D. Javier de Borbón Parma, Príncipe de la Cristiandad

Joaquín Cubero Sánchez

Don Javier de Borbón Parma y Braganza nació en Pianore (Italia) el 25 de mayo de 1989. Hijo del Infante de España y Duque Soberano de Parma Don Roberto I, hermano de la Reina Margarita esposa de Don Carlos VII.

Su padre y su tío don Enrique Conde de Bardi, lucharon en la tercera guerra carlista, alcanzando ambos los grados de general de brigada y teniente coronel respectivamente. Esta participación en la guerra provocó que el régimen caciquil de la Restauración no reconociera posteriormente su condición de españoles.

Su madre fue la Infanta de España y Princesa de Portugal Doña María Antonia de Braganza y de Borbón, hija del rey Miguel I de Portugal, y hermana de Doña María de la Nieves esposa de Don Alfonso Carlos de Borbón, Rey Legítimo de España desde octubre de 1931 hasta septiembre de 1936. 

Los primeros años de su vida transcurrieron en Italia, siendo su primer profesor el Padre Sergio Alonso, de la orden de San Gabriel, que en su juventud había sido voluntario carlista en la campaña de 1872-1876.

Después, vivió algunos años en Inglaterra y Francia, en el castillo de Chambord, pasando después al colegio de los jesuitas de Feldkirchen en Austria, elegido por sus padres para que recibiera una sólida formación de Príncipe Católico.

En esta época de su vida viajó por las tierras de los que entonces era Imperio Austro Húngaro y por Italia.

Terminados sus estudios preparatorios ingresó en la Academia de Artillería de Viena para recibir la formación militar necesaria, alcanzando el grado de oficial.

Pasó después a Francia donde obtuvo el título de ingeniero agrónomo, y terminada esta carrera, cursó después la de Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad Católica de la Sorbona.

Años más tarde marchó a Bélgica donde cursó estudios de Filosofía y Sagrada Teología en la Universidad Católica de Lovaina.

Íntimo amigo de su Santidad el Papa Pío XII, al que conoció cuando este era Nuncio Apostólico en Munich, y tuvo que huir de Baviera cuando en esta estalló la revuelta comunista. Pacelli huyó a Suiza donde fue acogido en la casa que allí tenía la madre de Don Javier.

En 1927 contrajo matrimonio con Doña Magdalena de Borbón-Busset, de la rama primogénita de la casa de Borbón, descendiente en línea directa de San Luis rey de Francia.

EL PRINCIPE MILITAR 

En 1912 siendo estudiante todavía, tomó parte en el alzamiento monárquico que se produjo en Portugal para derrocar a la entonces dictadura republicana muy ligada a la masonería. Para esto entró clandestinamente por primera vez en España, pasando por Pamplona donde se le unió un grupo de carlistas que se trasladaron a Galicia donde pasaron armas a Portugal. En Portugal tomó parte en el fallido asalto a la ciudad de Chaves. Esta es la primera vez que Don Javier se relacionó directamente con las bases carlistas.

PRIMERA GUERRA MUNDIAL 

Al terminar sus estudios estalló la primera guerra mundial, siendo de la misma opinión que su primo hermano Don Jaime, que entonces era el rey carlista, decidió luchar en el bando de las potencias democráticas contra los imperios absolutistas.

Quiso ingresar en el ejército francés pero no fue posible en virtud de una Ley prohibitiva que impedía la incorporación de los príncipes de sangre real al ejercito francés. Debido a esto se incorporó a la Cruz Roja en el frente francés. Mas tarde se incorporó como soldado raso en el arma de artillería del ejército belga (Don Javier era primo hermano de la Reina de Bélgica). Ascendió hasta comandante, con título de Estado Mayor, después de un curso completo de especialidad durante el tercer año de la guerra. Combatió en los frentes inglés, belga y francés, y se distinguió en las sangrientas batallas de Verdún y Chemin des Dames, siéndole concedida por su valor la «Croix de Guerre 1914-1918» de la República Francesa que le impuso el mariscal Joffre, así como la Cruz de Guerra belga y la Cruz de la Orden de Leopoldo, que le concedió el Rey de los belgas.

Testigo de los sufrimientos y destrozos que ocasiona la guerra, y ante las perspectivas de su duración, Don Javier y su hermano mayor Don Sixto, en respuesta al llamamiento del Papa Benedicto XV en pro de la paz, intentan conseguir entre los aliados y Austria una paz separada que obligase a Alemania a terminar la guerra.

El gobierno austriaco es favorable al proyecto, pues es la emperatriz Zita, hermana de don Javier, quien le ha instado a llevarlo a cabo, pero una indiscreción de Clemenceau, jefe del go­bierno francés, al hablar de tal intento al ministro italiano Sonni­no, lo hace fracasar.

Esta aventura de Don Javier y de su hermano mayor para conseguir una paz justa entre las potencias democráticas y el Imperio Austro Húngaro fue reconstruida en un episodio de una serie de televisión (el Joven Indiana Jones), siendo los actores que representaban el papel de los Príncipes de Borbón Parma los coprotagonistas del episodio. Pero por motivos que ignoramos, en la versión española no se mencionan los nombres y apellidos de estos dos príncipes.

SEGUNDA GUERRA MUNDIAL 

Al comenzar la segunda guerra mundial en septiembre de 1939 fue movilizado el ejército belga. Don Javier como hombre de honor, al ser invadida Bélgica por las fuerzas del Tercer Reich alemán, se incorporó como comandante de artillería en el Estado Mayor de la IV División, y al producirse el desastre aconsejó al Rey Leopoldo que marchara a Inglaterra, retirándose él a las líneas de Dunkerque y se incorpora a la artillería francesa del 39 Ejército. En la bolsa de Dunkerque se encuentran en estos momentos de ocho a diez mil españoles encuadrados en batallones de marcha y fuerzas auxiliares del ejército francés. El General en Jefe de las fuerzas francesas en Dunkerque le encomienda una misión confidencial cerca del gobierno francés; para cumplir esto sale de Dunkerque en un torpedero inglés, el “Flora”, en el que cruza el Canal de la Mancha dos veces para desembarcar en el Havre y poder trasladarse a París donde se entrevista con el ministro Reynand. Volviendo a incorporarse a las tropas francesas hasta la firma del armisticio franco-alemán.

Cuando Italia entró en la segunda guerra mundial, el gobierno fascista le confiscó sus bienes por considerarlo italiano (por su nacimiento) al servicio del enemigo. La prensa española publicó la noticia con la finalidad de desacreditarlo.

Después de la victoria alemana sobre Francia se traslada con su familia a San Juan de Luz, donde permanece diez días, y una vez que los ejércitos alemanes llegan allí, marcha a Pau desde donde pensaba ir a Portugal, pero le fue denegado el permiso de paso por España por el gobierno de Franco; solamente se autorizó el paso a su madre, su hermana Zita y otros señoras de su familia, pero condicionado a estar sólo tres días en territorio español. Don Javier se trasladó a la zona centro de Francia, fuera del área de ocupación alemana.

En diciembre de 1940 es requerido por Churchill y Pétain para que participe en la negociación secreta que se estaba efectuando entre sus respectivos gobiernos; negociación que concluyó en unos pactos conocidos como «los acuerdos Halifax-Chevalier»

Lord Halifax era ministro de Asuntos Exteriores de Inglaterra y Jacques Chevalier ministro de la Enseñanza Pública de Francia, ambos eran amigos de Don Javier y participaban de sus mismos sentimientos religiosos.

De común acuerdo fue designado árbitro en la aplicación de tal convenio, gracias al cual los barcos franceses podían seguir abasteciendo de alimentos a Francia en este período de escasez de productos alimenticios. Años más tarde, en 1949, motivado por la publicación de las Memorias de Churchill, don Javier publicó un libro, LES ACCORDS SECRETS FRANCO-ANGLAIS DE DÉCEMBRE DE 1940.

ACTIVIDAD ANTINAZI Y PRESO EN DACHAU 

Las primeras actividades de Don Javier en contra de los nazis consistieron en ocultar en los bosques de su castillo a los jóvenes franceses que huían de los alemanes para no ser deportados a Alemania donde trabajaban sin ningún salario en la industria alemana.

Más tarde, una vez que los alemanes entraron en la Francia no ocupada, participa desde el primer momento en la resistencia francesa. Tenía la dirección de la misma en la región de Allier y personalmente mandaba un maquis de ciento veinte hombres.

En las luchas del verano de 1944, al poco tiempo del desembarco aliado en Francia, fue detenido. Era el 22 de julio de 1944. Fue conducido a Vichy donde permaneció un mes en la cárcel de la Gestapo, siendo condenado a muerte acusado de terrorista, comunista y agente inglés.

La demora de la sentencia para dar a su ejecución idéntica forma que la sufrida por un oficial alemán, víctima de otro maquis, permitió la intervención de Pétain, visitado por la esposa de Don Javier, cerca del mando militar alemán para que Don Javier saliera de la cárcel de la Gestapo y pasara a la jurisdicción ordinaria militar.

Así, de Vichy fue trasladado a la cárcel de Clermont-Ferrand donde fue clasificado como prisionero oficialmente desaparecido siendo marcadas sus vestimentas con las letras NN “noche” y “niebla” (también son las iniciales de estos palabras en alemán), aquí coincide con el Obispo de Clermont-Ferrand, detenido por esconder sacerdotes católicos y judíos. Junto con otros prisioneros fueron conducidos al campo de exterminio de Natzweiler situado en Alsacia.

La proximidad de las tropas aliadas provocó la evacuación del campo y el traslado a Dachau. El tren que los llevaba fue bombardeado y en el incendio que se provocó se quemaron los fichas de los detenidos, con lo cual los alemanes, sabiéndole detenido, perdieron por un tiempo su pista. Vuelto a reconocer en Dachau, fue salvado por el incendio provocado en los ficheros del campo por unos españoles republicanos que también estaban allí. En sus declaraciones públicas siempre reconoció y agradeció este gesto de sus compatriotas. Fue dado por muerto por el médico alemán que visitaba a los prisioneros y, se le hizo una trepanación sin anestesia para curarle de una mastoiditis aguda, a la vez estaba sufriendo una bronconeumonía doble; al serle preguntado por sus compañeros si merecía la pena pasar por aquella operación en las condiciones que se encontraba y que mejor sería prepararse para morir, les contestó: «Estoy preparado, pero si pueden hacer algo por mi… porque nadie puede morir hasta que Dios quiere»

Salvado, fue nuevamente reconocido meses más tarde, pero ya en un momento en que a los alemanes les interesaba conservar como rehenes a personalidades importantes.

Ante el avance de las fuerzas americanas en Baviera, Dachau fue evacuado, y Don Javier fue trasladado a Prax en el Tirol, junto a prisioneros importantes de otros campos; allí se encontraban entre otras personalidades el dirigente socialista León Blum, éste último, tiempo después, en sus memorias al narrar estos momentos escribió referente a Don Javier: «…el Príncipe Javier… del que aprenderemos a amar la sencillez perfecta y la bondad… que se levantó en armas contra la Gestapo..»

El ocho de mayo de 1945 tropas americanas procedentes de Italia consiguieron liberar al grupo de rehenes.

La noticia de la liberación es festejada con júbilo en España, ya que para los carlistas representa el renacer de una nueva esperanza.

ACTIVIDAD CATÓLICA 

Don Javier no sólo fue un desatacado miembro de la Acción Católica, también pertenecía a diversas organizaciones católicas, algunas de ellas secretas. En muchas ocasiones sirvió directamente al Vaticano en muchas misiones que le encargaba directamente el Papa.

Fue el único príncipe que asistió al Congreso antimasónico de Roma.

Ante del nazismo alemán, anticatólico y pagano, estas asociaciones católicas secretas fueron movilizadas en toda Europa contra este enemigo de la Iglesia, Don Javier desempeñó importantes misiones de enlace entre ellas y el Vaticano. Pero los servicios secretos del nazismo que trabajaban a pleno rendimiento en la preparación de dominación de Europa detectaron a estos adversarios y Don Javier fue identificado por los nazis como un agente enemigo.

ESPAÑA Y EL CARLISMO 

SU PAPEL EN LA GUERRA CIVIL 

Nombrado Presidente de la Junta Militar Carlista de San Juan de Luz, organizó personalmente la compra de armas para las milicias carlistas, invirtiendo en ello parte de su fortuna personal, e incluso a veces transportándolas personalmente. Estas gestiones le costaron dos procesos por parte del gobierno del Frente Popular Francés y una fuerte multa que hubo de pagar.

Organizó y preparó el plan original de levantamiento exclusivamente carlista que se conoce con el nombre del «Plan de los tres frentes», consistente en levantar diversas partidas de guerrillas formadas por el requeté andaluz y extremeño que operarían a lo largo de la frontera portuguesa con una gran movilidad con la finalidad de atraer hacia ellos a las unidades del ejército y dejar desguarnecido Madrid y el centro peninsular, logrado este objetivo se levantarían los carlistas del norte y de levante que formando dos columnas avanzarían para tomar Madrid.

La coincidencia con otros planes ajenos y la intención de sumar a parte del ejército a la sublevación provocó que comenzaran a negociar con el general Mola, confiado el Carlismo en la palabra del simplote General Sanjurjo, sin sospechar que este hacía un doble o triple juego ya que también andaba en negociaciones tanto con los monárquicos alfonsinos como con los republicanos de derechas y de centro estaba en contacto con Mola. Este último también estaba en contacto con los servicios secretos alemanes.

El carlismo pretendía en estas negociaciones con los militares un verdadero pacto político que ofreciera garantías y también que la duración del nuevo gobierno fuese lo mas corta posible y que en este junto a los militares participaran también civiles. Posteriormente se efectuarían una elecciones libres en las que se decidiría por la forma de gobierno y de representación popular.

Este pacto no fue posible por el doble juego de Sanjurjo y por los compromisos de Mola con militares y políticos republicanos, los más pertenecientes a la masonería.

Iniciada la guerra civil, son las unidades carlistas las que llevan todo el peso de la misma durante los primeros meses, dándose el caso en que allí donde triunfo el carlismo fue donde el alzamiento tuvo éxito.

Los batallones de voluntarios carlistas andaluces llegan hasta el Cerro de los Ángeles que han de abandonar para conquistar Toledo, y los del norte llegan hasta Somosierra. La falta de municiones y los planes de los generales, especialmente Franco, le impiden tomar Madrid lo que hubiera supuesto la finalización de la guerra. Ya en octubre de 1936 las autoridades militares comenzaron a obstaculizar el reclutamiento de requetés en Andalucía ya que veían a los jefes de estos menos manejables que los jefes navarros. No hay que olvidar que las ciudades de Lopera y Porcuna fueron liberadas por una columna de requetés y que esta hubiera llegado a Arjona de no haber sido porque se ordenó estabilizar el frente.

Franco y sus aliados los alemanes prefieren una guerra de larga duración. Franco para asentarse mejor en el poder e ir practicando una represión despiadada, los alemanes para experimentar sus nuevas armas y , a la vez, conseguir ventajas comerciales para la adquisición de metales para su industria de guerra, principalmente hierro y wolframio.

Don Javier ordena que los requetés no participaran en la represión contra los vencidos y en los pueblos que liberaban, según recuerda muy bien el conocido psiquiatra Carlos Castilla del Pino en el primer volumen de su autobiografía, recientemente publicado.

Ante la intromisión alemana en la política de la España nacional, las directrices de Don Javier se orientan a conseguir que las unidades de Requetés formen columnas propias organizando también unidades de caballería y artillería, y que cuenten con sus propios oficiales carlistas.

Estos planes se verían frustrados por el golpe de Estado del 1 de octubre de 1936 en que Franco fue proclamando Jefe del Gobierno del Estado por una Junta de Generales, en la que no estaban todos representados; por la prohibición de la Academia de Oficiales de Requetés; el Decreto de Militarización de las milicias nacionales y, el destierro del Delegado de Don Javier, Don Manuel Fal Conde.

Más tarde el Decreto de Unificación, supuso la ilegalización del carlismo y el predominio de Franco y de la Falange en la zona nacional.

Durante el tiempo que duró la guerra civil Don Javier entró dos veces en España. Una en mayo de 1937 para visitar a su hermano don Cayetano que había sido herido en el cinturón de hierro de Bilbao. Don Cayetano se había alistado con bajo el nombre de Gaetán de Lavardín en un tercio de requetés cuyo comandante era un amigo de Don Javier, el granadino do Luis Villanova Ratazzi. Cuando este le comunicó la gravedad de las heridas de su hermano, Don Javier le contestó con una hermosa carta en la que le decía:

«También a mí me satisface que la sangre de mi familia se mezcle con la sangre generosa del buen pueblo español en esta hora de redención y de sacrificio, con lo que se demuestra una vez más, que debajo de la gloriosa boina roja no existen principios ni categorías, como no sea para dar ejemplo, cuando se trata de servir a la Patria, como cuando se trata de servir a Dios.»

Su segunda entrada en España fue en noviembre de 1937. Vino con la finalidad de declarar expulsados del carlismo a aquellos carlistas que habían colaborado en la maniobra de la Unificación y protestar personalmente a Franco por este hecho. Primeramente se entrevistó con Serrano Súñer al que amonestó por que en España se usaran los métodos de la Gestapo alemana. Posteriormente se entrevistó con Franco al que dijo que no estaba de acuerdo con la implantación del fascismo en España y que esto era contrario a lo que se había negociado con Sanjurjo. Después de esta entrevista Don Javier visitó algunas lugares del frente del norte y posteriormente se trasladó a Andalucía, una de las regiones españolas que más conocía y que había visitado varias veces acompañando a sus tíos bajo una identidad falsa de ciudadanos colombianos. Estuvo en Jerez y en Sevilla y, por último, en Granada donde se alojó en la casa de un ilustre arjonero, don Fernando Contreras. Estando en Granada recibió la visita de un oficial con la orden de que abandonara España. Don Javier se entrevistó nuevamente con Franco para protestar por la expulsión y le recriminó duramente sus pactos con Alemania e Italia. Franco le reconoció que su expulsión se debía a una exigencia de los nazis.

Al finalizar la guerra, el carlismo a pesar de estar militarmente en el bando de los vencedores se encontró políticamente en el campo de los vencidos.

El carlismo fue expropiado de sus bienes, locales y periódicos, que hasta la fecha aún no han sido restituidos. Esta expropiación no solo afectó a propiedades del partido sino también a propiedades particulares como los diarios El Alcázar de Toledo y La Voz de España de San Sebastián.

En abril de 1939, Don Javier se entrevista con miembros de la Embajada de Inglaterra en París mostrando un deseo de aproximación a Inglaterra que el carlismo conservaría durante la segunda guerra mundial y expuso a los británicos que esperaban y deseaban créditos extranjeros para la reconstrucción de España, poniendo así de manifiesto que hasta en el terreno económico los carlistas no coincidían ni con los falangistas ni con los militares.

LA REGENCIA 

Al morir en septiembre de 1936 don Alfonso Carlos, Don Javier asumió la responsabilidad suprema en el Carlismo como Regente del mismo, ya que consideraba que el futuro Rey de España debía ser proclamado por unas Cortes verdaderamente representativas y libremente elegidas después de haberse dictaminado cual era la persona más digna y de mejor derecho para ostentar la Corona. Previamente se debía alcanzar para el país la paz interior y la reconstrucción de las instituciones que conforman la verdadera Monarquía Española: gobiernos regionales, municipios libres, libre asociación profesional, etc.

El anteponer el derecho de la nación española a su derecho sucesorio de acuerdo con las leyes tradicionales de la Monarquía nos permite forjarnos una idea de algunas de sus cualidades: su humildad y falta de ambición personal, y su respeto a la voluntad popular expresada por cauces políticos auténticamente representativos.

EL PROGRAMA DE LA REGENCIA 

En julio de 1941 Don Javier publica un manifiesto que es difundido clandestinamente en España, en el cual formula el programa carlista de instauración de la Regencia, caracterizada como legitimista, tradicional y nacional, como fórmula política de reconstrucción Nacional:

«No es un programa de partido, sino necesidad de vida para la Nación y verdadera renovación de concepciones, devolver a la sociedad sus derechos naturales; a los interesados en cada profesión, el gobierno de sus actividades, a la vida local, sus recursos; a las regiones sus fueros y régimen propio; así como reorganizar el gobierno con distinción de lo político y administrativo, para hacer posible sin riesgo, la colaboración de todas las capacidades, reuniendo en los Consejos la sabiduría de los más experimentados, y dando entrada al pueblo en el orden político, tal como es y vive, en sus profesiones, clases y actividades, pues sólo así se acabará con las ficciones revolucionarias y se encontrará al país real, llegando a la ansiada compenetración del Estado y la Nación.»

Entre los objetivos que debía realizar la Regencia estarían la preparación y convocatoria de Cortes verdaderamente representativas y la designación del Príncipe de mejor derecho que deba ocupar el Trono.

La Regencia Nacional se presentaba como fórmula de transición pacífica de la dictadura a la Monarquía.

Su preocupación para que una vez comenzada la segunda guerra mundial, España no participara en esta ni a la vez sirviera base de operaciones del nazismo alemán se manifiesta en

a) La prohibición de que los carlistas se alistasen en la división azul. Esta costo a su delegado en España el destierro a la isla de Menorca; 

b) la apertura clandestina de un centro de reclutamiento de requetés para formar unidades que combatieran con los ejércitos de las potencias democráticas. Hay que recordar que su hermano Don Cayetano, el mismo que fue herido en el Cinturón de Hierro de Bilbao, luchó en una unidad del ejército americano. Los miembros de esta oficina clandestina fueron descubiertos y condenados a largas penas de prisión. 

C) Las actividades de espionaje a favor de los aliados y la puesta en marcha de una organización clandestina carlista denominada «Operación Azor» con la intención de organizar una guerra de guerrillas que hostilizase a los ejércitos alemanes en caso de que estos invadiesen España llevando a cabo el proyecto denominado «Plan Félix». 

DON JAVIER REY CARLISTA 

Don Javier en 1952, visto que el plan la Regencia Nacional ya se había agotado, decidió aceptar el mandato reiterado del carlismo y asumió los deberes de titular legítimo de la Corona Española. Previamente ya había jurado los Fueros de Vizcaya y los de Cataluña conforme a las normas sucesorias de la Corona Española. Estos juramentos los hizo extensibles a las demás regiones españolas.

LA RECONSTRUCCIÓN DEL PARTIDO CARLISTA 

En 1955 debido a la crisis que se manifestaba en la dirección del carlismo aceptó la dimisión de su Delegado en España, Don Manuel Conde, y se hizo cargo personalmente de la dirección del mismo a través de un secretariado en España.

Dos años más tarde envía a sus hijos a España, que ya habían visitado a veces clandestinamente, y su primogénito el Príncipe de Asturias Don Carlos Hugo de Borbón se dirige personalmente por primera vez a los carlistas en el histórico Montejurra de 1957.

Los constantes viajes de sus hijos por toda la geografía española y la nueva táctica calculada de no provocar enfrentamientos innecesarios con el régimen, así como la apertura que significaba el abandono por el régimen de la política falangista y la nueva frontera política que podía abrirse con la nueva legislación (Ley de Principios Fundamentales del Movimiento), supuso que se autorizara a los carlistas a que participasen en la vida política a través de los nuevos y escasos cauces representativos que se prometían abrir. Esto supuso una tregua que permitió la reconstrucción de la organización carlista muy diezmada por la represión.

Conseguido este primer objetivo de la reconstrucción orgánica del Partido Carlista mediante organizaciones legales que le sirviesen de tapadera se pasó a una segunda fase de renovación ideológica y programática: es lo que se conoce como evolución ideológica del carlismo.

LA EVOLUCIÓN IDEOLÓGICA 

Como causas de esta evolución hay que señalar:

a) En primer lugar lo que significó para los católicos, e incluso para los agnósticos, el Concilio Vaticano II. Este hecho transcendental volvía a poner a la Iglesia, en cuanto comunidad de fe y de esperanza, en la vanguardia del pensamiento crítico, especialmente en los temas políticos, sociales y económicos. Se volvía a enlazar con la tradición cristiana de liberación «aquí y ahora. Se desterraban viejas fórmulas que si en otro momento histórico tuvieron sentido, ya no servían sino que obstaculizaban para un diálogo sincero y constructivo con todos los hombres de buena voluntad. Como afirma el historiador Henry Kamen : .«.. las enseñanzas del Papa Juan XXIII y las resoluciones del Concilio Vaticano II constituyen toda una revolución, sobre todo porque el reconocimiento de la tolerancia universal no estuvo acompañado por ningún tipo de repudio del dogma»[1].

b) En segundo lugar, la rápida transformación social y económica que experimentó la formación social española a partir de 1957 con los sucesivos planes de estabilización. España, en menos de una década se industrializó, siendo en 1974 la décima potencia industrial del planeta. Este proceso de crecimiento económico, por un lado engendró nuevas contradicciones en el seno del bloque oligárquico que daba sustento al franquismo ya que originó una falta de correspondencia entre las nuevas estructuras y mentalidades surgidas del proceso industrializador y las formas de dominio político y del aparato del estado imperantes. Para una parte de la burguesía española el franquismo comenzó a aparecer como un obstáculo al proceso de crecimiento y a la integración de esta burguesía en el mercado mundial y en el orden imperialista. Por otro lado significó un coste social durísimo que hubo de pagar el conjunto del pueblo trabajador, ingentes masas de personas debieron trasladarse de unas regiones a otras, en unas condiciones tercermundistas y realmente inhumanas, pueblos enteros quedaron desiertos, al trasladarse sus habitantes a aquellas zonas donde surgían las nuevas actividades industriales. Una generación de trabajadores españoles pagó con su sacrificio el costo del desarrollo industrial. Parejo a la industrialización, surgieron las grandes barriadas obreras en las periferias de las ciudades y el comienzo de la marginación y desarraigo social contemporáneo con todo lo que esto conlleva de pérdida de identidad social y nacional. Pero junto a esto, surgió una nueva clase obrera, combatiente, que no sólo se manifestaba en su lucha en la fábrica, sino también en su barrio, que no centraba la lucha exclusivamente en las condiciones de trabajo, sino también en las condiciones de su vida en general: urbanismo, sanidad, enseñanza, cultura, etc. El contraste entre la nueva sociedad de consumo emergente y las duras condiciones de vida de los nuevos trabajadores industriales hizo surgir un joven movimiento obrero que planteó y ganó serias luchas tanto en el orden económico, como social y político.

Estos dos factores, renovación de la Iglesia e industrialización rápida de España, supusieron un cambio radical en la sociedad española y en el Carlismo. Era necesario replantearse la nueva situación y las formas de intervención política eficaces. Esta necesidad de cambio se manifestó tanto en el Pueblo Carlista como en la Dinastía Carlista. Y a través de la renovación del secular pacto histórico entre ambos elementos se sentaron las bases de lo que sería la renovación del carlismo y el entronque con su tradición democrática y social.

c) En tercer lugar, al agotamiento y finalización de la política preconizada por el Carlismo a fines de los cincuenta y principios de los sesenta: la llamada «Política de Intervención Pública», tendente a hacer del carlismo una «oposición dentro del sistema» con la finalidad de promover la democratización del Estado desde dentro de las Instituciones Legales. Aunque este no es el momento de hacer un análisis del tema, por la extensión que supondría el mismo, sin embargo hay que decir, aunque someramente, algo de lo que supuso esta táctica tanto positivo como negativo. Por un lado supuso presencia pública tanto del Partido como de la Dinastía, conocimiento directo por la Dinastía de la realidad social de España y del Carlismo, la comprobación en la praxis de que las promesas aperturistas de la clase política franquista estaban vacías de contenido, el abandono del carlismo de oportunistas que bajo pretexto de esta táctica política habían ocupado puestos en los organismos públicos y que llegado el momento de la verdad optaron por mantenerse al lado del dictador y de su delfín. Aunque parezca extraño, esto supuso para el Partido una clarificación.

Este proceso de renovación y , a la vez, vuelta a los orígenes fue auspiciado y apoyado por Don Javier en todo momento

ACTO DE PUCHHEIM 

Así en enero de 1965, en el castillo de Puchheim (Austria) lugar donde residió y está enterrado Don Alfonso Carlos, Don Javier convocó a la Junta Nacional Carlista y a los dirigentes regionales y provinciales del carlismo , Don Javier en uno de sus discursos expuso los dos ejes sobre los cuales se realizaría la renovación del Carlismo: transformación social y participación política:

«Es misión de todo gobernante del presente modelar, con la participación del pueblo, los perfiles de nuestro tiempo histórico, y muy particularmente alcanzar, con su iniciativa política, que el hecho natural de la igualdad entre los hombres y entre los pueblos se traduzca en una transformación social, dentro de un marco jurídico que la garantice.» 

«Es necesario conseguir la participación de todos, incluyendo, por tanto a los no monárquicos, porque la democracia en la Monarquía Tradicional, más aún que en el votar, está en el participar.» 

Más tarde, en su Declaración de tres de octubre de 1966, reconocía que los partidos políticos también debían de estar presentes en las Cortes preconizadas por el Carlismo:

«Esta diversidad de opiniones, así como los interés de la sociedad, deben estar representados en las Cortes. Los cauces de representación para formar las Cortes, son los que brindan en primer término las entidades infrasobernas y los cuerpos intermedios; como son los de tipo territorial (municipal y regional); y los de tipo profesional, con especial relieve de la representación sindical por la importancia adquirida en estos tiempos.» 

«Además de estos dos cauces de representación, hoy es preciso abrir un tercer cauce a la opinión pública, que no es título de poder, pero si es título de representación, por ser indispensable en toda sociedad sana, para la alta orientación de la política nacional.» 

RELIGIOSIDAD DE DON JAVIER 

De la profunda religiosidad de Don Javier no se puede decir que fuera un aspecto más de su vida y personalidad, sino la cualidad que estaba presente en todos los aspectos de su vida y en todas sus actividades. Es muy difícil separar, incluso en un esquema a modo de análisis, esta faceta de su vida del resto. Su profunda religiosidad estaba presente en todos sus actos y en todos sus escritos. Pero de todas formas vamos a señalar algunos hechos sobre esta cuestión:

INSTRUCCIONES PARA LA MOVILIZACIÓN DEL REQUETÉ, 15 de julio de 1936 

«Tercero. Cuando actuemos separados en unidades nuestra, llevaremos nuestra bandera, nuestros símbolos, vivas, organización y jerarquía.

«Cuarto. En este caso, cuando ya se esté actuando se consagrarán al Sagrado Corazón de Jesús y según sea posible harán aquellos actos de piedad o de práctica de sacramentos que se pueda.»

DON JAVIER RENUEVA LA CONSAGRACIÓN DE ESPAÑA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS octubre de 1966 

Mensaje de Don Javier leído por don Ignacio Romero Osborne, Marqués de Marchelina, Presidente de la Hermandad de Antiguos Combatientes de Requetés, en la concentración carlista en el Cerro de los Ángeles:

«Condúcenos Señor, para que siempre te sirvamos fielmente y acertemos a cumplir con los deberes que nuestra condición política nos impone.»

«Hoy te renuevo la Consagración de España que a tu sagrado corazón hizo el Rey Alfonso Carlos en 1873, cuando mandaba el Ejército de Cataluña, y reiteró en 1932 al entronizar tu corazón en el escudo de España.»

ACTO DE FÁTIMA diciembre de 1967 

Convocatoria

«A todos los carlistas:

«Quiero que para el Día de la Purísima, se organiza una peregrinación ante la Virgen de Fátima.»

«Me lo pidieron tanto Magdalena como mis queridos hijos, y muy especialmente Irene.»

«Pediremos a la Virgen que nos ayude a que nuestro esfuerzo de constitución política sirva a nuestra Patria para su progreso, para la paz interna de los españoles, para el bien y la paz del mundo.»

«Pediremos a Dios y a la Virgen que, además del ofrecimiento individual de nuestro trabajo de cada día, acepte el ofrecimiento de la labor comunitaria del carlismo para que tenga éxito humano y valor ante sus ojos.»

«Por eso, y por primera vez en mi ya larga vida política, doy cita a los carlistas para que con toda la Familia Real se unan en una grande oración en común ante Nuestra Señora»

Javier»

Puchheim, 1 de noviembre de 1967»

Esta concentración carlista en Fátima tuvo lugar los días 8 y 9 de diciembre de 1967 y, a pesar de los actos políticos celebrados, tuvo un carácter especialmente religioso de acuerdo con la convocatoria de Don Javier. Las dos oraciones de Don Javier a la Virgen, una en la basílica, desde el presbiterio , y la otra, el ofrecimiento en la capilla de las Apariciones, son una muestra de la sincera religiosidad de Don Javier. El ofrecimiento finalizó con estas palabras:

«Sentimos la necesidad de orar como grupo político. No es corriente que un grupo político venga a orar. Pero no venimos a pedir, Señora, nada para nosotros, para nuestro egoísmo individual ni colectivo.»

«Venimos a orar para que nuestro trabajo de cada día sea un servicio de cada día a la construcción de estas novísimas estructuras políticas que necesita el mundo moderno.»

«Para que nuestro país acepte estar en vanguardia, para que sirva a la justicia y a la paz social.»

«Para que sea grande en sus obras sociales o políticas, que pueden y deben ser instrumentos del Amor. Del Amor de los hombres entre sí, del Amor entre los hombres y Dios.»

«Así sea»

CARTA INFORME AL PAPA, septiembre de 1970 

«Esta actitud timorata de los Obispos en general y este servilismo de los últimos treinta años han hecho un mal considerable en la vida religiosa y en la autoridad moral de la jerarquía sobre su clero y sobre su pueblo fiel.»

«La juventud no encuentra en la actitud de nuestros Obispos una respuesta a sus aspiraciones de justicia y libertad.»

«Y es la jerarquía la que debe evolucionar, la que debe dialogar con los hombres de nuestro tiempo. Si no, la distancia entre la Iglesia española y el mundo real no hará más que aumentar.» 

«Insisto sobre el liderazgo moral de la Iglesia, pues en el plano político son los partidos políticos los que deben llevar la responsabilidad de la acción.»

CARTA A L0S CARLISTAS diciembre de 1973 

«Mis queridos carlistas:

«La Paz que ansiamos, la Paz por la que luchamos no es el estado de conformismo, de bienestar y de servidumbre que quieren imponernos aquellos que mantienen la injusticia, la explotación y la opresión en nuestro país y en gran parte de la humanidad.

«El camino de la Paz es un camino áspero e incómodo porque la paz no existirá mientras no se alcance para todos la Libertad; será rebelde y agresivo mientras no se consiga la justicia y el amor y la igualdad entre todos los hombres.

«En este camino está comprometido el carlismo.

«En la nueva singladura que nos abre 1974 el Carlismo debe ser signo de esta esperanza.

«Con la confianza de que Dios bendiga nuestros trabajos y anhelos y nos colme a todos de alegría en estas fiestas, os saluda con todo afecto.

«Vuestro Rey

«Diciembre de 1973

CONCILIO VATICANO II 

El día 28 de octubre de 1965, Don Javier escribe a su Delegado Nacional en España y hace este comentario sobre el Concilio

«Vuelvo de Roma, hace unos días y se ven un mundo que se disuelve y uno nuevo que surge. A mi edad es difícil adaptarse a un rumbo tan distinto, sobre todo en cosas que tocan a lo religioso. Pero creo que el Concilio terminará con un triunfo para el Santo Padre y una gran garantía para el futuro próximo y lejano.»

Pero a pesar de su edad cronológica, su sentimiento de servicio a la Iglesia y a la Cristiandad, se adaptó rápida y fielmente a las normas emanadas del Concilio.

Durante el tiempo que duró el Concilio no utilizó su influencia en el mundo católico para entrometerse e influenciar en las decisiones del mismo.

PERSONALIDAD CATÓLICA 

Cuando finalizó el Concilio en diciembre de 1965, Don Javier asistió a la sesión de Clausura del mismo invitado por Paulo VI, siendo el único príncipe que sin ser Jefe de Estado estuvo en la tribuna especial reservada a los Jefes de Estado o sus representantes. 

Fue nombrado por el Papa para el cargo de Lugarteniente de la Orden del Santo Sepulcro. Allí desarrolló mucha actividad porque detestaba los cargos sólo honoríficos que le parecían inútiles.

Después de la guerra de los seis días y la ocupación de Jerusalén por el ejército israelí, en junio de 1967, junto con el Padre Michel Hayek, fundó un Comité «Paz en Jerusalén» en aplicación de las decisiones de la ONU que había votado su internacionalización en 1949, con la creación de una zona de seguridad alrededor de la Ciudad Santa, siendo su estatuto de «Corpus Separatum» bajo la autoridad de un Consejo de Tutela de la ONU. Tanto Francia como Austria apoyaron esta solución que, por otra parte, correspondía a una constante preocupación histórica de la familia de Don Javier..

El Comité respondía así a los repetidos llamamientos de los Papas, Pío XII y Juan XXIII. Intelectuales franceses tales como J.Beque, Jean Guitton, R. Blachère, André Philippe firmaron la petición del Comité a la presidencia del cual fue nombrado Don Javier. Su hija Doña Cecilia fue encargada de desplazarse a los Estados Unidos y conectar con el Sr. Kisinger para pedirle su apoyo, como Ministro de Asuntos Exteriores. Kisinger prometió su apoyo al Comité.

Desgraciadamente todos estos esfuerzos no tuvieron éxito.

***

Don Javier efectuó otros viajes España, pero siempre fue expulsado por orden de Franco. La última vez fue en la Navidad de 1968, en esta ocasión fueron también expulsados todos sus hijos que residían en España.

En febrero de 1972 concedió plenos poderes a su hijo Don Carlos Hugo para dirigir al carlismo, y en abril de 1975 abdicó en el mismo.

Don Javier, como el resto de los Reyes carlistas, falleció en el destierro el día 7 de mayo de 1997 en la ciudad suiza de Chure a los 87 años de edad.

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