Breve antología de Carlos VII

Yo me debo a mi mismo y a tantos como se han sacrificado por nuestra familia y conservan en sus corazones el principio de la legitimidad, el mantener intactos mis derechos. El partido carlista exige, con justa razón, saber quien es hoy su jefe; y si V., renunciando a sus derechos, no quiere serlo, lo soy yo desde aquel momento.

Carta del príncipe Carlos a su padre Juan III (Septiembre de 1866)

Si Dios y las circunstancias me colocan en el Trono de las Españas, me esforzaré en conciliar lealmente las instituciones útiles de nuestra época, con las indispensables de lo pasado, reservándome la grande y difícil tarea de dotar a mi querida Patria, juntamente con las Cortes Generales, libremente elegidas, de una ley fundamental que, según espero, será a la vez española y definitiva.

Comunicación de Carlos VII a los Soberanos de Europa (22 de octubre de 1868)

La España antigua necesitaba de grandes reformas; en la España moderna ha habido grandes trastornos. Mucho se ha destruido, poco se ha reformado. Murieron antiguas instituciones, algunas de las cuales no pueden renacer; se ha intentando crear otras nuevas, que ayer vieron la luz y se están ya muriendo. Con haberse hecho tanto, está por hacer casi todo. Hay que acometer una obra inmensa: una inmensa reconstrucción social y política, levantando en este país desolado, sobre bases cuya bondad acreditan los siglos, un edificio grandioso en que puedan tener cabida todos los intereses legítimos y todas las opiniones razonables (…) Ama el pueblo español la descentralización y siempre la amó; y bien sabes, mi querido Alfonso, que si cumpliera mi deseo, así como el espíritu revolucionario pretende igualar las Provincias Vascas a las restantes de España, todas éstas semejarían o se igualarían en su régimen interior con aquellas afortunadas y nobles provincias. Yo quiero que el Municipio tenga vida propia, y que la tenga la Provincia (…) Reputo por error muy funesto la libertad de comercio, que Francia repugna y rechazan los Estados Unidos. Entiendo, por el contrario, que debe protegerse eficazmente la industria nacional. Progresar protegiendo debe ser nuestra fórmula (…) Por cuanto paréceme comprender lo que hay de verdad y de mentira en estas teorías, se me alcanza también en qué puntos lleva razón la parte del pueblo, que hoy parece más extraviada; pero es seguro que casi todo lo que hay en sus aspiraciones de razonable y legítimo no es invención de ayer, sino doctrinas de antiguo conocidas, aunque no siempre, y singularmente en el tiempo actual, observadas.

Carta-Manifiesto a su hermano D. Alfonso (30 junio de 1869)

Intrépidos catalanes, aragoneses y valencianos: Hace un siglo y medio que mi ilustre abuelo Felipe V creyó deber borrar vuestros fueros del libro de las franquicias de la Patria. Lo que él os quitó como Rey, yo como Rey os lo devuelvo, porque si fuisteis hostiles al fundador de mi dinastía, sois ahora el baluarte de su legítimo descendiente. Yo os restituyo vuestros fueros, porque yo soy el campeón de todas las justicias. Para cumplir mi promesa, como los años no transcurren en vano, yo os convocaré y, de común acuerdo, podremos adaptarlos a las exigencias de nuestra época. Y España sabrá, una vez más, que sobre mi pabellón en donde está inscrito este lema: Dios, Patria y Rey, están inscritas también todas las libertades legítimas.

Manifiesto a los Pueblos de la Corona de Aragón (16 de julio de 1872)

España es católica y monárquica, y Yo satisfaré sus sentimientos religiosos y su amor a la integridad de la Monarquía legítima. Pero ni la unidad católica supone un espionaje religioso, ni la integridad monárquica tiene nada que ver con el despotismo.

Manifiesto de Morentín (16 de julio de 1874)

Hoy que el Gobierno de Madrid ha realizado su obra de destrucción, Yo, Rey y Señor de estas nobles provincias, debo recordar que recibí juramento solemne, que me han proclamado y que bajo el Árbol sagrado de Guernica, como en las Juntas de Villafranca, juré guardar sus Fueros, buenos usos y costumbres (…) Alzo mi voz, y uniéndola a la del pueblo vasco oprimido, y a la de todos los hombres de bien de España, protesto contra un decreto inocuo, contra un nuevo atentado de la Revolución a instituciones venerables, consagradas por la ley y por los siglos.

Carta al Teniente General Marqués de Valde-Espina (Mayo de 1877)

Creía faltar a mi deber si no uniese mi voz a la voz de la universal indignación, y a ti, valeroso y fidelísimo sostén de las gloriosas tradiciones catalanas, te ruego que seas el intérprete de mis sentimientos cerca de nuestros amigos de esas provincias. La primera vez que hablé solemnemente a la faz del mundo, fijos los ojos en la laboriosa Cataluña, cuidé de declarar que mis ideales políticos se reducían, por lo que atañe a la industria, de progresar protegiendo. Y mi instinto español, más todavía que mi experiencia, me indujo a proclamarme entonces enemigo del librecambio, que los Estados Unidos rechazan y que Francia, a la sazón, no admitía.

Carta a Luis María de Llauder (17 de mayo de 1882)

Mi querido Cerralbo: A nadie mejor que a ti puedo designar para que me representes en la inauguración del monumento a Zumalacárregui (…) Sobre la tumba del invicto Capitán eúskaro deposita una corona en mi nombre y di a los hijos de aquella raza varonil, cuyas virtudes personificaba el gran caudillo, que en la figura de su inmortal compatriota, saludo dos ideales que aprendí a reverenciar desde la infancia: el soldado español y el libre ciudadano vasco.

Carta al Marqués de Cerralbo (10 de diciembre de 1886)

Imbuidos por el espíritu revolucionario, a pesar de sus protestas de falsa intransigencia, a mis afectuosas advertencias públicas y privadas han respondido con las más odiosas invenciones contra mí y contra mis servidores de más probada confianza. Ora han supuesto que yo me erigía en juez de la doctrina religiosa, ora que invertía los lemas de nuestra Bandera sacrosanta, ora que buscaba acomodamientos con la Revolución. Ha llegado, en suma, su aberración inconcebible hasta calificar de liberales mis Manifiestos.

Manifiesto del Loredan (10 de julio de 1888)

Apruebo el programa que me sometes y confío que el nuevo periódico ha de estar a la altura de su misión: defender la Religión, la Patria y la Monarquía, pero sin suplantarlas; servirlas, pero no sustituirse a ellas. Un periódico ha de ser ante todo un periódico, no un púlpito. De esta usurpación del magisterio doctrinal o de la dirección política es de lo que más encarecidamente te encargo apartarte. Ni la Prensa tiene misión religiosa propiamente docente ni facultades directivas. El olvido de esta verdad elemental ha sido causa de hondas perturbaciones religiosas y políticas, cuyas huellas debe borrar “El Correo Español” con una conducta diametralmente opuesta.

Carta a Luis María de Llauder (20 de septiembre de 1888)

Sean cuales fueren las circunstancias que la Providencia nos depare, mantendré en mis manos, inmaculada y enhiesta, hasta el último suspiro de mi vida, esa enseña que tuve al lado mío en todos los combates, y que mi venerado abuelo Carlos V llevaba también consigo en la guerra en que les acompañaron vuestros padres y algunos de vosotros.

Mensaje a los veteranos catalanes (9 de noviembre de 1890)

¡Cuántas veces, encerrado en mi despacho, en las largas horas de mi largo destierro, fijos los ojos en el estandarte de Carlos V, rodeado de otras cincuenta banderas, tintas en sangre nobilísima, que representan el heroísmo de un gran pueblo, evoco la memoria de los que han caído como buenos combatientes por Dios, la Patria y el Rey! (…) Nosotros, continuadores de su obra y herederos de las aspiraciones de todos ellos, tenemos el deber ineludible de honrar su memoria. Con este objeto propóngome que se instituya una fiesta nacional en honor de los mártires que, desde el principio del siglo XIX, han perecido a la sombra de la bandera de Dios, Patria y Rey en los campos de batalla y en el destierro, en los calabozos y en los hospitales, y designo para celebrarla el 10 de marzo de cada año, día en que se conmemora el aniversario de la muerte de mi Abuelo Carlos V.

Carta al Marqués de Cerralbo (5 de noviembre de 1895)

Las tradiciones veneradas, que constituyen la Patria, porque son la expresión de la vida nacional organizada por los siglos, se resumen en estas tres grandiosas afirmaciones: la Unidad Católica, que es la tradición en el orden religioso y social; la Monarquía, tradición fundamental en el orden político; y la libertad fuerista y regional, que es la tradición democrática de nuestro pueblo.

Acta de Loredan (Enero de 1897)

Recomienda, pues, a los nuestros que, sin pompas dispendiosas ni gastos superfluos, antes bien con la antigua y característica austeridad española, conmemoren ese día, reuniéndose sobre todo al pie de los altares y en los cementerios donde reposan las cenizas de nuestros mártires, y que no son mansiones de muerte, sino recintos de vida y foco de legítimas esperanzas.

Carta a Matías Barrio y Mier (21 de febrero de 1899)

Cuando Dios me llame a juicio quiero tener la conciencia de haber cumplido los deberes que mi nacimiento me impone, abrazado al Estandarte Real de la Generalísima, que representa el inmaculado honor de la antigua España.

Carta a Manuel Polo y Peyrolón (2 de mayo de 1900)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s