La ‘Operación Salmón’ de los tecnócratas abrió a Juan Carlos las puertas del Trono (2014)

2014Momento en que Juan Carlos, bajo la efigie de Felipe V, anuncia su abdicación. Borja (Efe)Cuarto Poder

04/06/2014

Manuel Martorell

Entre los ríos de tinta –tal vez sería mejor hablar de mares de tinta- que están corriendo sobre la abdicación de Juan Carlos, no resulta fácil encontrar referencias a los entresijos que, a fin de cuentas, determinaron a comienzos de los 60 la decisión de Franco para que le sucediera al frente de la Jefatura del Estado.

Mucho menos se habla del papel que jugaron en esta tesitura las principales figuras del Gobierno tecnócrata, vinculado al Opus Dei; de forma especial, Laureano López Rodó, estrecho colaborador entonces del almirante Carrero Blanco en la Secretaría Técnica de la Presidencia.

Ellos fueron, en definitiva, quienes idearon lo que después se denominó la Operación Salmón, llamada así porque recordaba la paciencia que se necesita para que la apreciada presa pique el anzuelo; la misma paciencia necesaria para que Franco “picara” y se decidiera a restaurar la monarquía liberal en la persona del príncipe Juan Carlos, desechando otros nombres y, sobre todo, otras fórmulas políticas más inapropiadas para mantener el régimen franquista.

La Operación Salmón transcurrió, aproximadamente, entre finales de los 50 y el año 1964, y con ella no solamente se buscaba sustituir al dictador en la Jefatura del Estado tras su muerte sino también la forma de neutralizar definitivamente a la Falange. Se trataba de que toda la estructura del Estado descansara en el desarrollo económico, los tecnócratas y los profesionales, al margen de ideologías concretas y expresamente del Movimiento Nacional. Ese proyecto debía tener una cabeza visible que tampoco causara problemas políticos y el mejor candidato era el hijo de Don Juan.

Esta es la razón por la que ambos dirigentes pusieron el mismo empeño, con la inapreciable ayuda del ministro de Gobernación, Camilo Alonso Vega, y del de Justicia, Antonio Iturmendi Bañales, en combatir a la única figura que podía hacer sombra a Juan Carlos: Carlos Hugo de Borbón-Parma, líder de los carlistas y abanderado de un proyecto para instaurar una monarquía basada en los antiguos fueros regionales.

En esos años, el carlismo aún conservaba un gran apoyo popular. Aparte del propio régimen, de la Iglesia y algunos eventos deportivos, solamente ellos eran capaces de concentrar a 100.000 personas en un acto público, como hacían todos los años en la localidad navarra de Estella.

Como solía reiterar la revista Montejurra, órgano oficioso del carlismo, la solución a lo que denominaban eufemísticamente “el problema de España” era instaurar una monarquía tradicional y representativa que recuperara el sistema foral existente antes de la Guerra de Sucesión a comienzos del siglo XVIII.

2014Cuadro de Felipe V boca abajo en el Museo de Xátiva (Valencia). Wikipedia

Durante esos primeros años 60, ambos candidatos –Carlos Hugo y Juan Carlos- “hicieron campaña” por buena parte de la Península, quedando patente que Carlos Hugo contaba con un respaldo popular del que Juan Carlos carecía. Además, los tradicionalistas esgrimían estar mucho más legitimados que la “rama liberal” debido al precio en sangre que habían tenido que pagar en la Guerra Civil y a tener un proyecto político más elaborado, como acababa de recordar en un artículo publicado en la revista Bohemia, de La Habana, el histórico dirigente socialista Indalecio Prieto.

Precisamente el intento por parte del López Rodó de que no se difundiera ese artículo dio a Ramón Massó Tarruella, principal promotor de la candidatura de Carlos Hugo, la primera señal de que la dirección del Opus Dei apostaba claramente por Juan Carlos como futuro rey de España. Ramón Massó, que describe su experiencia política en el libro autobiográfico Otro rey para España, también pertenecía entonces al Opus Dei, dándose la circunstancia de que López Rodó era uno de sus directores espirituales. Ese fue el inicio de un alejamiento que terminó en la ruptura con la Obra fundada por monseñor Escrivá de Balaguer.

Años después, en 1992 y a través de una carta personal, Ramón Massó responsabilizó expresamente a López Rodó de haber restablecido mediante la figura de Juan Carlos un sistema monárquico que no iba a resolver los problemas de España, cerrando, al mismo tiempo, el paso a otro modelo político basado en los derechos históricos de las regiones que Felipe V suprimió al ganar la Guerra de Sucesión.

Resulta significativo que aquella amarga derrota sufrida por catalanes, valencianos y aragoneses todavía sea recordada en Cataluña por la Diada del 11 de Septiembre y en el Museo de Xátiva (Valencia) con un retrato de Felipe V exhibido cabeza abajo, cuando bajo esa misma efigie el rey Juan Carlos anunció a todos los españoles su abdicación.

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