El MECD recibe el Archivo Carlista de la Casa de Borbón Parma (2002)

2002-archivo

Nota informativa del Gabinete de Prensa del MECD (04/07/2002).

  • El acto ha estado presidido por la ministra de Cultura, Pilar del Castillo, y el Duque de Parma, S.A.R. Carlos Hugo de Borbón Parma.
  • Tras su ordenación y clasificación, el archivo estará abierto a la consulta de historiadores e investigadores en el Archivo Histórico Nacional.
  • Los fondos contribuirán al conocimiento y divulgación del movimiento carlista en la Historia de España.

La ministra de Educación, Cultura y Deporte, Pilar del Castillo, y el Duque de Parma, el príncipe Carlos Hugo de Borbón Parma, han firmado hoy un convenio por el que el Archivo Carlista de la Casa de Borbón Parma se incorporará a los fondos del Archivo Histórico Nacional, para su consulta por parte de historiadores e investigadores.

Este archivo contiene fondos documentales que datan del último tercio del siglo XIX reunidos por los sucesivos titulares de la rama carlista de la Casa de Borbón. Los documentos más antiguos se remontan a 1860  y llegan hasta el final de la década de los 70 del siglo XX. La familia Borbón Parma ha custodiado este legado durante más de setenta años. En enero de 2002, el Duque de Parma comunicó al Ministerio su decisión de entregar este archivo familiar bajo la forma de depósito en comodato durante 99 años.

Los fondos recibidos suman unos 40.000 documentos escritos, además de documentos sonoros, fotografías y objetos de recuerdo o curiosidad histórica. Todos ellos contribuirán al conocimiento y divulgación del movimiento carlista en la Historia de España por parte de la comunidad investigadora.

Entre todo este material, que habrá de ser catalogado en el seno del Archivo Histórico Nacional, se pueden mencionar:

  • Diario personal de la III Guerra Carlista de Dña. María de las Nieves de Braganza, esposa de Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este, iniciado en 1872.
  • Instrucciones a los militares de la Tercera Guerra Carlista.
  • Proclamas de Don Carlos de Borbón (Carlos VII) sobre la guerra (1873).
  • Cartas a los Papas Pío IX y Pío X.
  • Batalla de Montejurra (1873).
  • Convocatoria de apertura de curso en la Universidad de Cervera, trasladada a la Portella “por la Juntat Superior Carlista de Catalunya durant la guerra dels Set Any” (1838).
  • Cartas de Juan Vázquez de Mella a Don Jaime de Borbón (Jaime III), en 1913.
  • Herencias del Conde de Chambord y del Duque de Módena.
  • Administración de bienes y cuentas privadas de Don Jaime de Borbón y Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este.
  • Diarios de viajes de Don Alfonso Carlos de Borbón y Dña. María de las Nieves de Braganza (Egipto, las Indias, Australia, Rusia, Japón, China, Cuba, Mesopotamia…).
  • Numerosa correspondencia de Don Jaime de Borbón, Don Alfonso Carlos de Borbón y Dña. María de las Nieves de Braganza.
  • Actas de reuniones de Don Jaime de Borbón con las Juntas Carlistas de Castilla la Vieja, Guipúzcoa y Valencia.
  • Certificado de autenticidad de un retoño de Árbol de Guernica (1934), con destino al castillo de Puchheim (Austria).
  • Correspondencia del príncipe Don Javier de Borbón Parma y Braganza con dirigentes de la Comunión Tradicionalista durante la guerra civil española (1936 a 1939).
  • Cartas de Don Alfonso Carlos de Borbón a su sobrino Don Javier de Borbón Parma, dando cuenta de los intentos de acuerdo dinástico con Alfonso XIII, y designándolo sucesor a frente del Carlismo a título de Regente (1936).
  • Reunión de jefes carlistas en Insúa (Portugal) con motivo del Decreto de Unificación dictado por Franco (1937).
  • Proclamación de Don Javier de Borbón Parma como Rey de la Dinastía Carlista por la Comunión Tradicionalista (1952).
  • Petición de audiencia a la Casa Civil del Jefe del Estado para los Príncipes Don Carlos Hugo de Borbón y Doña Irene de Holanda (1964).
  • Oficios de la Jefatura Superior de Policía de Madrid ordenando a Don Javier de Borbón Parma y a su hija Dña. Cecilia abandonar el territorio nacional (1968).
  • Alocución de Don Carlos Hugo de Borbón Parma en Hendaya (Francia) tras ser expulsado de España (1968).
  • Informe elevado por Don Javier de Borbón al Papa Pablo VI sobre la Iglesia española y la relación de su jerarquía con el régimen político (1970).
  • Nota sobre mensaje transmitido por el Ministro de la Gobernación, disuadiendo a Don Carlos Hugo de Borbón de que asista al nacimiento y bautismo de su primogénito, en caso de que tenga lugar en España (1970).
  • Correspondencia con el Premio Nobel de Economía John K. Galbraith, y carta dirigida por éste al presidente del Tribunal de Orden Público, con motivo del juicio a un grupo de sindicalistas (1973).
  • Intervenciones de la Princesa María Teresa de Borbón Parma en la Conferencia sobre Vietnam (Estocolmo, 1974) y en la Conferencia de Seguridad y Cooperación  Europea.
  • Referencias documentales sobre grupos integristas disidentes opuestos al liderazgo ideológico y político de Don Carlos Hugo (1970 a 1975).
  • Acta notarial sobre recogida de agua en el nacimiento del río Ebro, con destino a al bautizo de la infanta Carolina de Borbón Parma, cuarta de los hijos de los Príncipes Don Carlos Hugo y Doña Irene.
  • Documento de abdicación del Príncipe Don Javier de Borbón Parma en su hijo Don Carlos Hugo (1975).

Palabras de SAR Don Carlos Hugo en el acto de entrega del Archivo Carlista.

Al entregar hoy los archivos históricos de mi Familia, los que recibí de mi augusto padre, Don Javier de Borbón Parma y, a través suyo, de nuestros antepasados en la Dinastía Carlista, estoy convencido, junto a mis hermanas y mis hijos, de prestar un servicio a España.

Cumplimos nuestra voluntad de que estos fondos sean de conocimiento público. Que estén a disposición de cuantos historiadores e investigadores se interesen por un fenómeno genuinamente español, cono el Carlismo y sus abanderados. Y que su guardián más seguro sea el Archivo Histórico Nacional, un organismo del Estado y, por tanto, de todo el pueblo.

Obedece esta decisión al anhelo de que se conozca la realidad de la llamada Dinastía Proscrita, disipando estereotipos y versiones falaces, porque el devenir de mi Familia y del movimiento carlista refleja una historia de las Españas que no se debe sustraer a nuestro pueblo.

Depositamos  esta ingente documentación confiados en el prestigio y buen hacer del Archivo Histórico Nacional, dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. A este respecto, merece mi agradecimiento y público reconocimiento la disposición respetuosa y entusiasta que, para llevar a término el depósito hoy firmado, han mostrado nuestra Ministra Doña Pilar del Castillo y su equipo de la Secretaría de Estado de Cultura.

Mi satisfacción no es ajena al orgullo por el valor histórico y político de este legado documental. Los fondos que entregamos se remontan a la Guerra Carlista iniciada e 1872, tercera de las contiendas dinásticas y políticas del siglo XIX, y se extienden hasta el restablecimiento de la democracia en la década de los 70 del siglo XX.

Aquellas luchas, digo, fueron dinásticas porque surgieron de un conflicto de interpretación sobre la legitimidad sucesoria entre dos ramas de la Familia Real española. Y políticas, porque la rama carlista mantenía la función regia protectora de las libertades forales, de un concepto de la unidad nacional construida desde los derechos históricos de los pueblos de España.

Durante las tres guerras, los reyes carlistas se proclamaron defensores de las libertades concretas amparadas por el derecho foral. Aquello que Carlos VII resumió en su deseo de ser “el Rey de las repúblicas españolas”. Pero con la derrota del Carlismo y la abolición de los Fueros, desaparecían libertades políticas y sociales efectivas.

Se impuso un concepto de nación que reducía la sociedad al Estado y el individuo. Y la ignorancia de los cuerpo intermedios dio paso con el tiempo a los movimientos revolucionarios que abrieron nuevos cauces a la expresión popular. Se malogró una evolución serena de nuestro país, hasta desembocar en las tensiones y desórdenes previos a la guerra civil de 1936, con el enfrentamiento de las dos Españas.

La Historia siempre la escriben los vencedores, pero estos fondos que hoy entregamos aparecen nuevos testigos, en forma de documentos que iluminan lo que permaneció oculto por intereses políticos durante más de 150 años.

 Este archivo familiar arranca en Carlos VII, continúa en Don Jaime y en Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este quien, al final de sus días, traspasó la responsabilidad del Carlismo a nuestro padre, recordado hoy cariñosamente por  los carlistas como “el viejo rey Javier”.

Se dispara mi emoción al rememorar su figura. Recuerdo de mi niñez el testimonio de un padre expulsado de España en plena Guerra Civil, a causa de su radical divergencia con el sistema totalitario que impuso el general Franco. Un padre sobre el que se mantuvo la persecución, siendo arrebatado de nuestro hogar en acto de venganza del ejercito nazi, y deportado al campo de exterminio de Dachau.

Fue Don Javier auténtico cristiano, buscador incansable de la concordia, luchador contra el sufrimiento de los débiles, coherente hasta el final con los nobles principios de libertad y paz que cincelaron toda su vida. Con esa biografía como espejo, me incorporé con mis hermanas a la vida política española en los años 50. Lo hicimos liderando junto a nuestro padre un proceso de renovación política que abriera el camino de España hacia la democracia.

Resultó apasionante la experiencia de contribuir a la construcción de grandes instrumentos de diálogo político. Y conseguir que las fuerzas democráticas alcanzarán un objetivo común, desde la reconciliación entre los españoles.

En aquella encrucijada, la carga histórica del Carlismo le permitió mantener unas alianzas plurales en el espectro democrático: disipaba en la izquierda el temor a un continuismo postfranquista y tranquilizaba a la derecha ante la posible revancha de quienes –como nosotros- habían sido perseguidos por la dictadura.

Corresponde este recuerdo a los mejores años de mi vida al servicio de mi patria. Una patria en la que tanto costó que se me reconociera una españolidad de la que, paradójicamente, no se dudaba en ningún país extranjero.

Tras aquel protagonismo en la vida pública, he dedicado un largo tiempo a la investigación y a la docencia en los Estados Unidos, con la oportunidad de dirigirme a diferentes foros académicos en el resto del mundo. En esta andadura he comprobado cómo se han desvanecido penosas imágenes de nuestro país, consecuencia de episodios de un pasado felizmente superado.

Nuestro presente es de esperanza en la incertidumbre. Estamos abocados a una globalización, a la constitución de grandes unidades continentales o mundiales, cuyo sentido debe ser terminar con los dramáticos desequilibrios de la Humanidad y la peligrosa polarización entre naciones ricas y pobres.

Y España, cargada de historia y sabiduría, parte de una posición idónea para ser referente de la solidaridad global, la que busca compartir sus conquistas sociales, científicas, técnicas y políticas con los pueblos en vías de desarrollo.

Señoras y señores, consciente del legado histórico depositado en mi Familia, he firmado con el Estado –representado por la Ministra que gentilmente nos acoge-, un convenio pleno de valor histórico, y también político. No se trata sólo de poner a salvo un patrimonio documental, sino de despejar una incógnita: la de un Carlismo con sus luces y sus sombras, desdibujado y desplazado de su justo lugar en la memoria colectiva.

Constatando que el pueblo ha sido privado del conocimiento íntegro de parte de su historia, ha llegado para mí y para mi Familia el momento de dar este paso. Lo hacemos, hoy, en el marco de un sistema monárquico que no es el que pretendió el Carlismo durante su larga historia, pero que innegablemente ha sabido avanzar, junto a las fuerzas democráticas, hacia la normalización constitucional.

Deseo que este acto se interprete como otro eslabón para la consolidación política, el progreso social y el avance cultural, con la paz civil que les acompaña.

Palabras de la Sña. Ministra.

Alteza Real, Altezas, Querida Presidenta del Congreso de los Diputados, Excelentísimas e Ilustrísimas autoridades, Señoras y Señores:

El acto que nos reúne hoy a todos en este Salón Goya del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte tiene una doble dimisión institucional y académica, pero, además está cargado de una honda significación histórica.

Ninguno de nosotros ignora las tensiones políticas, sociales y culturales a que dio lugar el proceso de modernización de España durante los siglos XIX y XX.

Al igual que en otros países europeos, el paso de una sociedad estamental a otra basada en los parámetros del sistema político constitucional y la economía de mercado fue un camino difícil.

Por su arraigo popular y amplia influencia política, sobre todo en determinadas regiones de España, el carlismo constituyó una manifestación especialmente significada y polar de todas esas tensiones y lucha.

El hecho de que el carlismo afectara la legitimidad sucesoria de la Institución Monárquica revela, además, hasta que punto fue profundo este movimiento político.

La significación del carlismo no se limitó en todo caso al terreno dinástico, sino que siguió conservando su capacidad movilizadora  tras el cambio de régimen que tuvo lugar en 1931.

Paradójicamente, fue durante el prolongado eclipse de las instituciones constitucionales que siguió a la Guerra Civil, cuando el carlismo conoció una evolución política que lo conduciría a figurar dentro del amplio abanico de fuerzas políticas, partidarias de restaurar la libertad sobre la base de la reconciliación generosa de todos los españoles.

Con esta última evolución ha tenido decisivamente que ver Su Alteza Real don Carlos Hugo de Borbón Parma, Duque de Parma.

Don Carlos es descendiente por línea directa de Felipe V de España, y de la rama de la Casa de Borbón que reinó en Parma durante un siglo, aproximadamente. Es también sobrino de Zita de Borbón Parma, que fuera la última emperatriz de Austria-Hungría, siendo su padre, Francisco Javier de Borbón Parma, un miembro más de la Resistencia francesa, que demostró gran valor en los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra mundial.

Fue éste último quien asumió la sucesión de la rama dinástica carlista, una vez extinguida ésta, tras la muerte de Alfonso Carlos de Borbón en 1936.

La mezcla de entrega sin reservas a la causa de la legitimidad, junto con una intensa francofilia que revelan estos y otros antecedentes familiares  y políticos, ayudan a explicar la complejidad del camino político recorrido por don Carlos Hugo, cuya personalidad marca vigorosamente la última etapa del movimiento carlista.

Concluido el siglo XX con sus luchas y tensiones, a este Ministerio, al Gobierno y puedo decir también que a Su Majestad el Rey, les satisface enormemente la generosa decisión de Vuestra Alteza de entregar a la investigación la memoria documental de la causa con la que vos y vuestro padre os identificasteis plenamente.

De ahora en adelante, serán los historiadores y, a través de ellos, el público en general, los que discutan y analicen todas aquellas vicisitudes y anhelos, proponiendo y defendiendo diferentes interpretaciones.

En el plazo más breve posible, el Archivo Histórico Nacional pondrá a disposición de los investigadores un cuerpo de en torno a 40.000 documentos, cuyos componentes más antiguos se remontan a 1860, aunque el grueso de ellos tiene que ver con la trayectoria del carlismo bajo el régimen del General Franco.

Asimismo, el Archivo garantizará las mejores condiciones para la conservación de este legado de tanta relevancia histórica.

Os agradezco, pues, profundamente, Alteza, esta iniciativa tan fundamental desde un punto de vista historiográfico, pero también político e institucional.

Con ella, continuamos el camino de reconciliación entre los españoles. Reconciliación y convivencia que se ven siempre fortalecidas por el conocimiento racional de nuestro pasado, empresa que constituye, a su vez, una fuente de libertad.

Quiero subrayar que esta iniciativa da testimonio de Vos como Príncipe generoso y también sabio, pues es conocida vuestra dedicación intelectual. Y también contribuye a poner de manifiesto una personalidad, la de don Carlos Hugo de Borbón Parma, de trayectoria vital fuera de lo común por lo azaroso de sus vicisitudes, la dimensión varia y compleja de sus intereses y objetivos, que han estado marcados siempre por la generosidad y por la pasión.

Vuestra Alteza muestra, además, y así he tenido oportunidad de comprobarlo, un carácter grato, sutil y lleno de humor, cuyo conocimiento ha constituido para mí una oportunidad muy grata, dentro de mi trabajo ministerial.

Un Príncipe, en definitiva, Señoras y Señores, que por encima de todo, nunca ha olvidado su condición de español.

Muchas gracias.

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