La Comunidad Foral de Navarra recupera su histórica relación con Euskal Herria (2015)

Uno de los cuatro leones del mausoleo de Estella que sujetan los escudos de Guipúzcoa, Vizcaya, Álava y Navarra. M. MCuarto Poder

25/06/2015

Manuel Martorell

PAMPLONA.– Los sorprendentes resultados electorales en Navarra y el correspondiente traspaso del poder regional y local a formaciones nacionalistas –respectivamente Geroa Bai y EH Bildu- han vuelto a poner en primer plano la relación de Navarra con el País Vasco y la tergiversación que se ha hecho durante las últimas décadas de cualquier idea en este sentido.

El más claro y significativo ejemplo de esta distorsión es el propio concepto de  “Euskal Herría”, en tanto que lema integrador de todos los territorios vascos –incluida Navarra-, que, pese a su carácter histórico, en los últimos años ha sido vinculado a la izquierda abertzale, hasta convertirse en su marca electoral: EH Bildu significa “Euskal Herria Juntos”.

Debido a esta asociación, este término ha llegado a ser criminalizado por ir contra los intereses de Navarra, cuando, históricamente, se ha utilizado sin problemas en el Viejo Reino, bien en su versión “zazpiak bat” (siete en uno) bien simbolizando a las cuatro provincias vasco-españolas, incluso de forma pública durante duros periodos del franquismo sin que ello implicara medidas represivas por parte del régimen.

Tal distorsión ha provocado que el anterior Gobierno navarro denunciara a la Diputación de Guipúzcoa por colocar señalizaciones de tráfico informativas con una Euskal Herría que incluye el escudo de Navarra, provocando que, de forma cautelar, el Tribunal Superior de la Comunidad Autónoma Vasca obligara a tapar esas señales. Igualmente y para evitar la contaminación con la izquierda abertzale, la Asamblea de Podemos celebrada en Pamplona poco antes de las elecciones también decidió retirar de su programa una expresa mención a este concepto.

La realidad es que este concepto ha sido utilizado histórica y preferentemente por el carlismo, un movimiento de amplia e indiscutible base social en Navarra al menos hasta los años de la Transición y para el que, aun conservando el mismo significado integrador, no implicaba las actuales connotaciones nacionalistas.

Son muchos y significativos ejemplos sobre la utilización en Navarra de esta acepción del término Euskal Herria, comenzando por la oferta al PNV por parte de procuradores a Cortes carlistas al comenzar la Transición para encontrar un acuerdo político en este sentido. También es conocido que, cuando carlistas y nacionalistas coincidían en la romería anual de San Miguel de Aralar, los primeros gritaban “¡Gora Euskal Herría!” en respuesta a los “¡Gora Euskadi!” de los segundos.

No menos significativas son las explícitas referencias a Euskal Herria y a la relación del País Vasco con Navarra que aparecen en la prensa diaria –sobre todo en el Diario Vasco y El Pensamiento Navarro– entre los años 1945 y 1949 al informar de las actividades del Muthiko Alaiak (Muchachos Alegres), la entidad más antigua de Pamplona dedicada a la defensa de la cultura vasca y que, según los informes de la policía, servía de tapadera legal a los “javieristas”, el sector mayoritario del carlismo que, pese a haber combatido en el llamado “bando nacional” durante la Guerra Civil, se opuso desde el principio al régimen de Franco.Escudos del Club de Tenis de Pamplona (1940) antes de que al de Navarra se le quitara la laureada y la corona. Cedida

Igualmente unido a esta concepción vasco-navarra son los escudos de los siete “herrialdes” pintados el año 1940 por J. S. Aguirre en el Trinquete del Club de Tenis, entonces probablemente la agrupación deportivo-recreativa más selecta de Pamplona. En la cabecera de este pequeño frontón todavía se pueden ver esos siete escudos -Baja Navarra, Lapurdi, Zuberoa, Guipúzcoa, Vizcaya y Álava-, presididos por el de las cadenas de Navarra, que ha sido retocado quitándole la laureada y  la corona para adaptarlo a la normativa actual.

Ambos movimientos políticos –nacionalistas y carlistas- llegaron a formar coaliciones electorales a favor de la denominada “reintegración foral plena” y, siguiendo este espíritu, defendieron juntos en 1931 el Estatuto de Estella, que unía políticamente las cuatro provincias y que en Navarra, precisamente por el apoyo carlista, tuvo el respaldo del 80 por ciento de los ayuntamientos.

Lo mismo se podría decir del movimiento popular contra la denominada “Gamazada”, de la que surgió la Estatua de los Fueros erigida en el paseo Sarasate de Pamplona el año 1903, hoy icono de la foralidad, o de los escudos de Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra que adornan el Café Iruña, el más famoso y antiguo de Pamplona, abierto a finales del siglo XIX en la céntrica plaza del Castillo. También de esa época es el mausoleo dedicado a los generales carlistas en el cementerio de Estella. Cuatro leones defienden, uno en cada esquina, los escudos de las cuatro provincias.Cartel de ANV del año 2008 con las figuras del general Zumalakarregi y Jon Idígoras. Manuel Martorell

Pero fue en 1837 cuando el concepto Euskal Herria es usado por primera con una clara intencionalidad política al componerse la primera versión en euskera del himno Oriamendi para conmemorar la victoria homónima de los carlistas sobre la Legión Británica que combatía con los liberales. Dos veces se cita el término en este corto texto de doce líneas.

En aquella primera guerra civil del siglo XIX, resulta indudable que el propio ejército del general Zumalacárregui, su ámbito geográfico de acción y las proclamas que dirigía a sus seguidores respondían a esa asociación vasco-navarra, y precisamente por eso esta mítica figura ha llegado a ser utilizada, incluso electoralmente en el 2008, como precedente del independentismo, tal y como se pudo ver en los carteles suscritos por ANV –marca electoral ese año de la ya ilegalizada Herri Batasuna-, en los que se ve “mano a mano” al general carlista con Jon Idígoras.

Pero eso no quiere decir que quienes ven y han visto siempre con normalidad, a través del concepto Euskal Herria, una histórica relación entre Navarra y el conjunto del País Vasco, como ahora ha quedado reflejado con los resultados electorales, sean necesariamente partidarios de la independencia, o atenten contra los intereses de Navarra, como lamentablemente se ha intentado presentar ante el resto de la sociedad española.

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