Montejurra 76 (2004)

Gara

22/05/2004

Floren Aoiz

Lo recuerdo como si fuera ayer. No había cumplido 10 años, pero siempre quedó en mi recuerdo que en la misma fecha en que nacía mi primer sobrino Montejurra se había convertido en un infierno. No hizo falta que lo conociera por los medios de comunicación. Hubo allí gente cercana cuyos relatos pude escuchar. Y es que ni los críos podíamos ser ajenos a aquella conmoción.

Ahora está de moda decir que la violencia política es inútil, confundiendo soñar un mundo sin violencia política y vivir en el mundo de los sueños. La violencia de Montejurra en «aquella fría mañana con niebla y llovizna», como la recuerda el dirigente carlista Pérez Nievas, fue muy útil, aunque sólo para quienes la cometieron o estaban parapetados detrás de los asesinos, que no es lo mismo pero es igual. El carlismo no cuadraba con el modelo de reforma que se estaba pactando a espaldas del pueblo. La reforma no fue sólo conchabeo y pactos, fue también puro terror para quien no se sometía. Los franquistas estaban en 1976 en plena reconversión de la mano de algunos antiguos rupturistas y necesitaban hacer comprender a la sociedad que habría la reforma que ellos querían o no habría nada. La letra con sangre entra, y la letra del guión reformista iba a adornarse con mucha, mucha sangre.

El carlismo quedó herido de muerte en aquella mañana triste. La violencia tuvo efecto, vaya que si lo tuvo. Pero el enemigo a batir no se limitaba al carlismo. Había que atemorizar al movimiento popular, sembrar el pánico, inquietar al pueblo y agarrar las voluntades de la burguesía. De ahí el BVE, los guerrilleros de Cristo Rey. No paraban: de día uniformados de noche incontrolados. Es imposible olvidar los luctuosos Sanfermines de 1978, y muchos más muertos en actuaciones policiales o parapoliciales. No se podía permitir que los vascos estropearan la reforma. Navarra, en especial, la vieja provincia laureada por su julio de 1936, se había convertido en territorio comanche, y debía ser sometida a toda costa.

Los muertos de Montejurra deberían pesar en muchas conciencias. Y no hablemos de hacer justicia: estamos en la monarquía diseñada por el dictador. ¿Brindarán en su honor en la boda? A fin de cuentas, de bien nacidos es ser agradecidos. ¿Cómo era la frase, atado y bien atado? Pues eso.

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