Un análisis de Xavier Casals Meseguer

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El ámbito carlista reflejó igualmente una crisis profunda, pero asimétrica al del falangista. Si en este último su ala disidente «izquierdista» fue minoritaria, en el carlismo sucedió lo contrario: el movimiento carlista oficial —integrado de modo contradictorio en el régimen— viró hacia postulados izquierdistas y las organizaciones disidentes minoritarias se adscribieron a un carlismo inte­grista.

Así, bajo el impacto de una renovación generacional, del Concilio Vaticano Segundo (1962-1965) y de la industrialización de Navarra, se produjo un giro ideológico profundo del carlismo, al asumir la familia real carlista «una relec­tura en clave populista, no intransigente y antiautoritaria, de la herencia y el ideario carlistas» (22). En este marco, en 1966 el príncipe Carlos Hugo de Bor­bón Parma (1930), hijo del príncipe regente Don Javier de Borbón Parma (1889-1977), se mostró favorable a una «monarquía democrática y socialista, con profundas reformas de las estructuras sociales y [el] establecimiento de relaciones con la Unión Soviética» (23). Consecuente con tales premisas, el Partido Carlista [PC, denominación que substituyó a la tradicional de Comu­nión] empezó a alinearse con la oposición al régimen.

Este posicionamiento comportó un proceso de fragmentación del carlis­mo, aunque ya se había iniciado en los años cuarenta con la irrupción del movimiento «carlo-octavista», que reunió a los seguidores del archiduque Carlos de Habsburgo-Lorena y Borbón (1909-1953), «Carlos VIII» en el nu­meral carlista (24). El proceso de rupturas internas del carlismo continuó a fines de los años cincuenta, cuando en 1958 se constituyó la llamada Regencia Nacional y Carlista de Estella [RENACE], abanderada por el integrista Mau­ricio de Sivatte (1902-1980) tras su ruptura con Don Javier de Borbón Parma en 1957 (25). Posteriormente, entre 1962 y 1963 se constituyeron unas llama­das Juntas de Defensa del Carlismo (que tomaban tal nombre inspirándose en la Guerra de la Independencia), ideológicamente afines a la RENACE. Las lideró Joaquín García de la Concha y en ellas influyó el ideario tradicionalista de Francisco Elías de Tejada (1917-1978) (26). Se dibujó así un activo carlis­mo integrista en torno a un núcleo de activistas veteranos, algunos de los cuales reactivaron la Comunión Tradicionalista en 1975 en abierta oposición al Partido Carlista (27).

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