Carlins i Republicans al Pla de l’Estany

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La crisis social del siglo XIX

En el siglo XIX la crisis económica y social golpeó todos los sectores del Pla de l’Estany.

La industria bañolense ya no irradiaba su fuerza al resto de la comarca, la concentración de propiedad era manifiesta, mientras que la natalidad y la mortalidad continuaban siendo elevadas.

Crecía la presencia de propietarios forasteros, la agricultura no especializada y la ganadería se reforzaban. Parecía imparable el proceso de proletarización y la lenta desaparición del artesanado.

En pocos años se había sufrido muchos contratiempos como la Guerra Gran (1792-1795) y después la Guerra de la Independencia (1808-1814).

Los enfrentamientos armados eran constantes -Trienio Liberal (1820-1823) y la rebelión de los Malcontents (1827)- entre los partidarios del antiguo orden (absolutistas) y los favorables (liberales) al nuevo régimen capitalista.

¿Dos concepciones del mundo enfrentadas?

En estos momentos de fuerte crisis, los habitantes del Pla de l’Estany optaron por el carlismo o por el republicanismo.

Eran dos opciones que no eran tan incompatibles como puede parecer a simple vista, ya que existía una cierta conexión entre sus bases sociales.

En la Guerra dels Matiners (1846-1849) no importaba en que bando se luchaba. En Banyoles, en el Sexenio Democrático (1868-1874), se votaron mútuamente.

Los dos, más tarde, formaron la coalición Solidaritat Catalana (1906-1909).

El descontento de los payeses, artesanos y asalariados se expresó en dos opciones políticas opuestas que luchaban, las dos, contra la realidad existente.

Los cambios provocaron inseguridad y falta de confianza en un futuro que se estaba construyendo y que, cada nuevo paso, golpeaba más a las capas populares.

La I Guerra Carlista (1833-1840)

La división de España entre los partidarios de Isabel II y los del infante Carlos María Isidro de Borbón provocó una sangrante guerra civil después de la muerte del rey Fernando VII.

No se trataba solamente de un enfrentamiento armado a causa de los derechos de sucesión dinástica entre los miembros de la familia real. Fue la lucha de los liberales (defensores del cambio social y económico) contra los carlistas (partidarios de mantener las tradiciones y contrarios al capitalismo).

La comarca no vivirá en plena guerra hasta la expedición del jefe carlista Juan A. Guergué, entre agosto y noviembre de 1835.

Entonces, unos 3.000 carlistas recorrieron la comarca y muchos de sus pueblos dieron refugio a los carlistas.

El carlismo tuvo una gran incidencia, sobretodo en los pueblos de alrededor de Banyoles. En estas zonas rurales había artesanos y payeses empobrecidos, como por ejemplo en Camós, Porqueres y Crespià.

Las estirpes familiares

La influencia de los propietarios rurales (personas principales de cada pueblo) fue clave a la hora de movilizar y adoctrinar a los campesinos.

En el Pla de l’Estany, en el siglo XIX, la mayoría de propietarios eran carlistas.

Lo eran Faras de Fontcoberta, Porcioles de Crespià, Mariscot de Camós, Frigola de Mata, o Fort de Sant Esteve de Guialbes.

En el campo republicano hemos de citar el caso de la familia de Ameller: políticos, diputados y militares liberales.

Cabe recordar a Carles de Ameller Ferrer (1764-1850), Joan Baptista de Ameller Ferrer (1782-1850), Antoni de Ameller Cabrera (1804-1873), Narcís de Ameller Cabrera (1810-1877), Victorià de Ameller Vilademunt (1818-1884), Josep Toribi de Ameller Hisern (1842-1873), y Lluís de Ameller Baquedano (1869-1958).

La Guerra dels Matiners (1846-1849)

El final de la Primera Guerra Carlista no comportó el final de la violencia armada.

En septiembre de 1846 comenzó la Segunda Guerra Carlista o dels Matiners que, por primera vez, alió a los carlistas con los republicanos.

Las causas fueron la fuerte crisis económica (eran años seguidos de malas cosechas) y la implantación del sistema de quintas.

Durante la Segunda Guerra Carlista confraternizaron en Banyoles el jefe carlista Marcel.lí Gomfaus, alias Marsal, y el republicano Victorià de Ameller.

Fueron “matiners” gente de Banyoles, Porqueres, Camós, Fontcoberta, Sant Miquel de Campmajor, Esponellà, Crespià, o Serinyà.

Entre los alzados en armas bañolenses predominaban los tejedores, jornaleros, papeleros, artesanos y alpargateros.

Podían alzarse indistintamente tanto con los carlistas como con los republicanos.

La III Guerra Carlista (1872-1876)

En septiembre de 1868 comenzó el Sexenio Democrático (1868-1874). Se instauró un régimen liberal que no convenció ni a los republicanos ni a los carlistas.

Los republicanos consiguieron (en febrero de 1873) la proclamación de la Primera República. La Tercera Guerra Carlista se inició en abril de 1872 con el alzamiento de los carlistas. Terminó cuando Alfons XII fue proclamado rey de España.

Poco antes, en enero de 1872, el gobernador substituyó a los regidores carlistas de los ayuntamientos de Esponellà y Mieres.

Banyoles fue ocupada por los carlistas en el mes de noviembre de 1873 y no fue recuperada definitivamente por las tropas gubernamentales hasta el mes de abril de 1875.

Los republicanos tenían su fuerza electoral en Banyoles, algunos votos en Vilademuls y una sección del partido en Sant Andreu del Terri. Los carlistas estaban fuertes en Banyoles y dominaban en los otros pueblos de la comarca.

La difícil adaptación (1875-1936)

El proceso de adaptación al régimen de la Restauración (1874-1931) resultó difícil para ambos sectores, tanto para los carlistas como para los republicanos. Los dos fueron echados de bruces a la marginalidad.

Sin embargo, el republicanismo concentró sus fuerzas en Banyoles, mientras que el carlismo mantenía el soporte de destacados propietarios rurales en la mayoría de los pueblos de la comarca.

Durante la Segunda República (entre 1931-1936) los republicanos federales se aliaron con Acció Catalana (1931). Después participaron en la fundación de Esquerra Republicana.

Los carlistas se integraron en la Coalició Catòlica (1932) y mantuvieron su fuerza en la comarca, sobretodo en Mieres y Sant Miquel de Campmajor.

En las elecciones de febrero de 1936, la bipolarización situó a los republicanos en el Front d’Esquerres y a los carlistas en el Front Català d’Ordre. El 18 de juliol de 1936, los carlistas se pusieron al lado de los sublevados.

La lucha cívica: las asociaciones

La lucha política se mantenía sobretodo a partir de las asociaciones y no tanto de unos partidos políticos claramente definidos.

En el caso de los carlistas, los encontramos sobre todo en la Juventud Católica (1883-1899) y, más tarde, en el Cercle dels Catòlics.

Este nació en el año 1899 con la voluntad de reunir a todas las familias conservadoras. A pesar de todo, éstos mantuvieron una estructura diferenciada bajo diferentes nombres.

Los republicanos se reunían en el Ateneo Bañolense, aunque, durante un breve período, un sector de tendencia lerrouxista, lo hacía en el Centro Republicano (1906-1913).

Estas asociaciones culturales y políticas mantenían con frecuencia biblioteca, casino, coro, teatro, escuelas y sociedades de socorros mutuos.

Dedicaban sus esfuerzos a organizar veladas literarias, musicales o benéficas. Las actividades teatrales servían para propagar sus ideales políticos y sus concepciones morales.

El peso de la tradición

En el transcurrir de su historia, los carlistas y los republicanos forjaron sus mitos y celebraciones.

Estos mitos servían para reforzar su sentimiento de grupo y les hacía sentir herederos de una tradición histórica propia.

En el caso de los carlistas, citaremos la fiesta de los mártires de la tradición, dónde homenajeaban a todos los caídos en defensa de la causa carlista y de sus ideales.

Igualmente, celebraban solemnes funerales en memoria de sus jefes principales.

Por contra, los republicanos tenían en la figura de Josep Toribi de Ameller Hisern (1842-1873) el referente mitificado más próximo.

Este personaje, comandante de armas de la villa, murió en defensa de Banyoles durante la Tercera Guerra Carlista.

En Besalú, en 1933, aún se recordó en un acto cívico la ejecución por los carlistas de 30 voluntarios de la Compañía de Tortellà.

La prensa como arma política

La prensa se convirtió en un medio privilegiado para la lucha política, mediante publicaciones propias o utilizando los periódicos de Girona o Barcelona.

En el caso de los republicanos, el primer periódico fue El Bañolense (1886-1890), después El Pueblo (1896) y El Republicano (1904). El último fue Renovació (1933-1934).

A su vez, los carlistas hecharon mano de los periódicos de su partido en Girona (El Baluarte y El Norte). Solamente localizamos una publicación carlista en Banyoles: Tradició y Progrés, del 1909.

La prensa permitía mantener la lucha cotidiana y difundir la propia ideología.

Por una parte, los carlistas sostenían un catolicismo extremo y la trilogia Dios, Patria y Rey.

Por la otra, los republicanos defendían la idea de la tolerancia moral y religiosa, la confianza en el progreso, la democracia plena y la República.

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