El acoso a la ‘legitimidad proscrita’ (2011)

retornolealtad-640x4801Cuarto Poder

08/05/2011

Enrique Orduña Prada

Tras la liberación de don Javier de Borbón-Parma del campo de exterminio de Dachau, los carlistas convocaron en Pamplona y Valencia en diciembre de 1945 sendos homenajes con el fin de oficiar una misa en acción de gracias porque el príncipe regente había sobrevivido al holocausto nazi. Más de un centenar de detenidos, varios heridos por arma de fuego, destierros, imposición de multas y la clausura definitiva del Círculo Carlista de Pamplona fue el resultado de esas concentraciones en las que se vitoreó a don Javier y se profirieron mueras a Franco. ¿Qué había sucedido seis años después de concluir la guerra civil para que un sector del bando vencedor de la contienda se enfrentase a las fuerzas de orden público, al ejército y al mismísimo general Franco?

El carlismo es un movimiento político excesivamente complejo, cuyos postulados basales se formulan en el siglo XIX en torno a ejes conocidos: la figura del Rey y el pleito dinástico, encarnados en el concepto de Monarquía Tradicional; un enraizado, profundo y, en ocasiones, exacerbado catolicismo, verdadera idea fuerza del movimiento; y, por último, la firme defensa de los fueros, primero como antítesis de la uniformidad centralista instaurada por el constitucionalismo liberal y más adelante identificada en una cierta idea de autonomía regional. No es extraño que, como tema recurrente a lo largo de casi dos siglos de existencia, haya propiciado tanto por sus apologetas como por sus detractores una extensa literatura. A este acerbo historiográfico se ha sumado en fecha reciente un nuevo libro, Retorno a la lealtad. El desafío carlista al franquismo, elaborado por Manuel Martorell Pérez, cofundador y articulista de cuartopoder.es, galardonado con el XI Premio Hernando de Larramendi en su edición de 2010.

El presupuesto de partida, que articula el hilo argumental a lo largo de toda la investigación, consiste, según se nos advierte ya en la Introducción, en la constatación de un cierto reduccionismo en la opinión pública que ha identificado como sinónimos e integrantes de una misma realidad político-institucional al carlismo y a Falange. Aseveración que compartimos y que, a nuestro modo de ver, encuentra su justificación tanto en la intensa labor propagandística de la historiografía oficial de la dictadura franquista, como en el peaje que tuvieron que abonar figuras provenientes del carlismo que, en contra de las directrices oficiales de los lideres carlistas, colaboraron con los sucesivos gobiernos franquistas (Esteban Bilbao). Partiendo de esta premisa, Martorell desgrana en los diferentes capítulos un rosario de desencuentros entre el carlismo y lo que podríamos denominar la España oficial, representada por Falange, el ejército y el gobierno del general Franco, en el espacio temporal que abarca desde el decreto de unificación de abril de 1937 hasta 1945. Con extrema minuciosidad y en una ágil prosa, se narran una multiplicidad de episodios de conspiraciones, persecuciones, destierros, detenciones, etc., ejecutados por el gobierno y el aparato burocrático de Franco contra los militantes carlistas y, de manera singular, sus dos figuras más representativas en aquel momento: don Javier de Borbón-Parma y Manuel Fal Conde.

Desde las perspectivas ideológica, política y filosófica el carlismo compartía pocos elementos en común con otras fuerzas políticas que apoyaron el golpe militar de julio de 1936 y, de modo particular, con Falange. Nada más alejado del espíritu e ideario carlista que los veintiséis puntos programáticos del partido fundado por José Antonio Primo de Rivera y el filonazismo de gran parte de la jerarquía administrativa y militar en la inmediata posguerra. Por el contrario, el carlismo representa quizás la imagen de la minoría por excelencia, en el sentido empleado por Hannah Arendt de ser una minoría en todas partes y una mayoría en ningún lugar.

La insistente petición de que se instaurase la monarquía en España en la figura del príncipe regente, la tenaz defensa de los fueros por don Javier de Borbón-Parma, que en sus intermitentes estancias en España juró los de Guernica, del Reino de Valencia, etc., una cierta propensión de los líderes carlistas y sus simpatizantes hacía el bando aliado en la Segunda Guerra Mundial o la colaboración prestada a los judíos que huían de la Shoah, ponen de relieve la distancia que mediaba entre el carlismo y la España oficial.

Además de las inquietudes intelectuales personales de cada cual, la lectura de este libro resulta altamente recomendable para conocer, a través de los testimonios y fuentes orales y escritas manejadas, un ejemplo concreto de dominación política y de eliminación de cualquier atisbo de oposición al autoritarismo franquista. En algunos pasajes concretos la lectura del texto sorprenderá a los no iniciados en la historia más reciente del carlismo, despejando no pocos tópicos y lugares comunes profundamente arraigados en el imaginario colectivo tanto de izquierdas como de derechas. Y es que Martorell disecciona con habilidad de cirujano la operación de acoso al carlismo iniciada en abril de 1937 y culminada en la inmediata posguerra, bajo la dirección de Franco. Ahora bien, la particular idiosincrasia del carlismo y de su base social permitió aguantar estos embates y posibilitó su reaparición con intensidad a partir de 1957, aunque esto forma parte de otra historia.

(*) Enrique Orduña Prada es Profesor Asociado de Derecho Administrativo en la Universidad Autónoma de Madrid.

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