Dijo Goñi: “El Carlismo se cree en el deber de empuñar el timón”

Fuente: El Pensamiento Navarro, 7 de Mayo 1968, páginas 9 – 10.

Discurso de Auxilio Goñi.

¡Madre España! Yo soy Auxilio Goñi, un carlista, un navarro que te habla desde el pie de Montejurra. También soy un procurador representante en las Cortes, de navarros que están aquí y también de otros navarros que no están aquí, y a los cuales con los brazos abiertos siempre les esperamos. Voy a hablarte porque así me lo han demandado, y lo voy a hacer violentándome mucho, porque siendo mucho honor obliga a mucho hablarte desde Montejurra. Tampoco quería en su día ser procurador navarro porque, honor y todo, también obliga a mucho. Pero metidos en danza, procurador fui, y metidos en danza, ya te estoy hablando.

Y estoy seguro de que me vas a entender y me van a entender oídos que no están aquí y debieran estar. Oídos que no suelen querer oír, y es necesario que oigan, que no suelen querer saber nada y que tarde o temprano habrán de enterarse. Mi mensaje, Madre España, va dirigido a ti y a esos oídos que tú necesitas que se abran. Y pronto vas a darte cuenta de que las cosas que voy a decir y que son una parte de las que el Carlismo tiene que decir, deben ser dichas, ahora, y aquí, al pie de Montejurra, al pie de nuestro Fujiyama, para que tengan toda la significación y resonancia nacional que sólo este ambiente y circunstancia les pueden prestar.

Y vamos allá.

Vayan por delante dos hechos y cinco pinceladas. Y también una memoria, llamarle si queréis historia. Y también la lógica.

Hecho primero.– Hubo una vez un 18 de julio y en él hubo un Alzamiento Nacional. Casi un año después fue creado un Movimiento Nacional. Es decir, una organización. Treinta años más tarde, ahora, esta organización ha perdido sensibilidad política, reflejos, ilusión.

Hecho segundo.– Hubo, hay y habrá un Carlismo. Unas veces ha tenido jerarquía y estructura organizada, y otras, menos. Pero siempre ha sido una masa de gente con una misma fe, un mismo sentimiento, una misma ilusión. Siempre ha sido la parte de la España secular que quedaba en reserva de cada España-experimento. La parte que en el Movimiento-organización, por encima y por debajo, a su derecha y a su izquierda, por dentro y por fuera, ha estado 30 años haciendo meditación espiritual, y ahora, con 30 años de meditación, más fuerte y más ilusionado que nunca, se hace presente a ti, Madre España, y te dice: ¡Aquí está tu gran reserva nacional!

Y cinco pinceladas.

Primera.– Una revista de Madrid publicó unas declaraciones del señor Serrano Suñer. En ellas dice que él fue el autor del Decreto de Unificación, y que su redacción fue un error. Y quiero recordar que en tal Decreto, la Falange y el Carlismo entraban en bloque, de paso que los demás, por ejemplo, cedistas y monárquicos, entraban individualmente. Esto era la letra; la música, de Serrano, ya era otra cosa. Y luego la cantaremos.

Segunda.– La misma revista hace poco preguntaba. ¿Están o no están los carlistas con el Movimiento? Y si están, ¿en qué forma?

Tercera.– El diario “Pueblo”, no hace muchos días, hacía la pregunta: ¿Se ha evaporado la Falange? Alguien en otro periódico contestaba: La Falange está en estado gaseoso.

Cuarta.– Uno de los párrafos del discurso del señor Vicepresidente del Gobierno en las Cortes comenzaba así: “Nuestro sistema institucional, ya completo…”

Quinta.– Un señor abogado de Madrid, plantea ante el Tribunal de Orden Público el tema de la ilegalidad del Carlismo. El Tribunal niega tal ilegalidad.

Veamos el cuadro que dan tales hechos y pinceladas.

¡Señor Serrano Suñer!

Usted afirma que la redacción del Decreto de Unificación fue un error. Así será si usted lo dice. Ya que usted fue su autor. Pero la manera de llevarlo a efecto, fue peor que un error. Y de eso usted no nos habla. Fue un maquiavelismo de vía estrecha que produjo a la nación y al Movimiento un tremendo daño. Creó un instrumento de poder. Y una clase dirigente que ha ido rotando cargos y personas, y personas y cargos. Y creó para cada tema o asunto una verdad oficial, intangible, y sin ninguna flexibilidad para coincidir en cada tema y momento con la verdad real. Así construido el Movimiento, rígido, autoritario, no ha tenido nunca posibilidad de evolución y adaptación. Por eso ha perdido objetividad, reflejos, sensibilidad política y, sobre todo, ilusión. Y entonces, llega la pregunta del Diario “Pueblo”: ¿Se ha evaporado la Falange? Respuesta: No, no se ha evaporado la Falange. La verdad real, que es tabú no revelar, es muy sencilla. La Falange murió hace 30 años; la mató Serrano Suñer. Y tomó sus símbolos, sus flechas, sus camisas, sus himnos, su léxico, y hasta la figura de José Antonio, para hacer con todo ello algo cuando menos diferente de lo que yo creo que José Antonio hubiera hecho. Y digo murió, y me refiero a la Falange como bloque, como unidad coherente, porque algunos falangistas entraron a unificarse, mientras que otros se fueron a sus casas dolidos y maltrechos. Pero los primeros, dígase lo que se quiera, entraron a unificarse tan individualmente como cedistas y monárquicos. Sin unidad coherente. Y ésta fue la música de Serrano.

¿Y cómo sonó esta música para el Carlismo?

Pues, también se pretendió la destrucción de su coherencia, y el aprovechamiento de sus individuos. Pero el Carlismo era mucho más fuerte, porque tenía muy vieja solera. Incluido en el Movimiento-organización, se resistió a la destrucción de su coherencia. Con lo cual el Sr. Serrano Suñer, y luego sus sucesores, emplearon todo el enorme poder del Estado para su atomización. Utilizó simultáneamente halago y persecución. Fomentó disidencias. Creó problemas dinásticos, donde ya había dejado de haberlos. ¿Cuántas veces hubimos de preguntarnos si éramos de los vencedores o de los vencidos? Nuestra coherencia fue muchas veces mermada, pero nunca destruida. Y así, el Carlismo, siempre presente y a la vez lejano, siempre impávido, aguantó, y ahora, con treinta años de meditación, más fuerte que nunca, con su idealismo, doctrina, ilusión acrecidos, se hace presente y ¡aquí está!

En esta hora nona en que la claudicación asoma por tantos agujeros. En esta hora en que gentes varias quisieran que el mundo olvide su participación en el Alzamiento, nosotros la proclamamos. Deseamos la paz, la paz con todos, la paz de todos, y ¡la tendremos!, pero seguiremos proclamando con orgullo nuestras gestas y las de nuestros antepasados. Todos saben que los Carlistas seremos amigos leales, porque todos saben que a la hora de ser enemigos de alguien, siempre fuimos adversarios leales.

Y éste es el cuadro.

¡Uno! Una Falange que fue juvenil con José Antonio, y que hace treinta años murió o pasó al estado gaseoso.

¡Dos! Un Movimiento que nació burocrático y poderoso. Vivió rígido y autoritario. Se estancó. Y ahora, no le vemos capaz de evolución.

¡Tres! Un Carlismo juvenil con Carlos V. Juvenil con Carlos VII. Juvenil con D. Jaime. Juvenil con Alfonso Carlos y Javier, el 18 de Julio. Y más juvenil que nunca ¡ahora! En 1968.

Todo el mundo sabe que sin nosotros no hubiera habido Alzamiento Nacional ni, por tanto, Movimiento. Y todo el mundo va a saber que sin nosotros ¡ahora! el Movimiento no tiene sentido.

¡Sr. Movimiento! Tan cierto como que el Sol sale, que el Carlismo tiene la gente, la fuerza, la doctrina y la ilusión. ¡Sr. Movimiento! Es de aplastante lógica, que ahora desde aquí, desde el pie de Montejurra, el Carlismo diga: ¡Sres., sus manos ya no son aptas para el manejo de la rueda! ¡Háganse a un lado, que el Carlismo se cree en el deber de empuñar el timón! Porque sólo el Carlismo es capaz de llevar a España a buen puerto con NOSOTROS, VOSOTROS y ELLOS dentro.

Pero he aquí la cuarta pincelada. Y ¡Vive Dios! que ésta sí que mira derechamente al futuro. A ese futuro al que tanto miedo tienen millones de españoles de poca fe.

El Sr. Vicepresidente del Gobierno, en las Cortes, comenzaba un párrafo así: “Nuestro sistema institucional, ya completo…” Lo escuché atónito.

¿Es decir, que el Gobierno considera ya completo el sistema institucional? ¿Y es decir, que el Movimiento da por buena esa afirmación? Pues entonces, que Dios nos coja confesados. Porque ahora yo sé con total certeza, que todo lo hecho hasta ahora, se lo llevará el vendaval un día. Y comenzando ese día que todos tienen en mente.

Porque lo que tal vez pueda decirse es, que está completa la periferia de la institucionalización. Pero el corazón, el meollo, falta. Faltan dos instituciones, dos estructuras, o como quieran llamárseles, y que por darles un nombre corto, les voy a llamar Leyes. Faltan dos Leyes superfundamentales, faltan justamente esas dos leyes, que si se promulgan con acierto, este régimen o cualquier régimen se estabiliza por siglos. Y que si no se hacen, o falta el acierto, este régimen o cualquier régimen, carecerían de futuro. Faltan esas dos Leyes, capaces de asegurar la paz, aún sin represiones. Y que por el contrario, su falta, niega la paz, aún con represión. Ésas dos estructuras o Leyes, son: ¡La Ley Sindical! Y ¡La Ley Regional!

Y ésta va a ser la primera tarea del Carlismo en el timón.

Y quiero puntualizar, a pesar de que no debiera de hacer falta. Esto que digo no puede ser tomado ¡ni por el forro! como intento de cambiar ninguna institución, estructura ni Ley fundamental. Por el contario ¡quede bien claro! que es reafirmar la institucionalidad dotándola de un corazón vivo, que ahora no tiene. Esto es, hacer ¡viva! una parte de la institucionalización que ahora está, si no muerta, por lo menos hibernada. Porque ¡Madre España! es Ley fundamental que tú eres una monarquía tradicional, social y representativa. ¿Y me quieres decir cómo puedes ser tradicional sin la Ley Regional? ¿Cómo puedes ser social sin una Ley Sindical como la que luego voy a decirte? ¿Cómo puedes ser representativa eludiendo dar su puesto a este pueblo aquí presente?

Si en un próximo futuro, no se completa la institucionalización, ¿quién la habrá burlado o intentado cambiar? No nosotros, ciertamente.

Fíjate bien ¡Madre España! que tal y conforme van las cosas, de la Ley Regional no se quiere ni oír. Y que en la Ley Sindical, es de temer que no haya acierto.

Que ¿por qué lo temo? Se acepta la pregunta, y respondo.

El Movimiento tuvo por años, en paz, la Universidad en su mano. Tenía el S.E.U y el S.E.U. se murió. ¿Y quién pretende recoger su herencia? Mira la Universidad de Madrid, y contéstame.

El Movimiento tiene en su mano todos los otros sindicatos.

Están necesitados, casi desde su nacimiento, de una profunda evolución, ya que ni ahora ni nunca han sentido en sus entrañas la bendición y la vida de un calor popular masivo. Queda muy poco tiempo para una acertada solución. ¿Y quién tratará de recoger su herencia? Ya lo sabes ¿verdad? Sí, yo también. Los mismos que pretenden la herencia del S.E.U.

¿Que por qué es así la cosa? Pues escucha:

La actual organización sindical está construida sobre la idea de José Antonio de hacer innecesaria la lucha de clases. Él concibió un Sindicato único, reunión de masa empresarial y masa laboral. Pero él no estaba físicamente presente en su construcción. Y los que la hicieron consiguieron suprimir la lucha de clases en la cabecera de la organización. Pero no vieron ni ven, o no pudieron ni pueden suprimirla a nivel de empresa, dentro de cada empresa, en la base. Esto es un hecho que no vale ignorar. Y por eso la masa laboral exige, un poco confusamente ahora, pero luego lo hará muy explícitamente, una de dos cosas:

O que se le deje defenderse en esa lucha de clases existente dentro de cada empresa, es decir, sindicatos laborales, o que se haga efectivamente innecesaria tal lucha también en la base, a nivel de empresa, es decir, el desarrollo íntegro de la idea primitiva de la organización sindical. Pero para esto último es condición, sine qua non, lo que el Movimiento en 30 años no ha tenido el acierto de hacer. Algo de lo que hay hambre. Algo que ahora es más difícil, con tantas grandes empresas en manos de extranjeros. Y es la previa y nueva definición. Una definición mucho más concreta y elaborada que la del XI de los principios del Movimiento Nacional, o la declaración VIII del Fuero del Trabajo. Una definición integral y muy circunstanciada. Supuesta todavía posible, una tal definición llevada hasta el último rincón de la legislación. ¡Venga entonces la Ley Sindical, y venga la paz por esa esquina! Esto es lo que no ha hecho el Movimiento. Esto es lo que yo creo que hubiera hecho José Antonio. Y esto es lo que el Carlismo hará. En una palabra, eso que llaman justicia social que casi todo el mundo nombra, a gritos, y que casi nadie entiende, y que no es otra cosa que ¡reparto equitativo de riqueza! ¡Reparto equitativo de la cultura! ¡Reparto equitativo del poder socio-económico! ¡Reparto equitativo del poder político!

Y con la Ley sindical así concebida, y con la Ley Regional ¡dramáticamente necesaria!, con estas dos leyes o estructuras ¡pilares de la Paz! ¿Estará o no estará la institucionalización completa? ¿Es, o no es necesario, que el Carlismo empuñe el timón?

Y ahora ¡Madre España! yo te pregunto: ¿Cómo nos ves? ¿Nos ves fuertes? ¿Nos ves capaces? ¿Nos ves juveniles? ¡Pues díselo a todos tus hijos! Diles que somos tu gran reserva. Que somos la autenticidad de tu pueblo, como en 1833, como en 1873, como en 1936. Diles que somos tu corazón popular, con muy pocos aristócratas, con menos aún millonarios, con una corte campera, y no palaciega, y con muchísimo pueblo, pobre, sano, idealista y juvenil. Pueblo que echará mano de todas las capacidades, estén donde estén, para hacer todas esas cosas. ¿Puede creer el Sr. Abogado de Madrid que este pueblo puede ser nunca ilegal? Y me despido de ti, adiós ¡Madre España!, contigo como siempre.

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