma han sido siempre Infantes de España. También es heredera de la dinastía italiana de los Farnesios reinantes en Parma.

Don Felipe, el fundador de la rama, hijo de Felipe V, primer Borbón español, y de Isabel, última de los Farnesios, inicia su reinado en Parma una vez firmado el Tratado de Aquisgran en 1848.

Sus descendientes los duques reinantes permanecieron en Parma (salvo cuando el ducado es atribuido a María Luisa, la segunda esposa de Napoleón) hasta la unidad italiana. Entonces el último duque reinante, Roberto, todavía un niño, deja el ducado con su madre la Regente Luisa María, nieta de Carlos X de Francia.

Roberto de Borbón, Infante de España, combatió junto a su cuñado, Carlos VII de la línea sucesoria carlista, cuyos derechos a la Corona de España, según la ley sucesoria semi-sálica en vigor desde que los Borbones reinaran en España, defendiera con las armas en la mano. Participó, como coronel, al frente de un regimiento en la III Guerra Carlista.

Su hijo, el Príncipe Javier, hijo de la Infanta de Portugal María Antonia de Braganza, prestó servicio como oficial en el Ejercito belga en el curso de las dos últimas guerras mundiales. Intentó, siendo hermano de la Emperatriz Zita de Austria y primo carnal de la Reina Isabel de Bélgica, lograr una paz separada entre los Aliados y el Imperio Austro-Húngaro.

Salvando al Imperio se aseguraba una paz y un equilibrio desde entonces roto en Europa central. El proyecto fracasará por la nula comprensión de los Aliados.

Don Javier, que se casó en 1926 con Magdalena de Borbón, de la Casa Capeta de los Borbones-Busset, boda reconocida tanto por el jefe de la Familia, don Jaime de Borbón, como por el Duque Roberto de Parma, se dedica junto a su tío, don Alfonso Carlos (el último de los reyes carlistas de la rama mayor), al gobierno del Carlismo.

Será nombrado Regente por su tío, encargado por él de velar por la sucesión dinástica. De acuerdo con el deseo del anciano Rey y el derecho dinástico carlista, lo asumirá él mismo en 1952. Antes había tenido que hacer frente a su responsabilidad como responsable máximo del Carlismo en la guerra civil española. Expulsado de España por Franco, responsable entonces del “maquis” en Allier (centro de Francia) es deportado por los nazis sucesivamente a Natzweiler y Dachau.

A su vuelta, se hace cargo otra vez del gobierno del Carlismo, el partido popular más antiguo de España, nacido en 1833 para defender los derechos legítimos de Carlos María Isidro, el hermano de Fernando VII, y sobre todo los Fueros de los antiguos países de España, que constituyen para los carlistas el soporte de un Estado federalista, sobre la base de un pacto con el Rey, para defensa de las libertades populares (libertades colectivas) arrasadas por los regímenes semiautoritarios burgueses del siglo pasado y sus Constituciones meramente “semánticas” o formales.

Cuando el príncipe Javier asumió el mando del Carlismo, su participación en la guerra civil había sido motivada por la política antireligiosa de la II República.

A su vuelta de Dachau, preocupado por la paz civil y la necesaria reconciliación entre españoles, reemprende su tarea al frente del Carlismo y acepta su titularidad dinástica. En adelante, asociará cada vez más a su hijo y heredero, Carlos Hugo, entonces un joven economista y politólogo, al gobierno del partido, a su renovación, reorganización y evolución en pleno acuerdo con sus bases. El Carlismo se transforma en partido moderno democrático y progresista.

Desde 1957 hasta 1976, el príncipe Carlos Hugo es desde luego su líder, apoyado siempre (todos los documentos a lo largo de estos años dan fe de ello) por su padre y secundado por sus hermanas, las princesas María Teresa, Cecilia y María de las Nieves, y más tarde por su esposa Irene de Holanda, con la que se casó en 1964. Ejerce una pedagogía activa que permite a las capas populares que forman la base del partido, expresar en lenguaje moderno sus aspiraciones seculares en la línea de un humanismo cristiano y en la defensa y promoción de las libertades colectivas. Así, el Partido Carlista será de los primeros en reivindicar, por boca de don Javier, la libertad y la representación política, sindical y regional (I Congreso del Pueblo Carlista de 1970) contra la dictadura franquista y como fundamento de una futura democracia.

Cuando el dictador expulsa a don Carlos Hugo, junto a toda su familia en 1968, el partido con el que don Javier y don Carlos Hugo se mantendrán en contacto asumiendo su alta dirección, es ya un grupo organizado y militante, que opta por la lucha de masas, es decir la acción beligerante (manifestaciones, etc.) pero no la violenta, y de una democracia mucho más participativa (autogestión) que el modelo europeo, en el marco de un federalismo, única base a la vez sólida y flexible para mantener la unidad del país. Ejerce una influencia creciente sobre amplias capas de la sociedad, despolitizadas hasta entonces, angustiadas, para las cuales sirve de garantía de que la democracia venidera no sea opuesta ni a sus tradiciones ni a su fe.

El Carlismo conecta con la Iglesia, el Ejército, los Sindicatos y partidos clandestinos de la oposición. Trata de lograr su unidad. Sus dirigentes, su Familia Real, viajan al extranjero, participa en numerosos congresos, para dar cuenta de la situación española y suscitar un apoyo internacional a la naciente democracia.

El partido es fundador en 1975, junto al Partido Comunista, al Partido Socialista Popular y personalidades independientes, de la primera estructura parcialmente unitaria, la Junta Democrática. Se une luego a Coordinación Democrática, fundada por el Partido Socialista Obrero Español, antes de fusionarse ambas plataformas (Platajunta).

A partir de este momento el Gobierno y las fuerzas de la derecha franquista, las más retrógadas, se lanzan cada vez más contra él y su Familia Real, intentando intoxicar a la opinión pública, organizando un partido paralelo, la “Comunión Tradicionalista” de doctrina integrista. Finalmente, amparado por el Régimen lanza esta un ataque violento contra Montejurra, su peregrinación anual y también reunión política más importante en 1976. Habrá dos muertos carlistas. Pero el mundo entero, representado por los partidos clandestinos todos presentes y la prensa internacional, había sido testigo de la serenidad y sangre fría de los carlistas desarmados haciendo frente a elementos argentinos, italianos, franceses y españoles de la Internacional Fascista, integrados en los denominados “Guerrilleros de Cristo Rey”.

El drama de Montejurra, organizado por el Régimen para asustar al pueblo español haciéndole creer que la opción democrática era peligrosa tiene un efecto contrario, le ha abierto los ojos, haciéndole ver la unidad de la oposición, garantía de la democracia venidera, como única salida posible. El Partido Carlista, por su opción cristiana, conducido a lo largo de su evolución por su príncipe ha permitido, junto a otras fuerzas y personalidades democráticas, que se iniciara una “clarificación ideológica” de la sociedad al nivel de las estructuras mentales, como más tarde de las estructuras políticas y de crear el consenso que hizo posible la Transición democrática.

Legalizado después de las primeras elecciones, privado del apoyo logístico internacional, no logra, como casi todos los partidos en lucha, una representación parlamentaria. Pero el Carlismo, tanto al nivel de personas no enmarcadas en ningún partido, como también el Partido Carlista, aún existe. Esta representado en los municipios del norte, presente en la prensa y en los movimientos de base.

El príncipe Javier de Borbón, que había abdicado en presencia de la Junta de Gobierno en 1975, en su hijo y heredero Carlos Hugo, murió en 1977, rodeado de la veneración de todos los carlistas que veían en él tanto un rey como un padre.

Su hijo ha dejado de ser presidente del partido, pero permanece como su príncipe e ideólogo, ya que publica, así como sus hermanas, artículos y libros que se refieren a su experiencia pasada, pero también a sus perspectivas de futuro, de un porvenir en el que cabe mantener la identidad de los pueblos y defender a los más desamparados, los del Tercer Mundo, en la perspectiva de la globalización.

La dinastía de los Borbones de Parma no ha faltado a su misión, tanto en España, como en Parma. Ha sabido convertir su herencia histórica en liderazgo moderno al servicio de los valores de libertad y de justicia, a pesar de las calumnias y de los desgarramientos que ha tenido que sufrir. Ha sabido preservar el derecho de los que eran fieles al porvenir.

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